viernes, 2 de marzo de 2007

Que no esté nublado...




Poco se puede añadir a la imagen, salvo los datos concretos del eclipse de mañana. Podéis encontrar más información en TheSuperspace.com y en 20 minutos, que harán un seguimiento... por si se nubla.

Que lo disfrutemos...


martes, 27 de febrero de 2007

Nadar


Brazos extendidos, manos enlazadas, cabeza apoyada en el pecho. Los pies dan un impulso en la pared de la piscina, el cuerpo se ondula, primero la cabeza, luego toda la espalda, acaban los pies dando una única batida... Estoy volando, floto, soy superwoman, soy Flipper, floto, no peso, avanzo, vuelo, vuelo...

Uno, dos, tres. Sacar el brazo, estirar, recobrar. Sacar, estirar, recobrar. Sacar, estirar, recobrar. Respirar. Avanzo. Sigo sin pesar, sigo avanzando, sigo flotando, sigo volando... Seis batidas de pie por cada dos brazadas. El brazo sale del agua, primero el codo, estirar delante de la cara, pero antes de estirarlo completamente hay que meterlo en el agua, la mano plana y el brazo tras ella, y estirar, estirar como si quisiera hacerle cosquillas al agua. Recobrar dibujando una S bajo el pecho - soy superwoman. La pierna debe moverse desde la cadera, hay que aprovechar el latigazo de la rodilla primero y después el latigazo del tobillo...


Uno, dos, tres.
Sacar, estirar, recobrar.
Sacar, estirar, recobrar.
Sacar, estirar, recobrar.
Respirar. Avanzar.

Una hora, dos horas... dentro del agua hay paz. No peso, floto, avanzo, floto, avanzo, no peso, floto, floto, vuelo... estoy volando, volando, vuelo...

lunes, 26 de febrero de 2007

Miliciana Roja


No es que se lea rápido, es que engancha. Y, sobre todo, está bien escrita. Me gusta el ritmo, me gusta como se va sucediendo la trama, me gusta como se describe a los personajes y me gusta como se presentan los escenarios.

Y no, lo del "hay que hacer una peli" no es peyorativo. Es que engancha. Ya lo he dicho, pero es que perdí el autobús por no dejar de leer lo dos últimos capítulos. No me cagué de miedo, pero perdí el pastelero 12 porque no quería dejar la novela en plena vorágine de rayos, truenos, tornados, ratas XXXL, maléficos que caminan para atrás y beneméritos acogotados.

Hubo un momento en que recordé una sensación que se me quedó enredada, hace años. Encontré una edición preciosa del libro de San Cipriano, con tapas duras como de terciopelo, letras doradas en tapa y lomo, papel biblia e impreso de hojas de lis en el canto de las hojas. Me lo compré con el cachondeo subsiguiente sobre meigallos varios a ensayar con mis profesores, entre misas negras, conjuros e invocaciones varias... Con lo que no contaba era con mi madre. Nunca la vi como aquel día. A la que vio el libro, empezó a gritarme "¡Loca! ¡Qué has comprado! No quiero eso en mi casa, vivo sola y no quiero tener en casa más gente que la gente viva...". No le hice mucho caso y le dije que no se pusiera histérica. Pero al día siguiente me desperté con 40 de fiebre y no sé qué fue, si la fiebre o qué, pero empecé a temer a aquel libro y no quise tenerlo más en casa. Le pedí a Antonio que se lo llevara.

Ha habido momentos en que sentí una aprensión como esa. No voy a contar cuáles. Que lo lean.

Y, que quieres, también ha habido momentos en que encontraba en algunos personajes rasgos de otros personajes que te habías ido montando en el soc.culture.spain o en el voxpo. Y, como quieras que no, hacía tiempo que no sabía de ellos, ha sido un gustazo.

Tienes ideas, sabes escribir, ¡cómete el mundo!. Amortiza los puñeteros cursillos. Quiero otra. Pero no pierdas "tu" toque, que lo echaría de menos. Es lo que tiene el xenón.

Y gracias por la dedicatoria.




Por si alguien no lo ha pillado: que se pase por aquí o por aquí y que apueste al 21.

sábado, 24 de febrero de 2007

... había color



Las cinco de la mañana no parece la mejor hora para pensar, independientemente de lo que hayas bebido.

Afortunadamente, los pies se sabían el camino de vuelta: de ese último garito a las Torres de Serrano. Luego, cruzar el puente y subir por la calle Sagunto.

Parecía mentira que esa ciudad fuera la misma que la de las cinco de la tarde. El silencio reinaba y ellos con él; pocas veces encontraban algún coche, y ya no digamos otros peatones. La calle era de ellos.

Y hacían lo que les apetecía. A veces encontraban cosas curiosas en los contenedores y se las llevaban a casa. Como la noche que encontraron una lámpara y subieron la calle jugando, uno con la pantalla en la cabeza y el otro con el pie como lanza en ristre.

Pero las más de las veces subían la calle revoloteando de farola en farola, como mariposas nocturnas atraídas por unos focos que ejercían su atracción: les llamaban como prometiéndoles que bajo su luz los besos serían más dulces. El deseo podía aparecer en cualquier esquina y, según el día, podía tranquilizarse o crecer. Y daba igual, era igual de hermoso pasar la noche amándose como durmiendo, confiados en que al día siguiente todo seguiría igual.



Las cinco de la mañana no parece la mejor hora para pensar, independientemente de lo que hayas dormido.

De mala gana, se levantó para iniciar esa rutina que trataba de invocar al sueño: cogió el libro y se fue hacia la sala. Allí se encogió en una esquina del sofá y comenzó a leer.

Al menos en la sala, a esas horas, el silencio reinaba y le dejaba soñar despierta y disfrutar de una paz que durante el día era casi imposible. Mejor que dar vueltas en la cama, oyendo unos ronquidos que no eran suyos.

La luz tembló un poco. Le echó una mirada atenta a la lámpara; acababan de cambiarle la pantalla y un par de cables. Bien pensado, era casi un milagro que aún funcionara, que alguna vez hubiera funcionado.

El sueño no acudía y fue hacia el ordenador. Evidentemente, no había nadie conocido conectado; tampoco había ningún mensaje nuevo en el mail. Pensó en escribir algo en el blog, pero no tenía ninguna buena idea ni nada interesante que contar, más allá de ese mal rollo que iba arrastrando y que iba y venía por días. Comenzó a navegar por sus páginas favoritas, las que era imposible leer de prisa y en diagonal, y exigían su atención. Necesitaba encontrar alguna historia que la arropara y que le hiciera olvidar que al día siguiente todo seguiría igual.

miércoles, 21 de febrero de 2007

Al escondite...




...noventa y ocho, noventa y nueve y cien.
¡Cú, cú! ¡Voy!
¿Dónde estoy?

Me oyes y no me hablas,
me escuchas y no me dices,
me miras y no me tocas,
me sueñas y te despiertas,
salgo corriendo y no me paras.

Seguramente yo tengo la culpa
de que tú me hayas hecho culpable.

lunes, 19 de febrero de 2007

Liebre de Marzo




- Bueno, pero realmente es mentira, en el libro no se menciona para nada el no cumpleaños...
- ¿Cómo que no? ¿No la lía el Sombrerero con lo del no cumpleaños?
- En la película, en la película... pero parece que Disney tuvo más eco que Carroll... en el libro el tiempo estaba enfadado con el Sombrerero, porque creía que le había querido matar y, por eso, se había parado en las seis de la tarde y siempre estaban tomando el té...


¿Lo ves? Ya sabía yo que un no aniversario no tenía sentido, salvo que fuera lo de hoy...

sábado, 17 de febrero de 2007

Jugando a la adivinancia...


Ya sé que el título ha quedado rarito. Cuando estudiaba, una compañera de piso me enseñó un solitario; insistía en que este solitario le servía de oráculo, como si dispusiera de los servicios de la bruja lola para ella sola: si estaba pendiente de que saliera una nota de una asignatura, si dudaba sobre si recibiría una visita inesperada... cualquier cosa sobre la que estuviera indecisa, la consultaba al solitario. Si conseguía resolverlo, es que era que sí.

Supongo que el título queda ahora menos rarito. Ahora, reíos un rato. Porque a veces creo que yo también estoy jugando a eso. Tengo un juego en el ordenador, un rompecabezas parecido al mahgjong, que aún no he conseguido resolver. Lo llevo intentando desde hace meses. Y la tontería es que estoy convencida de que algo pasará cuando consiga resolverlo. En Navidad estuve a punto, pero quedaron 4 piezas, las dos visibles tapando a sus respectivas compañeras y sin poder hacer las correspondientes parejas. Lo vi casi como un presagio del apocalipsis. Y sigo jugando, esperando esa señal que va a ... ¿a qué?

Supongo que uno intenta por todos los medios delegar su responsabilidad, más cuando tiene miedo del resultado. Y el jueguecillo me sirve de coartada.

Creo que voy a echar otra partidita. ¿Quién sabe? Igual lo resuelvo y no me queda más remedio que reaccionar.

viernes, 16 de febrero de 2007

Cambios

Esto no suelo hacerlo, pero el vídeo lo merece. Es de Daniel Martínez Lara (¿os acordáis de la campaña de la ONCE de los duendecillos? :-) y me lo he encontrado gracias a Llámame Lola. Visitad esa web diariamente, merece la pena...



miércoles, 14 de febrero de 2007

Os quiero contar una historia de amor


Vamos a marcarnos un tópico y contar una historia de amor, que es San Valentín, diantres.

