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domingo, 22 de marzo de 2009

Mantra


Treinta y seis cuarenta y cinco setenta y dos
Treintayseiscuarentaycincostentaydos
364572
36 45 72
Tre in ta y se is cua ren ta y cin co se ten ta y dos
TREINTA Y SEIS CUARENTA Y CINCO SETENTA Y DOS
3 6 4 5 72
Treintayseis cuarentaycinco setentaydos
36
45
72
Treinta y seis
Cuarenta y cinco
Setenta y dos
36 treinta y seis 45 cuarenta y cinco 72 setenta y dos
Treinta y seis Cuarenta y cinco Setenta y dos
036 045 072
Treinta y seis, cuarenta y cinco, setenta y dos...


(Estoy ingresada desde el domingo 15. Y no sé por qué esos números no se me van de la cabeza, aparecen sin llamar...)

(Y, sí, he pillado una wifi de casualidad...)

viernes, 13 de marzo de 2009

Anteayer hubo Luna llena...


Vivo en el primer piso de un edificio de nueve plantas. Mi casa está completamente rodeada de otros edificios, así que cuando miro por las ventanas no puedo ver el cielo. Pero tengo la suerte de tener mi trocito de patio que me deja un atisbar mi cuadradito de cielo. Insuficiente, en el que apenas veo nada... miope por falta de visibilidad y sin poder distinguir en él apenas dos o tres estrellas... pero es mi trocito de cielo.

Y el pasado lunes salí al patio cuando acababa de anochecer y me encontré de bruces con una Luna grande, brillante, que casi estaba llena. Y me quedé quieta mirándola, mientras caía en que hacía más de dos meses que no la veía. Demasiado tiempo.

Acabo de pasar un par de días en el hospital. Me tocaba el segundo ciclo de quimioterapia y, en mi caso, el proceso es algo largo. Me resulta curioso. No sé si al estar en el hospital me calmo, pero me han venido bien este par de días para pensar. Llevaba una semana bastante inquieta, nerviosa, impaciente y hasta caprichosa. Supongo que no estoy llevando muy bien la trombosis. Pienso en que si no tuviera la pierna tan hinchada estaría casi bien, sin notar nada y llevando una vida casi normalita. Y eso me impacienta demasiado, no llevo bien la inmovilidad.

Y el fin de semana pasado me dejé llevar; o, mejor dicho, me regodeé en dejarme llevar y sentirme mal. Murió mi suegro. Pero si soy justa, tengo que reconocer que no fue eso lo que me afectó, era yo misma la que me estaba taladrando la cabeza. Me sentía sola. Muy sola. Soy consciente de que escribir esto es algo tremendamente injusto, porque si hay algo que es cierto es que no estoy sola para nada. Sigo asombrada de la cantidad de gente que me está apoyando, animando, preocupándose por mí y dejando de hacer cosas por estar conmigo, por acompañarme, por mimarme... es increíble. Y, sin embargo, tenía esa sensación, soledad. Si lo pienso, tengo que reconocer que, bueno, es posible que haya algo de "normal" en ese sentimiento. Tengo que encontrar una forma de enfrentarme a esto sola, porque cabe la posibilidad de que no salga bien y, si eso ocurre, pues ocurrirá algo que tendré que pasar yo y sólo yo. Pero lo de este fin de semana fue caer en el desánimo por caer en el desánimo. Hay gente que me dice que me merezco enfadarme y patalear de vez en cuando, pero no creo que sea una solución. Aún tengo que aprender a calmarme y a tener más paciencia. Simplemente, porque yo lo valgo. Dejarse caer, dejarse llevar es fácil, pero no es ni inteligente, ni efectivo. No ayuda.

Me han venido bien estos dos días de estar en el hospital, más calmada que en casa, vaya usted a saber por qué. Sé que voy a conseguirlo, que acabaré haciéndolo bien.

Y ¿sabéis qué? Cuando ayer volvía del hospital a casa, al girar una esquina me encontré, de repente, con una Luna hermosa, radiante y estupendísima... Y nos guiñamos un ojo :-)

sábado, 7 de marzo de 2009

Windy shade of winter


Anteanoche oía soplar el viento en la cama, a eso de las cinco de la mañana y me hacía estremecer. No me gusta ese ruido, no me gusta la sensación de frialdad que transmite, ni la sensación de cosas rompiéndose y destrozándose que me produce...

Y cosas rompiéndose. Me cuenta un amigo que les desmontan la empresa, que despiden a seis personas y se quedan sólo cinco en plantilla. Y cosas destrozándose. María no durmió ayer con su padre, porque el hombre tuvo que salir urgentemente hacia Galicia, el abuelo de mi niña está muriendo...

Hoy ya no hacía viento, cambió el tiempo y hacía hasta recalmón. Qué curioso contraste de días, el viernes y hoy. ¿Reconforta ese cambio? No estoy segura. Pero empuja hacia delante.