A la protagonista os la presento ahora mismo. La conocí en la piscina: llevo unos siete años yendo a nadar. Normalmente en un grupo de la UJI con monitor, pero también yo a mi aire. Y, a base de coincidir por casualidad, me hice amiga de una mujer, francesa de nacimiento pero que lleva ya mucho tiempo por aquí. Todo empezó con los típicos saludos, bromas - es muy aficionada a las bebidas isotónicas y, dependiendo del color, siempre le cae la tontería de y hoy ¿te dopas con coñac o con whisky? - y charlas de vestuario. No me preguntéis su nombre porque no lo sé. Qué curioso. Mira que hemos hablado y hablado y nunca nos hemos preguntado cómo nos llamamos.

El caso es que este año la vi en Noviembre y al verla caí en la cuenta de que hacía mucho tiempo que no la veía. Nos pusimos a hablar. La habían operado de cáncer de mama y le habían extirpado un pecho.

Hoy la vuelto a ver y hemos charlado un rato majísimo.

Os he avisado al principio: de que os iba a contar una historia de amor y de que iba a ser un tópico. Y de eso se trata. Porque quiero a esa mujer y estoy enamorada de cómo ha vivido su enfermedad, de cómo lo ha afrontado, de cómo ha pasado miedo; estoy enamorada de cada uno de los sustos que me ha contado, de cómo razona sobre lo que le ha pasado, de las cosas que no me ha contado pero que lleva en los ojos, del coraje de explicar lo que siente y lo que ha vivido. Me he enamorado de la profesionalidad del oncólogo que la ha tratado y la sigue tratando, de los médicos y demás profesionales que pelean para que cáncer sea el nombre de una enfermedad más y no el de una maldición; me he enamorado hasta de pensar que puedo disfrutar de un sistema de atención sanitaria que tiene muchos, muchos fallos, pero que también obra milagros, y me he prometido que lucharé para que no se lo carguen, ni por activa ni por pasiva.

Y, qué coño, también me he enamorado de mí misma, de mi vida, de mi trocito de mundo, de mis amigos y de mi bendita mala suerte que me ha permitido encontrar tantas cosas por las que vivir, por las que pelear, de las que quejarme y de las que disfrutar... mi maldita buena suerte que me ha permitido encontrar compañeros de viaje tan interesantes para un viaje tan apasionante.

martes, 13 de febrero de 2007

Rojo, azul, verde, amarillo: una ratita de laboratorio


Esta tarde me iba a ver una película al Espai d'Art, pero llegué tarde. Bueno, llegué a tiempo pero como la entrada es libre ya se había completado el aforo. Me quedé un rato hablando con el pobre hombre que intentaba calmar a las masas despechadas (vamos, a otras 5 cinco mozas que se habían quedado sin plaza, además de una servidora) y es que, además de no haber sitio, me enteré de que había un error en los trípticos informativos y la película anunciada para hoy, realmente es para dentro de 2 semanas... ¡qué lío, verdad! Pues será por eso que le hice caso cuando me dijo, "Pero pasa a ver la exposición, está muy bien...". Y como soy de natural espontáneo, ni cogí el correspondiente folleto informativo ni... vamos, es que ni pregunté de qué iba...

Me metí por una especie de tunel de plástico, metal y papel y aparecí en medio de ... ¿? A ver, la primera impresión es que me había metido en la habitación de María en pleno despliegue de piezas de un juego de construcción. Rojo, azul, verde, amarillo. Había más colores, muy vivos, pero predominaban estos. Me acerqué a mirar las piezas, pequeñas de algún material como ¿cerámico? ¿plástico? no lo sé, me quedé con la duda porque me da mucho coraje tocar nada en una exposición. Pero muchas piezas, muchas formas... formas geométricas, pero también piezas con perfil de letra, ¿esvásticas? Sí, y muchas más formas. Y todo dispuesto como un mosaico geométrico que estuviera decorando un edificio alrededor del cual me puse a dar vueltas... Hmm vídeo explicativo... pasé, quería seguir mirando.... vídeo making-of, nada, también lo dejé para después... Seguí andando y tuve la impresión de ver una labor de pachtwork enorme realizada con láminas de papel... hasta que me di cuenta de que no era una impresión, que sí había colchas de pachtwork de verdad colgadas de la pared; y vuelta al rojo, al azul, al verde y al amarillo y a las piezas diminutas formando mosaico. Una puertecilla y dos escaleras. Subí una y arriba pude ver un vídeo... los mismo colores pero en tonos pastel, el rojo era casi púrpura. Bajé y eligí la otra escalera.

Y ahí estaba el mogollón. La primera impresión: un montonazo de cabezas de ciervos disecadas, una pared tomada por fotografías de símbolos nazis, de oficiales nazis, de carteles nazis... me puse a andar por un pasillo y a mi derecha más fotos de oficiales nazis, de rubicundas familias ¿alemanas? de los años 30... y a mi izquierda ¿fotos de soldados de la guerra de Irak?. No lo sé, pero me estaba poniendo de los nervios. No era la única. Un par de chicas venían tras de mí e iban diciendo en voz alta más o menos lo que yo iba pensando "¡Qué agobio! ¿Acabará este pasillo?". Pero al acabar la reacción fue "Y esto ¿es la cámara de los horrores?". Más rojo, más azul, más verde, más amarillo, jaulas de ratones en metacrilato, tuberías de colorines, más fotos, carteles en alemán, pero había luz. Había salido de la penumbra. Y empezaba el laberinto. Plástico transparente. No podíamos avanzar de pie. Y el suelo eran trozos de alfombras de niños, de las estampadas con carreteritas y calles. "Y de repente ¿los mundos de Yupi?". En el muro se proyectaba un vídeo en el que ratas de laboratorio circulaban por un laberinto de paredes transparentes.. ¿éramos ratas de laboratorio en un laberinto?. Parada y tres vídeos. Odiaré el chocolate una temporada. De repente, caí en que otra vez rojo, azul, verde y amarillo y ahora muy brillante, en bombillas, en las piezas, en los vídeos que se veían en los muros. Seguí el camino, otra vez el laberinto transparente, pero volvíamos a tener poca luz y el vídeo en el muro era ¿en blanco y negro? Más fotos. Pero ya iba muy rápido, quería irme. Bajé e intenté enterarme viendo los vídeos del making-of de qué iba esa locura que acababa de ver. Lo malo es que eran las ocho y me hicieron ver que tenía que irme. Puede que vuelva.

Os recomendaría que fueráis. Si queréis saber de qué va, pinchad aquí. Pero creo que estaría mejor que la vieráis sin leerlo y sin saber nada sobre el tema. Ahora que lo pienso, no os he dicho ni el título... mejor.

domingo, 11 de febrero de 2007

Versiones


Tengo una lista en iTunes con versiones, que me encuentro por ahí, de canciones que me gustan. Una de ellas es esta versión de "Dancing in the Dark" por Peter Yorn.




Con todos mis respetos para el Boss, hoy me quedo con esta versión. Cuando la canta Bruce Springsteen me parece una canción de triunfadores, alegre, para bailar y acabar haciendo el amor. Cuando la canta Peter Yorn me parece una canción triste, de alguien que pide una oportunidad y no la recibe.

Es un poco como si fuera una metáfora de lo que nos ocurre cuando intentamos hacer algo que se escapa de nuestras posibilidades, nos dejamos llevar sin pensar lo que hacemos y acabamos resultando algo patéticos, cuando querríamos ser brillantes.

Y, sin embargo, hoy la versión me parece más hermosa que la original. Igual es porque ya estoy harta de la gente guapa a la que todo le sale bien y necesito reivindicar el papel que los patéticos jugamos en este mundo. Aunque sólo sea como contrapunto. Aunque sólo sea porque cuando algo, por casualidad o no, nos sale bien, lo paladeamos y lo disfrutamos como ellos nunca sabrán hacerlo...


You sit around getting older
There's a joke here somewhere and it's on me
I'll shake this world off my shoulders
Come on baby the laugh's on me
Stay on the streets of this town
And they'll be carving you up all right
They say you gotta stay hungry
Hey baby I'm just about starving tonight



Fiebre


Os juro que es cierto. En una de estas duermevelas de la fiebre mis pensamientos eran como ventanas, y podía pasar de uno a otro con el ratón (o con manzanita + menor) y para dejar de pensar en algo bastaba con cerrar la correspondiente ventana...



No sé si eso quiere decir que tengo que cambiar de vida, de curro o de sistema operativo...

jueves, 8 de febrero de 2007

Regalo de cumpleaños


Por algún extraño motivo, recordé este episodio esta mañana mientras iba con María al cole.

Calculo que fue cuando estudiaba tercero de carrera. Lo digo porque luego me cansé de ir en tren de Valencia a Madrid. Los horarios combinaban mal con los del expreso a Ferrol y tenía que estar mucho rato paseándome por la capital del reino. Los autobuses son más rollo que los trenes, pero ofrecen más variedad de horarios.

A lo que iba. Las diez y media de la mañana y allí estaba yo en la estación del Norte de Valencia, con mi macuto y poniendo mala cara a la paliza que me esperaba. Tardaría casi veinticuatro horas en llegar a casa de mi madre y no me embargaba el espíritu navideño, precisamente. Hasta las cinco de la tarde el tren no me dejaría en Atocha. Y luego, el expreso no saldría hasta las diez de Principe Pío. Y ya veríamos a qué hora llegaba a Ferrol. Se suponía que el viaje eran doce horas, pero llegaba un momento en que simplemente te conformabas con bajar del tren y dejar de maldecir a RENFE.

La perspectiva no era para animar a nadie y menos a mí, que estaba decidida a permanecer cabreada. Había salido de casa de mi tía con la sensación habitual - "¡Ahí os quedáis..!" - corregida y aumentada: era mi cumpleaños, nadie se había acordado y ni siquiera me había despedido de nadie, porque no había nadie en casa cuando me fui. Vivir en casa de mi tía no estaba resultando una experiencia enriquecedora para ninguno de los dos bandos contendientes.

En resumen: no me habían ni felicitado, estaba cansada del viaje antes de empezarlo y tenía la moral por los suelos. Mi complejo de Calimero empezaba a hacerse muy patente. Así que agarré el macuto y me subí al tren. Quince minutos para que saliera. Acomodé mis trastos como pude en la rejilla, me senté y me puse a mirar por la ventanilla.

No había nada que mirar, la verdad. Con eso de ser una estación término, la de Valencia debe ser una de las más sosas que conozco en cuanto te metes a los andenes. Apenas dos o tres viajeros, contando a los que aún no habían acabado de despedirse de sus amigos y a los que aún no se habían mentalizado para meterse en el correspondiente vagón.

Empezaba a sentirme rabiosa - ¡aún faltaban cinco minutos para arrancar! - cuando los vi llegar, corriendo por el andén, a rescatarme como si fueran el Séptimo de Caballería. Inma y Berto, Berto e Inma, mi pareja preferida aunque ellos se preferían cuando no eran pareja. Bajé al andén sin creerme que estuvieran allí.

"Creíamos que te ibas en autobús, venimos corriendo de la estación de autobuses..." "¡Felicidades! ¡Toma! ¡Para ti!" "¡Venga, un beso...!" "¡¡Buen viaje!!" "Pero sube ¡que se va...!"

Creo que me subieron ellos al tren. Abrí el paquete. "El otoño en Pekín" de Boris Vian. Como si no fuera bastante con aquella sonrisa de oreja a oreja que me habían regalado.

miércoles, 7 de febrero de 2007

Envidiar



Pantallazo de lo visto aquí.

martes, 6 de febrero de 2007

Tampoco sé cómo acabar


No sé muy bien cómo empezar. Pongamos que acabo de tener un flash de mí misma y aún no sé si me gusta lo que he visto. Tampoco sé si voy a saber contarlo y tampoco sé si me va a gustar el resultado.

Ha vuelto la sensación de ser una telespectadora, viendo lo que hacen los demás, viendo cómo viven los demás como si yo no tuviera ya más que vivir; que no es que piense que me voy a morir ni ninguna majadería de esas. Es como si no tuviera ya más cosas que hacer, como si no hubiera ni más metas que alcanzar, ni más ilusiones por las que pelear. Sólo sentarme y dejar que las cosas pasen, a ser posible por delante, como en un desfile, e ir mirándolas.

Lo peor, si pienso de dónde viene esa sensación, es, precisamente, que creo que sé cuál es el origen.

Una de las cosas más maravillosas de mi trabajo es tratar con gente joven. Pero, mientras escribo esto, noto que hoy eso me está haciendo daño. Hablas, comentas, compartes... pero la sensación del "tú vas, yo vuelvo" se está haciendo más fuerte cada día. Y veo pasar a la gente y a sus vidas como si fuera una película. Y cuando digo esto me refiero a que yo soy de las que llora mucho en las películas... ¡qué tontería implicarse así en una historia que no es la tuya, que ni siquiera es de verdad!. Y ahí estoy, teniendo la misma sensación mientras transcurren vidas ajenas, de las que no sé de la misa la mitad, pero en las que me siento implicada, y en unas historias que ni deberían irme ni venirme y que, en cualquier caso, me vienen de tan lejos que podrían ser mentira. Y ahí estoy, mirando la peli. Con un estado de ánimo que transcurre entre la simple contemplación y la sensación de impotencia por no poder hacer nada, pasando, seguramente, por una envidia nada sana al ser consciente de que muchas de esas escenas las he vivido, las he resuelto de forma más menos afortunada (o se me han escapado de las manos) pero que, en cualquier caso, ya no son mis escenas y ya no me toca vivirlas. Sólo mirarlas.

lunes, 5 de febrero de 2007

El Manifestómetro


Los conocí vía Escolar (que hoy les dedica, además, una entrada). Se dedican a medir científicamente cuánta gente acude a las manifestaciones convocadas en Madrid, sean convocadas por quien sea que las convoque.

Un lujo en estos tiempos del "¡.. y tú más!", en el que cada manifestación es la madre de todas las manifestaciones. O una forma de mostrar sentido común, cuando menos. Lo cual, en los tiempos que corren, es realmente un lujo. Así que, con permiso, les ofrezco mi modesto homenaje.



(Sí: es la viñeta de Forges hoy en El País...)

¿Cuánto es un mes?

Muertos en Irak en el mes de Enero (más de 2000):



De Escolar, que lo cuenta mejor.

viernes, 2 de febrero de 2007

Un muro de metacrilato


Empezaba a resultar ridículo. Habíamos quedado para hablar en una cafetería cerca del centro. Nunca había estado allí antes pero me gustó el ambiente, cálido, casi familiar. Aún así, no había conseguido estar cómoda. Sentía algo parecido a llevar puesta una bufanda, pero por dentro de la garganta.

Hacía tiempo que la taza de la infusión estaba vacía y en un vaso largo un par de cubitos de hielo se deshacían en unos restos de tónica. Consiguieron darme envidia: yo intentaba, o por lo menos esperaba, que ocurriera eso entre nosotros. Llevábamos media hora callados, o diciendo tonterías, que es otra forma de estar callado. Comencé a desconectar y a prestar más atención a lo que ocurría en la calle - la ventana estaba a mi derecha - que a lo que no ocurría en la cafetería. No había mucho tráfico y tampoco se veía a mucha gente caminando. Una tarde de domingo tranquila, una tarde de domingo de una pequeña ciudad.

Al fin, aparté la vista de la calle y reuní valor para volver a mirarle a los ojos. Buscaba una frase, tenía que encontrar esa frase, pero no era capaz de expresar lo que quería con pocas palabras. Porque quería ser clara, pero sobre todo, breve.

-"¿Te quiero?"

Lamenté haber sido tan breve. Además, salí de allí sin esperar una contestación.

jueves, 1 de febrero de 2007

Preguntar


Tengo un amigo preguntón. Con todo el cariño, aunque a veces te empieza a hacer preguntas en modo ráfaga y te pilla lenta y comiéndote el tarro y sin saber que responder y poniendo cara de circunstancias mientras intentas esbozar una respuesta que no tienes (y, para colmo de males, intentas que sea medianamente inteligente y/o brillante para poder quedar bien...).

Por si fuera poco, no sólo hace preguntas, también quiere que las haga yo. Su hilo de razonamiento no es malo: pregunta para no acomodarte en la rutina, para divertirte, que no se te ponga el culo gordo y no te conformes con lo que no tienes, no te mueras antes de tiempo y ve a por más. Y ahí entra a jugar el vértigo, el miedo y la confusión.

Es posible que haya pocas cosas tan peligrosas en esta vida como la rutina. Pero es tan apetecible, tan seductora... ¡es tan cómoda!. Dicen que la rutina es importante en la vida de los bebés, que es importante que hagan todo a las mismas horas, que sigan las mismas costumbres... como si los mayores no nos escondiéramos en ella también.

Rutinas que hacen que dos cuerpos se busquen (o no), se encuentren (o no) y se satisfagan (o no). Rutinas que consiguen que hagas las cosas sin pensar, sin protestar y sin imaginar. Rutinas a la hora de proyectar una imagen cara al respetable público y la pereza de no salir de esa rutina, de esa imagen, de ese escenario preconcebido en el que nadie te pide explicaciones... (total, para no entenderlas, ni mostrar interés por otra cosa que no sea el purito cotilleo). Rutinas para no mirarte por dentro y notar que hoy te das un poquito más de asco que ayer pero menos que mañana. Rutinas para no enloquecer buscando una razón para cada cosa que haces, para cada giro que podrías dar o no. Rutinas para no ser un bicho raro, para que no te miren con conmiseración y, sobre todo, que a nadie se le ocurra interesarse por lo que haces, por cómo lo haces o por qué lo haces (que luego toca dar explicaciones y es algo muuuuuy cansado). Rutinas, en fin, para que no haya preguntas, para que no te hagan preguntas, para no hacer preguntas...

Y, claro, si preguntas igual te responden. Y si te hacen preguntas, igual respondes. Y cuando no te gustan las respuestas, hay pocas excusas.

La rutina como chubasquero. Y, aún así, cuando llueve con ganas...

martes, 30 de enero de 2007

Fragilidad. O no.


El otro día, al echar mano al frasco de colonia, se me cayó en el lavabo. Ni me lo creía al ver que seguía intacto. Me eché la colonia como si nada y me fui a la habitación. Desde allí oí a María, que había entrado en el cuarto de baño: "¡Halaaaaa! ¡Mamá, el lavabo está roto!". Efectivamente, como consecuencia del golpe el lavabo estaba completamente rajado de parte a parte. Hubo que cambiarlo.

Ni lo había pensado. Ves un frasco de cristal, ves un lavabo y, ante el choque, al ver que lo que crees más frágil (el cristal) está intacto, pues ni te molestas en mirar al otro implicado.

De esta historia se podrían extraer varias sesudas moralejas: que si personas aparentemente fuertes resultan luego ser un desastre ante una contigencia, que si personas aparentemente débiles de repente se crecen... Lo dejo al gusto del sufrido lector.

Yo lo he contado porque llevo varios días pensando en la botella de colonia y en Ernest, un chaval empeñado en sonreir aunque todo en su vida iba sobre ruedas. Pero literalmente, vaya. Era muy frágil físicamente, pero no se rompía el muy cabezota, no... Insistía, insistía, se lo curraba, se empeñaba, volvía, se cabreaba, se lo volvía a currar y, al final, lo conseguía. Por aquí quedó una pandilla de lavabos rajados que le echan de menos...

No cal dir-te adéu, el teu somriure sempre ens acompanyarà


lunes, 29 de enero de 2007

Día del espectador


Pues casi se me pasa, pero no: ya hace un año que empezó este blog. De hecho, al hábil observador no se le escapará que el aniversario ha sido hace unos días.

En su día, servidora preguntó si podría montar un blog sólo de comentarios, puesto que eso era lo que a ella le gustaba... le dijeron que no quienes hoy inauguran a bombo y platillo una sección de comentarios en forma de blog parásito. ;-)

Pues ya que me gustan los comentarios y para celebrar el aniversario ¿qué puede ser mejor que el que dejéis los vuestros?. Venga, estáis en vuestro blog: os invito a dejar un comentario sin que os sintáis coartados en absoluto :-D



La imagen se la he robado a los amigos de Chocoreve.

domingo, 28 de enero de 2007

Sueños que son pesadillas


Se sacudió un par de migas que habían quedado perdidas entre la lana de la chaqueta. Cogió la manzana y empezó a masticarla, despacio pero con unos mordiscos golosos... notaba el zumillo entre los dientes y tuvo que contenerse un poco para evitar babarse. Estaba rica, pero tampoco era cuestión de montar un espectáculo en la vía pública.

Quizás por eso no notó que se acercaba y no lo vio hasta que estuvo a su lado. Era un anciano... ¿cuál sería el adjetivo? le vino a la cabeza una conversación con una compañera de piso, cuando estudiaba, en la que aquella utilizó el calificativo exportable: vamos que era atractivo, con un aire distinguido y, además, se mantenía bien. El tipo de señor al que no le gustaría ofrecer como primera imagen el de una pobre desgraciada con un hilillo de agüilla de la manzana saliendo por la comisura de la boca. Así que intentó recomponer la pobre imagen que debía estar dando y ofrecer su perfil más... ¿exportable? ¡Dios, ya estaba bien, dichoso calificativo!

No pudo evitar sonreir al notar que estaba haciendo el paripé mientras agradecía profundamente que los pensamientos fueran esas cosas que los demás no oyen mientras tú dices, "No, nada, estaba pensando en... nada, una tontería...". El caso es que el buen hombre tomó su sonrisa como un saludo al que respondió con otra sonrisa y un "Buenas tardes. Me pregunto si le importaría que le importunase un momento..."

-"¡Oh! Disculpe, me ha pillado mordiendo la manzana y me temo..."
-"No, no se disculpe usted... De hecho, me sabe mal molestarla mientras come; pero la veo en este mismo banquillo todos los días a esta hora, y... bueno, me resulta algo violento confesarlo, pero a menudo me quedo observándola. Espero que sepa disculparme. Al fin y al cabo, a mi edad, ya no tiene usted mucho que temer de este anciano."

Dudó un momento. No sabía si el abuelo le estaba echando los tejos o si... bueno, ¿qué más daría?. Tenía razón, si detrás de esa facha tan interesante se escondía un viejo verde, malo sería que no pudiera defenderse. O correr más rápido que él, en última instancia.

-"¡Vaya!." - sonrió - "Pues me temo que verme comer puede ser poco divertido. Mis modales delante de la comida son algo detestables. Más que comer, engullo..."
-"Bueno, no crea, es usted una persona muy discreta en sus hábitos alimentarios. No, verá, me fijé en usted por lo mucho que me recuerda a mi nieta; a mi nieta la mayor. Vive en Estados Unidos... y entre ella y su hermano están consiguiendo que me aficione al ordenador. Ya sabe, el correo electrónico y eso. Así me parece que la tengo más cerca."

Ella sonrió de nuevo, más abiertamente. La verdad es que siempre le había gustado que la gente mayor le contara sus historias, así que estaba empezando a caerle bien el abuelo este. Mira tú por donde estaba hecho todo un friki para poder mantenerse en contacto con su nieta... ¡ya podría aprender alguno!

-"¿Sonríe ante la idea de verme delante de un ordenador?" - como quiera que negó con la cabeza, el también sonrió y prosiguió - "No, no me importa, sé que resulta chocante pero, en fin, tampoco es eso lo que quería contarle. Verá, lo que vengo observando y me preocupa... Me preocupa usted."

Esperaba cualquier cosa de aquel anciano, menos eso. ¿Qué diablos...?

-"Es posible que se esté preguntando usted qué clase de metomentodo soy" - empezó a mirarla de una forma muy dulce - "pero no olvide que los ancianos apenas podemos hacer algo más que observar y, sobre todo, recordar. La miraba a usted porque me recordaba a mi nieta. Llegaba al parque y la veía ahí sentada, con su almuerzo. Al principio, comía usted con apetito, tenía los ojos brillantes y siempre estaba sonriendo. Pero de unos meses para aquí, lo hace todo con un aire rutinario... y su sonrisa se despista cada vez más a menudo y sus ojos se pierden detrás de las hojas..."

¡Maldita sea! ¿... qué pasaba? ¿era la mujer transparente y aquel hombre veía a través de ella o qué?

-"Discúlpeme si le estoy hablando muy directamente. Pero tuve suficiente con una vez... hace años, alguien a quien quería mucho pasó por lo mismo que usted está pasando, pero no pude, no supe o no quise darme cuenta. Cuando por fin lo hice fue demasiado tarde. Temo que la historia se repita."

Era de locos. Ese hombre no sabía de qué hablaba, no sabía nada de su vida, no sabía nada de su... y ella estaba allí escuchándole como si fuera su gurú espiritual porque... ¡maldición! porque tenía razón, pero ¿cómo...?

-"No se preocupe por cómo, ni tampoco por quién soy, pero conteste a esto: ¿sabe qué momento exactamente cambiaría? ¿quiere hacerlo? Yo puedo ayudarle a conseguirlo."

¿Qué momento cambiaría? ¡Dios! ¿Era un examen, un concurso? ¿Había premio? Aquel anciano se quedaba con ella, no sabía nada, no podía cambiar nada. Y ella allí, como una imbécil, atendiendo a sus palabras como si fueran a hacerse realidad. Como si todo pudiera depender de un momento concreto o como si una frase o una palabra o una mirada pudieran marcar el desarrollo de toda una relación, de toda una vida... Un único momento, le preguntaba qué momento cambiaría de su vida y ella le estaba haciendo caso, como si estuvieran hablando de uno de esos relatos de ciencia ficción sobre universos paralelos... ¿Había habido un único momento que hubiera provocado todo aquello...?

Ya no le parecía un anciano amable. Pero al mirarle no pudo evitar ceder y comenzó a evocar tantas cosas, tantos momentos, tantas conexiones entre dos hechos supuestamente aislados. Todo se desplegó muy rápido en su cabeza y un pensamiento arrolló a los otros. Lo que quedaba de la manzana cayó de su mano y rodó por debajo del banquillo, mientras un escalofrío le recorría la espalda. De verdad que esperaba que los pensamientos fueran esas cosas que los demás no pueden sino intuir, porque aquel le había sacudido.

Sí, no tenía que haber cogido aquel autobús. Pero no quería reconocerlo y menos así, allí y de aquella forma.

Por eso, despertó. Tenía miedo de que el viejo pudiera cumplir su promesa. Y aún no sabía si eso transformaría el sueño en una pesadilla. O la pesadilla en un sueño.

¡Nieve!


Es inevitable. Supongo que es la falta de costumbre, pero conozco a poca gente que ante la mención de la nieve no ponga carita de ilusión. Servidora incluida, claro. Así que había que aprovechar. Ayer salimos de casa sin un rumbo muy claro, pero con un objetivo: ¡¡ver, tocar, pisar nieve!!

Primero enfilamos rumbo a Sant Mateu, pero a la altura de Vilafamés empezamos a ver imágenes blancas a nuestra izquierda y viramos cara a Vilafranca. Al pasar Albocasser, el paisaje ya empezaba a ser realmente mágico. Pero nada comparado a lo que nos espera al acercarnos a Ares del Maestre.



No lo conocía, nunca había estado allí y descubrirlo tal y como lo vi ayer por primera vez me encantó. No me podía imaginar un pueblo así, encajado en lo alto de la montaña ¡y completamente blanco!.



Total, pasamos de nuestra idea inicial de ir a Vilafranca y nos desvíamos hacia aquel pueblo. No puedo enseñaros muchas fotos de lo que nos encontramos allí (pero en la página del ayuntamiento, podéis ver alguna que otra :-) Pinchad donde pone Fotos nevada ;-)).


Bueno, la de la cabina la tengo que enseñar, aunque sólo sea por el esfuerzo de haberla hecho cuando no notaba los dedos... bueno sí los notaba, pero como si estuvieran a punto de desintegrarse dentro de mis guantes...

Mereció la pena. Nos pusimos en plan turistas-domingueros-de-la-nieve y empezamos a pasear por calles y plazas que, en ocasiones, mostraban una capa de nieve que nos llegaba hasta más arriba de las rodillas. La sensación de paz y calma era tan grande que cada vez que María soltaba un gritillo de entusiasmo daba la impresión de que estábamos rompiendo algo. Os podéis imaginar que las vistas, además, eran para quitar el hipo.

Cuando conseguimos llegar al mirador teníamos alrededor un paisaje de montañas nevadas bajo el sol que hacía olvidar que el termómetro del coche nos había dicho que estábamos a tres grados bajo cero. Bueno, por lo menos durante un ratito ;-)

Quiero volver a Ares más adelante, cuando haga mejor tiempo y no haya que estar pendiente de la hora, y de que la carretera pueda estar helada. Este primer viaje, además de para descubrirlo bajo la nieve, ha servido para enterarse de que hay muchas cosas que ver allí. Y, ya puestos, los que sois de mi zona coincideréis conmigo en que hay que enterarse de cuál es el origen del nombre de Ares: no es lo mismo ir a la playa a Chanteiro, que ir a ver nieve a 1300 metros de altura.

viernes, 26 de enero de 2007

Homenaje a Cortázar


No me di cuenta de nada. De repente, al mirar a mi izquierda, lo vi allí. Me hizo una mueca con su ¿hocico? (¿era un hociquillo?) y se quedó muy quieto. Pero al intentar acariciarlo salió corriendo. Al fin y al cabo, era un suspiro, otro más que se me había escapado...

Este era verde. Tenía ya una buena colección y la caja en la que había conseguido reunirlos parecía un arcoiris. Los había amarillos, azules, malvas, rojos, verdes, naranjas... Sin embargo, mi preferido era el blanco. El más pequeño y el primero en salir, hace ya dieciocho meses.

Estaba acabando una práctica de C y llevaba un rato perdida. A mis alumnos se les suelen atragantar los punteros y no se me ocurría un buen ejercicio para que les perdieran el miedo. Suspiré, harta, y, de repente, estaba allí, sobre el teclado.

El moradito salió el día que mi hija empezó a nadar mariposa. Y el de color verde turquesa cuando me reconocieron el sexenio. Apenas recuerdo que causó el que apareciera el amarillo, pero fue en época de exámenes... Eso sí, el rojo vino una tarde de lluvia.

Mi hija está encantada con mis suspiros. No hace más que pedirme que le deje llevar alguno al colegio pero me da miedo, son frágiles y no les gustan los ruidos fuertes.

Pero yo estoy algo preocupada. Ya apenas caben en la caja. Y me provocan cambios de humor, porque me da miedo suspirar...

jueves, 25 de enero de 2007

martes, 23 de enero de 2007

Colores


Recuerdo haber visto anuncios, cuando era pequeña, de una sortija con una piedra que cambiaba de color según tu estado de ánimo.

Hoy el día ha ido cambiando de color. Comenzó de color malva, o rosa o malvarrosa, al cruzar el parque y descubrir que ese edificio tan feo que están haciendo junto al río puede reflejar toda la luz de un sol que aún no había asomado y brillar con luz propia.

Del malvarrosa pasé al azul, primero cálido, luego brillante y, a medida que se acercaba la hora del examen, de un eléctrico cabalgante que fue subiendo y subiendo según iban transcurriendo los minutos y se echaba la hora encima y había que repartir hojas y había que repartir enunciados y había que contestar dudas... ¡Tantos años y aún no sé hacer exámenes...! Siguen esos nervios, sigue la ansiedad...

Hasta que llegó el bajón y con el bajón el negro, porque me acordé de David. Casi me eché a llorar en mitad del aula. Caí en la cuenta de que era el primer parcial de programación, de que el año pasado a estas alturas (y nunca mejor dicho) eché de menos a David en el examen y que fue al volver al despacho y leer el mail cuando me enteré de que había muerto. El gestor de mensajes de Aula Virtual tiene un extraño sentido del humor. David sigue entre mis contactos, pero entre mis contactos off-line...

Siguió el examen, siguió el hueco.. se fue y volví al despacho. Y entonces volvió el negro, hasta que un mensaje me devolvió al verde: "Estamos en la cantina de humanas. Ven". El verde de los amigos, el verde de las bromas, el verde de la compañía. Verde para comer y verde para la sobremesa. Verde que te quiero verde.

Cuando pensaba que la tarde iba a ser gris, una pregunta la hizo naranja. Por contestarla, hoy he aprendido algo que no sabía.

Acabé con gris acero. Sabía que la película iba a ser dura. Trata sobre la vida después de la guerra, de los espejismos de la vida después de que el horror haya roto a las personas, a sus vidas, a sus sentimientos, a sus sueños y a su dignidad. Pero no estaba preparada para el siguiente diálogo:

- "Te conozco de algo. ¿Por dónde salías para divertirte?"
- "Nunca salgo.."
- "Ibas a identificar cadáveres..."
- "Sí, ya no voy. Le encontré."

lunes, 22 de enero de 2007

Niebla


¿Te acuerdas? Nos costó llegar a la cima de la montaña, pero una vez arriba nos olvidamos del esfuerzo del camino. Lo que vimos nos calmó y nos dejó callados, mirando todo aquel mundo desplegado bajo nosotros, como una maqueta perfecta que mostrase nuestros dominios. La luz dibujaba cada detalle, enmarcando cada forma con la sombra precisa. Se alcanzaba incluso a ver el mar.

Allí nos quedamos embobados. Tan embobados que perdimos la noción del tiempo, que olvidamos cualquier cosa que no fuera el estar allí, de pie, las manos cogidas y el alma enredada. Todo el mundo estaba fuera y todo el mundo estaba a nuestros pies y nosotros mirándolo. Y nosotros mirándonos, de repente, sin querer ver más.

Cuando noté el frío de la niebla fue tarde y no pude, o no supe, reaccionar. Tal vez si aquel abismo no me hubiera llamado, aún estaría perdida en la cima...

domingo, 21 de enero de 2007

EMO






Tengo 16 años y, aunque no es mi estilo de música, escucho emo, una de las propuestas incluidas en su reportaje Tendencias 2007. Mi mejor amiga es emo y salí con un emo hace un tiempo. Debo decir que su música y su forma de vestir están muy lejanas del gótico. Es cierto que también llevan estampados con calaveras y esmalte de uñas negro, pero la forma de llevarlo es distinta. Debería aclarar además que el emo es una rama del punk, que My Chemical Romance es de lo más light de este estilo musical y que no suenan como la banda sonora de una película de terror barata. Si un grupo suena así, es que no será muy bueno.



Esto me lo he encontrado en las epscartas de esta mañana. Lo copio porque, la verdad, cuando leí el reportaje en cuestión hasta yo me eché a reir de lo que se podía leer allí. Lo primero que pensé fue en dárselo a *j para que se enfadara un poco.

Vale que luen y una servidora de vez en cuando se meten con él por la cosa emo. Pero es que se pone muy gracioso cuando se pone serio :-P y dice aquello de "...un día escribiré algo sobre el tema...". Como estamos de exámenes y no tiene tiempo (¡ejem!) con su permiso voy a perpetrar yo unas cosas que se me han ocurrido desde la primera vez que pregunté: "Pero, ¿qué diantres es eso de EMO?"

Creo que mi interés empezó el día que en la página de Josele Santiago en last.fm alguien preguntaba iracundo "¿Quién ha sido el que ha etiquetado a Josele como EMO?". Claro, me tocan a Josele y además de esa forma y una piensa que lo de EMO tiene que ser un insulto tremendo. Vamos, me lo expliquen. Y ya, que a mí me gusta enfadarme con fundamento.

Empecé a preguntar y empecé a buscar. Google para que te quiero. Al margen de las bromas que uno puede encontrar por ahí, la verdad es que hay bastante documentación. La entrada de la wikipedia y esta otra pueden servir para empezar a aclararse.

En cuanto a la opinión de servidora, si es que a alguien le interesa, es que me ha gustado lo que me ha pasado *j y lo que me he encontrado yo rebuscando por internet. Y tiene sentido cuando pienso en que me gustaban (me gustan) Violent Femmes, me gustaban (me gustan) Suicidal Commandes, me gustaban (me gustan) Soundgarden (si mento a Nirvana ¿me lo tendrán en cuenta? :-)), me gustan Allister e igual no es tan raro que me gusten Fall Out Boys o Jimmy Eat World... aunque parece que en su último disco han renegado de su condición de EMOs. Bueno, ahora que lo pienso, parece que lo me gusta es el punk en muchas de sus versiones: punk, pop-punk, rock-punk... y EMO, mira tú por donde.

Al analizar las diferentes críticas al EMO, al final me quedo con la sensación de que la principal tiene que ver con la cosa generacional... que son todos muy jóvenes, como la chica de la carta de El País. Y ya se sabe que los adolescentes ni tienen criterio, ni saben lo que quieren, ni quieren lo que saben... están en plena crisis y contra el mundo. Pues hacen bien, ¡que están en la edad, leñe!. Cuando yo tenía 16 años, mi abuela le dijo a mi madre que habría que pensar en exorcisarme, que estaba muy rara y eso no podía ser bueno... ¡Jo! Si llego a ir por ahí con las uñas negras, seguro que me recibe en casa a cubazos de agua bendita... Pero a lo que iba. Otra de las cosas criticadas son las letras; críticas que tampoco sé si tomarme muy en serio, ya que en todas se hace referencia al cuidado con el que se han hecho las letras, y a la poesía que contienen. Vamos, que lo que no gusta es que hablen de sentimientos, casi siempre tristes (ya estamos otra vez con la crisis de los 16 años...) aunque se reconozca que son letras cuidadas y trabajadas. ¿Eso es malo? No tiene porque serlo... igual es que quien lo escucha está ya de vuelta, con tres capas de cinismo y dos y media de ironía.

En cualquier caso, yo soy negada con el inglés. A mí lo que me gusta es la caña que meten. Arriba esa guitarras, que no se caiga el batería y ¡caña!. Al fin y al cabo, hablabamos de rock ¿no? Si empecé con Fall Out Boys, me despido con la transición de Jimmy Eat World hacia el "just straight-ahead rock & roll, performed with punk energy and alt-rock smarts" (allmusic dixit) ;-)






jueves, 18 de enero de 2007

Quiero empezar una colección

Quiero sonrisas, quiero ver sonrisas.

Sonrisas que saludan, sonrisas que despiden, sonrisas que amanecen y sonrisas que anochecen...
Sonrisas que te excluyen, sonrisas que te abrazan, sonrisas que te hielan y sonrisas que te abrigan...
Sonrisas que te invitan a permanecer fuera y sonrisas que te introducen hasta dentro de otro alma...

Sonrisas cómplices
sonrisas que son el preludio de mil besos
Sonrisas que son una declaración de principios
sonrisas que son una carta de independencia
Sonrisas que ocultan lágrimas en el pecho
sonrisas que tapan una desilusión de hielo
Sonrisas que disimulan que no quieres sonreir

Sonrisas maliciosas,
sonrisas pícaras,
sonrisas sumisas,
sonrisas amistosas,
sonrisas forzadas y
sonrisas mentirosas.

Sonrisas que abren y sonrisas que cierran.
Sonrisas que dan vértigo y te atraen al abismo.

Sonrisas cálidas,
sonrisas confortables,
sonrisas tímidas,
sonrisas perfumadas,
sonrisas creíbles y
sonrisas increíbles.

Necesito sonrisas, quiero sonrisas, regálame sonrisas.
Necesito completar mi colección de sonrisas...

miércoles, 17 de enero de 2007

Recordar





... después de comer decía "me voy a mi mundo" y allá se iba a su habitación. Llegó a tener hasta cuatro ordenadores, aparte de sus altavoces enormes y tantas grabadoras y trastos. ¡Cómo tenía siempre su cuarto y su mesa!. Yo le preguntaba y decía "este es Pedro -¡les ponía nombres!- y se encarga de que tú puedas leer el correo, este es un portátil que tengo que arreglar...". Yo no entendía tanta afición al messenger ni a hablar por el ordenador, pero después de que muriera, un día me metí en ubuntu.es para leer unos mails que le habían mandado los de Italia por una cosa del dominio y vi que, fácilmente, recibía sobre 80 mails diarios desde muchas partes del mundo preguntándole cosas. Y él respondía a todos esos mails y dedicaba una parte importante de su tiempo en ayudar a gente que no conocía de nada. Pensar en eso me llena de orgullo...

[...] ... pero, además del tiempo que le dedicaba, yo creo que tenía un don especial, una facilidad para ese tipo de tareas. Cuando él tenía 6 años, compré un Spectrum de esos de cassette, todavía recuerdo el ruido que hacía al cargar las cintas. Al poco tiempo me ayudaba a preparar cosas que yo pensaba para clase y hacía cositas para él que yo ni imaginaba. Con 9 años, cuando le pregunté qué quería para Reyes, me dijo que se pedía que le instalaran Linux en el ordenador. Yo le pregunté que qué era eso y que dónde podíamos conseguirlo. Me dijo que era una cosa muy guai para el ordenador y nos enteramos y había uno en El Grao que sabía de Linux y lo instalaba. Hablé con este hombre y me dijo que era algo un poco complicado para un niño, pero que no habría problemas. Se lo instalaron y al poco él estaba instalándolo en los ordenadores de los amigos. Pero no paró ahí, a los 11 me dijo que le haría ilusión recibir clases de programación, que quería mirarse cosas de C++. A esas alturas, yo ya no le discutía nada y nos fuímos cara a la academia. La chica nos miró mal y nos dijo que no era para jugar y yo le insistí, "unas semanas y si se cansa pues que lo deje..."; pero al cabo de un mes, más o menos, fue ella la que me confesó que era él quien le estaba explicando cosas a ella...

[...] ... tenía un amigo, primero sólo por ordenador, aunque luego lo conoció en persona, que también era como él. [...] Se picaban escribiendo programas complicados en la menor cantidad de líneas posibles. Una vez estaban con un pique, el otro le había mandado un programa con 46 líneas y estaba a ello. Aún recuerdo el grito que resonaba por toda la casa cada vez que resolvía un problema que le tenía interesado, como esos. Se oía un alarido que iba rebotando por la casa - "¡¡.. SOY EL PUTO AMOOOOOO!!" y yo ya sabía entonces que algo había solucionado. Con el amigo este me llegó y me dijo, "ya está, he ganado: ¡lo he dejado en 2 líneas!". Recuerdo que un día... no sé en qué andaría, pero debía de ser bueno también, porque se me plantó delante y me dijo:"¿Tú has visto a Dios alguna vez? ¡pues lo tienes delante!"


Tenéis la misma forma de reiros: torciendo la cabeza hacia la izquierda y cerrando los ojillos :-)

domingo, 14 de enero de 2007

Lunes, 16:00-18:00


Respiró muy profundamente. Comprobó que no le sudaban las manos e intentó llamar con los nudillos, pero en el último momento no lo hizo. Sus rodillas parecían tener vida propia y uno de sus pies marcaba un ritmo muy impertinente en el suelo de gres. Volvió a respirar, intentando que fuera una respiración lo más profunda posible, como hacían en clase de yoga para relajarse. Lo malo es que la cintura de sus vaqueros parecía empeñada en dejarle quedar mal y en oponerse a que respirara. Se insultó mentalmente, hizo un rápido repaso de su estado físico (boca seca -tragó saliva-, manos húmedas -buscó un kleenex- y rodillas de gelatina -se obligó a cruzar sus piernas-). Levantó de nuevo la mano y, ahora sí, llamó con los nudillos, primero muy suavemente y después con más energía.

¿Había oido "¡Adelante!"? ¡Coño...! ¿Entraba o no? Si le había dicho que sí, iba a parecer imbécil si no entraba, si no había dicho nada, parecería que entraba por todo el morro... Vale, entraba, había llamado y no podía parecerle mal que entrase... ¿O sí...? ¡Mierda, p'adentro!

Allí estaba. Bueno, por lo menos estaba cara al ordenador y no mirándole con cara de policía de Guantánamo. Vale, pero ¿y ahora qué? ¿Tenía que decir algo? ¿Esperaba a que le dijera algo? ¿Lo del ordenador era tan importante como para no hacerle ni repajolero..? Caray, podía mirar hacia aquí un ratito ¿no? aunque sólo fuera para comprobar que no se ha metido en el despacho un psicópata con un cuchillo de carnicero... o un alumno justiciero con ganas de... ¡ein! ejem, mejor dejarlo, que igual le leía el pensamiento...

Se acercó a la mesa. Eso no era una mesa, parecía el Everest, marcando 8.848 metros de distancia... más o menos la misma que notaba que había entre ellos.

No podía soportarlo más. En esta ocasión respiró despacio, no por intentar calmarse de nuevo, sino porque le aterraba que se le pudiera oir, y entonces tímidamente preguntó: "¿... Ahora tiene tutorías, verdad??"

sábado, 13 de enero de 2007

La imagen no es la cuestión


Supongo que por muy autosuficientes que nos creamos, somos animales políticos (en el sentido no ofensivo de la palabra) y nos gusta vivir en sociedad. Sólo así se entiende ese afán por nuestra imagen, hasta el punto de estar más preocupados por la imagen que proyectamos que por la que nos podamos ofrecer a nosotros mismos.

Yo soy grande desde que era pequeñita: abultaba el doble que mi hermano (aunque tenga 7 años más que yo), el día de mi primera comunión parecía la madre de mis compañeros (aunque yo acababa de cumplir 7 y los demás tenían 8 y 9 años) y siempre me pillaban a mí en clase y me echaban el típico responso de que los "mayores" debíamos dar ejemplo (aunque yo fuera la más joven de clase, la única nacida en Diciembre). Supongo que eso ha desarrollado mi "yo" payaso y en público soy cualquier cosa menos discreta: ya que me resulta difícil pasar desapercibida, una forma de protegerme es montar bulla, cuanta más mejor y crear una imagen exterior que me tape... un elefante vulnerable resulta risible (puede que sea por eso por lo que se van voluntariamente a morir en soledad). No es la única forma de protección, es sólo la que yo he elegido.

Supongo que igual que hago yo, los demás también tienen una imagen propia y tienen más o menos consciencia de lo que proyectan a los demás. No creo que sea malo. Yo hago chistes con mi tamaño, pero también procuro sacar ventaja de él. Y me gusto más o menos dependiendo de los días, como le debe pasar a todo el mundo. Pero pensando sobre el tema, no puedo evitar preguntarme dónde y cuándo se cruza la frontera y cómo y por qué se cruza. Estoy pensando en toda esa gente que se odia por culpa de la imagen que creen que tienen y la que creen que deben tener. Y sí, en concreto estoy pensando en las personas afectadas por la anorexia y la bulimia. Niñas que mueren voluntariamente de hambre. Se podría pensar que la adolescencia es una edad difícil, la de todos los miedos. Pero es que también afecta, y cada vez más, a gente adulta. Estas Navidades, nos sorprendió la noticia de una mujer de 50 años obligada a alimentarse. Aunque también es verdad que los adultos se dedican a curarse sus complejos de una forma más "civilizada" y cada vez más habitual. Me refiero a esa mercadería de cuerpos perfectos y de negarse a envejecer que nos venden las clínicas de cirugía estética. Y lo peor es que el negocio les va bien y crece y crece... Ya no es sólo que haya que estigmatizar un culo más o menos redondo o una barriga más o menos prominente o un pecho dos tallas de copa menor (o mayor) que el deseado. El negocio y la obligación de ofrecer una buena imagen tampoco va a dejarnos envejecer tranquilamente. Hay que disimular los años que se tienen, viviendo una especie de ilusión de eterna juventud, en la que estirarse las arrugas es más importante que haber ganado con los años la sabiduría de tu propia expresión. O en la que tener los labios de Angelina Jolie es más importante que lo que tengas que decir con ellos.

¿Qué nos impide aceptarnos como somos? ¿Por qué damos tanta importancia al envoltorio? ¿Qué nos impide mirarnos desnudos en un espejo y aprendernos y gustarnos tal y como somos? ¿Dónde hay un límite - si es que existe - entre la crítica bien intencionada y la mirada cruel que nos llena de complejos y que nos hace negarnos a nosotros mismos? ¿Quién marca qué modelo es bueno? ¿Y por qué diantres tenemos que creérnoslo, casi siempre en nuestra contra?

Caer


Holding onto myself. Peter Callesen





martes, 9 de enero de 2007

Vaciedad


Un relámpago iluminó la sala. De forma mecánica comenzó a contar: uno, dos, tres, cuatro, cinco... Cuando era pequeña su madre le decía que así podría calcular a cuántos kilómetros estaba la tormenta. Al llegar al seis se oyó el trueno.

Un escalofrío recorrió su espalda; se arrebujó, mimosa, en el mantón. Tenía frío, notaba el frío dentro de su cuerpo, como naciendo en su estómago e irradiándose hacia fuera. Volvió a recostarse en el marco de la ventana. Por un momento, le invadió de nuevo la curiosa sensación de que hacía meses que, al dormir, no soñaba. O, cuando menos, de que no era capaz de recordar sus sueños.

La tormenta se estaba acercando. Apenas había podido contar hasta tres en el último relámpago. Echaba de menos sus sueños. Y ojalá no hiciera tanto frío. Suspiró y apoyó la frente en el cristal...

El relámpago no avisó: iluminó el campo delante de la casa y le dejó ver, muy nítidamente, su propio cuerpo en medio del prado con los brazos en alto. Pero era una silueta vacía, apenas una línea negra curva cerrando su contorno. Sin darle tiempo a gritar, el trueno bramó sobre su cabeza.

lunes, 8 de enero de 2007

S'en anem?



María y Santi a punto de marcharse para conquistar el mundo (o, en su defecto, el camino de la Feria del Trece...)



A los 16 años tenía la portada de la libreta de Mates llena de las típicas frases que tanto gustan a los adolescentes... bueno, a mí, por lo menos, me gustaba coleccionarlas. No sé por qué, pero hay una que me quedó grabada,
La vida es el arte de dibujar sin tener goma de borrar.


Cuando he llegado hoy a casa me ha recibido el barullo habitual, "¡Beso!" "¿Te llevo eso a la lavadora?" "Mami que...", y el gran notición: "Mamá, hoy hemos empezado a utilizar bolígrafo en el cole. Dice Juan que tenemos que tener mucho cuidado. Papá me ha comprado tres bolis de colores y tipex ... ¡mira!"

Ojalá tengas que usar poco el tipex, mi amor, mi niña que se hace grande y se aleja... Buena suerte. Y buena letra.

sábado, 6 de enero de 2007

Emma


¿Os acordáis del triste final de Mamalú? Bueno, pues el huevito rojo que la ha substituido ha pasado la prueba de fuego y ya se ha instalado en la familia. Señal de ello debe de ser que María, en plena vorágine de regalos de reyes, haya decidido que el nombre sea Emma. Como la locomotora que coprotagoniza la historia de Jim Botón y Lucas, el maquinista.


Os los presento: Jim es el niño, Lucas el que fuma en pipa y Emma, obviamente, la locomotora que está al fondo.

Tenía pensado hablaros del libro, pero alguien que sabe más, y escribe mucho mejor, ya lo hizo. Además, es mucho más tierno con Emma que cualquier otro que haya escrito sobre este libro. Si me descuido, es más tierno que el propio Michael Ende :-) Y es que Emma no sale en el título, pero es un personaje imprescindible a lo largo de toda la historia: por amor a Emma, emprenden Jim y Lucas su viaje, gracias a Emma consiguen llegar a China y hacerse famosos allí y conocer al emperador y enterarse de la triste historia de Li Si y.. ¡qué diantres! ¡leedlo! Leed las historias de Jim Botón, un libro ¿infantil? injustamente olvidado y oculto por la sombra de Momo y de La Historia Interminable.

viernes, 5 de enero de 2007

Persiguiendo a la luna


Hay gente que se sorprende, pero servidora no conduce. Me interesaron los coches a los 16 años; a los 18 no tenía dinero para gastarlo en el carnet de conducir y, cuando dispuse de él unos años más tarde, los coches, bueno no, rectifico, los asnos (con perdón para los asnos) en que suelen transformarse gran parte de sus conductores, me daban más bien repelús. Así que pasé del tema. Sólo me arrepiento (por aquello de la cosa solidaria) en vacaciones, que mil kilómetros son una paliza.

El caso es que el miércoles, cuando volvíamos de Galicia, había luna llena. Y nos salió así de hermosota a la altura de Motilla del Palancar. Así pues, a falta de algo mejor que hacer, me agarré a la cámara dispuesta a sacar fotos de tan hermosa dama...






¿Habéis probado alguna vez a sacar fotos a la luna desde un coche a 120 kilómetros por hora, con un pulso (el mío) digno de ser diagnosticado de Parkinson? Por no hablar de lo limpio que estaba el parabrisas :-)

















A veces, ya no es sólo el pulso y el traqueteo... ¡hay baches! Aunque algunos son de lo más simpático: hasta te ayudan a encontrar el camino a seguir





Bueno, pues no me desanimé y empecé a trazar un plan. Esperaría a que estuviera más obscuro, esperaría a que hubiera que parar... ¿dónde parar sin parar? vamos, no quería yo interferir negativamente en la labor del conductor... a ver si además del papá, quiero pis voy a poner de moda el papá, quiero foto...

En esto tuve que empezar a trabajar de GPS, porque nos acercábamos al by-pass de Valencia. Entre el by-pass (que me pone cardíaca) y pillar luego la CV-10 (que siempre nos despistamos...) me olvidé de la luna un ratito. Y ya casi había desistido, cuando caí en que, para salir de la autovía, justo antes de entrar en Castellón ¡habría la típica rotonda, con el típico ceda el paso! ¡Perfecto para parar sin parar!

Empecé a preparar la cámara. Allí estaba la luna, redondita, brillante y, yo creo que, guiñándome el ojo. Ajusté el zoom, comprobé que quedaba batería, empecé a buscar puntos de referencia... nos acercábamos al desvío de la carretera de Alcora. Bajé la ventanilla (el parabrisas estaba asqueroso) y aguanté el frío... empezamos a coger el desvío...

Pero ¿de dónde ha salido esa nube? :-/





Sí, ya sé, no quedó tan mal... pero esa nube negra como el chapapote que veis a la izquierda me dejó sin la foto que llevaba soñando durante 150 kilómetros... sin mencionar que al coger la carretra de Alcora, la luna dejó de estar a mi derecha y perdí el enfoque, tenía que ir cruzada, peleándome otra vez con el parabrisas que, por supuesto, seguía sucio...



¡Y a Dios pongo por testigo de que estaba todavía más sucio! Como que aún no tengo claro si fotografié a la luna o si se me manifestó algún espíritu amigo...




Moraleja: os quedáis sin reportaje gráfico. Pero ¡estaba guapa la condenada! :-)


Esperar

Esperar es un verbo horrible y aburrido, salvo si te encuentras algo que hace valiosa la espera. O eso dicen.

jueves, 4 de enero de 2007

miércoles, 3 de enero de 2007

San Valentín, Fene




A la derecha tenéis el astillero; le seguiré llamando Astano, aunque en los papeles ponga que se llama Navantia. A la izquierda, San Valentín, la parroquia más pequeña del concello de Fene. El sitio al que vuelvo en vacaciones y al que llegué antes de cumplir los 7 años. Tenía que presentároslos juntos. El barrio nació a la sombra de Astano y está muriendo a medida que Astano boquea.

San Valentín fue un hermoso lugar donde crecer. De mi primera niñez en Ferrol apenas recuerdo la calle, salvo contadas incursiones a la plaza de Sevilla. Llegar a San Valentín fue liberador: calles peatonales en las que los niños podíamos saltar, correr, andar en bici y montar mil y una historias. Te convertías en alguien importante cuando conseguías un bicicleta. San Valentín era una especie de circuito perfecto para inventar trayectorias nuevas cada vez que te atrevías a bajar de la acera a la calzada, a la calle calle. Apenas había coches, claro está. Y, si conseguíamos escapar de la mirada atenta de nuestras madres, siempre estaba ahí la ribera de la ría y el camino del Regueiro para intentar una expedición en busca de nuevo territorio por conquistar. O, por lo menos, para ir hasta la fuente del final del camino.

La ribera ofrecía mil y una oportunidades. Estaban rellenando, robando espacio espacio a la ría; imaginad montones y más montones de enormes piedras y montones y más montones de tierra. Un asco, vamos. Pero el lugar perfecto para imaginar que eras Stanley en busca del Doctor Livingstone o Miguel Strogoff cumpliendo su sacrosanta misión para con el zar de todas las Rusias. Por no hablar de las cuevas, cabañas y escondrijos que llegamos a construir.



Con el tiempo ese terreno robado a la ría se convirtió en el soporte para el colegio, el pabellón de deportes y el paseo marítimo que medio podéis adivinar en la foto. Una gozada de paseo, una maravilla tener cole en el barrio.

Pero cada vez me reconozco menos en ese escenario; lo que era el paraíso de los niños, se ha convertido en un barrio para la tercera edad. Al final del camino del Regueiro, donde la fuente a la que acudíamos con las bicis en cuanto se despistaban nuestras madres, hay ahora un túnel por el que pasan demasiados coches... Donde antes reinábamos los niños, ahora reinan ellos, en las calles calle y en las calles peatonales. Como en todas partes, todo hay que decirlo.

Sigo volviendo allí, pero cada vez es más difícil reconocer mis coordenadas. Y este año el turrón no me ha sabido a almendra. Es posible que me esté haciendo vieja, y que añore mi propio pasado, además de a mi barrio.

viernes, 22 de diciembre de 2006

Mamalú


Cuando yo era pequeña, mi tía Canucha estaba enganchada a una radionovela que se llamaba "Mamalú" y que, por lo visto, era la lacrimógena historia de una esclava envuelta en una apasionada aventura de amor prohibido. Bueno, para entendernos, una de esas de llorar mucho. No sé muy bien por qué, pero de resultas de esa radionovela quedó en mi familia la cosa de decir "¡Ay, Mamalú!" con ligero tonillo de recochineo cuando alguien está quejándose, con lloriqueo y repenique, de algo que no es para tanto.

No me preguntéis tampoco por qué un buen día decidí que nuestro coche era chica y se iba a llamar Mamalú. Supongo que fue una inspiración súbita por alguna tontería: estábamos camino de Gijón, con la música a todo volumen, sobrellevando con resignación la antigua carretera de la costa asturiana (con su curvas de "ceda el paso") y no sé si fue el momento "easyraider" o qué, pero se quedó en chica y en Mamalú. Y así, hasta el martes pasado.


Ahí la tenéis, pobre, descansando del sofoco que pilló este verano, resoplando mientras intentábamos subir el puerto del Cubillo. En esa curva tuvimos que parar porque el ventilador no daba abasto y se estaba poniendo eléctrica del calor. Y es que ya estaba viejita: viajaba con nosotros desde 1992. Empezamos a pagarla con lo que sobró de la boda... ¡y fueron tres años de letras!. Cada vez que llegaba una, íbamos sintiendo que un tornillito más formaba parte de la familia.

El caso es que ha pasado a mejor vida. La hemos sacrificado en aras de un plan prever de esos y nos hemos comprado otro coche. Muy posiblemente, lo de hoy sea para empezar a purgar nuestras culpas por abandonar a la pobre Mamalú: supuestamente teníamos que estar ya camino de Galicia, pero no hemos podido salir porque aún no nos han dado el coche nuevo. No sé qué de unos papeles... ¡espero que los dichosos papeles nos permitan volver a casa por Navidad como mandan los anuncios y las buenas costumbres!

De todas formas, María se ha puesto seria y dice que el coche nuevo también será chica. Claro que lo del nombre tenemos que discutirlo, porque creo que quiere ponerle Bimba o Pimbra o algo así...

jueves, 21 de diciembre de 2006

¡Hace frío!



- ¿Y ese abrigo..?
- ... del muerto...
- ¿¡Cómo!?
- ... nada, que lo iban a enterrar con el abrigo puesto y se lo quitaron.
- Pero ¿cómo es que lo tienes tú...?
- Mi tío Paco, que me lo ha regalado, que dice que tengo cara de frío...



Por cierto, este año lo he llevado al tinte, que ya le iba haciendo falta. Ha quedado como nuevo.

martes, 19 de diciembre de 2006

Forty-two!!


"I checked it very thoroughly," said the computer, "and that quite definitely is the answer. I think the problem, to be quite honest with you, is that you've never actually known what the question is."


Lo tenía fácil, la verdad. En fin, para los no iniciados: es mi cumpleaños. Y cumplo 42.

Y me he cruzado con una mariposa un 19 de Diciembre.


domingo, 17 de diciembre de 2006

Tengo una debilidad

-"Bernardo... ¿tú crees que algún día... ?"
-"Algún día, Mari Carmen... algún día... "

jueves, 14 de diciembre de 2006

Todavía es tarde


Me llegó tu mail y me quedé pensando. Ya sé que no es por cumplir años. Tenemos la misma edad que hace veinte años, cuando teníamos veinte años más de los que tenemos ahora.

A ti también te gustan Los Enemigos: ¿por qué estoy frío, si hoy hace calor? yo iba a ser un gran tío, todo un ganador ¿será que no es lo mío esta competición?... no, igual no es tan tremendo, pero es un sentimiento de... ¿cuánto me he desviado de lo que quería? ¿cuántos sueños quedan intactos? ¿estoy mejor de lo que pensaba? ¿es mucho peor? ¿qué decisión fue crítica? ¿por qué aquello que era tan importante... ? ¿por qué era aquello importante? ¿tanto he cambiado? ¿tanto ha cambiado mi escala? ¿qué hubiera opinado de mí mismo?

Cuál de toda esa pequeña cadena de palabras no dichas, de palabras no calladas, de portazos inútiles, de enfados prescindibles, de engaños premeditados y de mentiras sin mala intención, con sus correspondientes raciones de buenas intenciones abandonadas, evidencias ignoradas conscientemente y cariños despreciados me han ido llevando del sitio al quería llegar, hasta el sitio al que he llegado. Cuánto me he desgastado intentando que la trayectoria no se torciera demasiado, peleando siempre con ese movimiento que tiende a hacer desplazarse a mi centro de gravedad, y que me obliga a forzarme para devolverlo a su sitio original, intentando que la inercia no me haga derivar hacia ese camino que parece más fácil, pero que no es el que me gustaba.

Aunque la peor pregunta es la que te obliga a plantearte que si merece la pena. Qué si sigues peleando o qué si vas pasando. Y en esa duda, como decía alguien, hay días y, lo que es peor, hay noches. Que la moral y las buenas costumbres aún nos tienen muy capados y hay cosas de las que no se debe hablar. Y, si lo piensas, es peor...

Yo también estoy "algo extraño" y también voy a estar de cumpleaños. Pero no es por los años. Es porque todavía es tarde.

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Sería una ilusa si...


... si de verdad me creyera que Pinochet se murió el Día de los Derechos Humanos por una especie de justicia poética. Y sí, tendrá que ser poética, ya que no de la otra.



Pero no se trata de ver qué tan alto caemos del guindo. Sí que hay cosas que se pueden hacer y hoy tenemos la oportunidad de ser testigos. A las 19 horas, en la Sala de Prensa del edificio de Rectorado y Servicios Centrales, estará Weja Chicampo un "caso resuelto" de Amnistía Internacional (por cierto, si no la han quitado, en el hall de la Facultad de Humanas hay una mesa de Amnistía en la que podréis firmar para intentar resolver otros 10 casos).

Y no, no es que me haya obsesionado últimamente con AI (aunque tampoco sería mala idea). Sólo os estoy deseando Feliz Navidad, de corazón y sin bombillitas..