Por cierto, tirando de enlaces de acceso al blog desde mi medidor de estadísticas, me entero de que en un foro médico me han dado por muerta hace un mes.

Y, como diría Mark Twain, puede que sea una afirmación un tanto exagerada ¿no?





martes, 3 de marzo de 2009






Tomates verdes fritos. Me gusta esa película, su historia de amistad y sus guiños a referentes casi mágicos. Está la bonita historia del lago que desapareció cuando los patos que se habían posado echaron a volar tras una repentina helada. Pero como una tiene su aquel con ciertos bichitos, la historia que me hace contener el aliento es la historia de la encantadora de abejas...

Pues, por lo que parece, a una servidora le va a tocar convertirse en encantadora de trombos. Llevo tres días con una pierna completamente desfigurada a causa de una trombosis.

El viernes, por fin, salí a la calle y estaba tan feliz. Bueno, parecía que me apretaba un poco la pierna izquierda del pantalón, que el vaquero tiraba algo... tampoco nada importante. Pero el sábado ya estaba importantísima. Y el domingo se me puso tremenda. Casi todo el día en urgencias, placas, reconocimientos, ecografías, analíticas... y yo, por mi parte, aburrida, cansada, cabreada... estallé. Me he prometido tener paciencia, me he prometido no dejarme llevar por una arroutada. Pero a eso de las siete de la tarde estallé: llevaba tres horas en una camilla sin saber qué iba a pasar, si me tocaba ingresar otra vez, si podría salir, qué me iban a hacer o a qué diantres estaban esperando para hacerme algo. Y, no podía evitarlo: me pasé toda la tarde pensando en Pepe Rubianes. Me caía bien. Y ni siquiera sabía que estaba enfermo...

Trombos. Un bonito trombo de cinco a diez centímetros en la pierna. Eso sacamos en claro, al final. Pude volver a dormir a casa, pero la sensación de cabreo duró hasta el lunes por la mañana...

Pero ya. Ni cabreos, ni agobios, ni cansancios. Hay que comérselos con patatas. O, al menos intentar hacer morcillicas de arroz con ellos. Que no, que no podrán... y, con vuestro permiso, me voy a permitir el toque épico del evento ;-) Necesito reírme un poco de mí misma :-)




¡¡Towanda!!

Arroz...


Hacer limpieza en el disco duro tiene su recompensa. Encuentras trocitos de ti misma que te hacen sentir bien, sobre todo si se refieren a recuerdos que compartes con más gente sabiendo, además, que esas personas los van a compartir con el mismo cariño que tú; como estos:







Fue el 15 de noviembre; hacía un sol precioso. También hacía frío, pero no importaba porque estábamos allí tantos y tantos arropándoles, arropándonos... Es una de las bodas en las que mejor me lo he pasado en mi vida y la primera a la que fue María, que salió encantada. Pero lo realmente hermoso fue la ilusión que me hizo estar allí, con eso novios tan guapos, formando parte de un grupo de amigos increíbles.

La boda de Emilio y de Cristina sirvió para que muchos nos volviéramos a ver después de mucho tiempo. Supongo que no puedo evitar ponerme en modo madre abadesa en estas ocasiones y recordar cómo eran cuando les conocí. Y emocionarme viendo cómo se han ido construyendo. Y enorgullecerme de ello.

Es un honor formar parte de vuestras vidas :-)

miércoles, 25 de febrero de 2009

El señor Joan


No sé si recordáis una entrada en la que yo sólo puse el blog: Merxe puso la historia, María puso los dibujos, un comentarista anónimo publicó la narración completa y, sobre todo, un buen hombre al que no tuve la suerte de conocer, puso la magia en una mañana de marzo de 2006, recorriendo los alrededores de Castellón con una pandilla de niños, mientras les mostraba el escenario de una congolla épica: la del héroe Tombatossals y sus compañeros.

Si vais a esa entrada, veréis que el último comentario es, precisamente, de Merxe:


Esta semana se ha muerto el señor Joan. Le he preguntado a Carlos si lo sabía, porque era el abuelo de uno de sus compañeros, y me ha dicho que no. El año pasado, cuando murió la madre de una niña de clase, tampoco se habló de ello en clase. Sigue siendo un tabú este tema ¿no os parece?

El día que pasamos tan a gusto con el abuelo de Alberto y todo lo que aprendimos, fue genial. He pensado que puede ser bonito hacerle un pequeño homenaje, así que he preparado una carta para que la puedan leer en clase, he hecho un vídeo con las fotos de aquel día y también les pasaré el documental de 60 minutos titulado "Pensant en els altres" ya que allí se ve una bonita forma de abordar el tema de la muerte cuando le pilla cerca a un niño de clase... bueno, eso y más cosas.


Hemos comentado entre nosotras más cosas desde que dejó este comentario; por ejemplo, el rechazo de algunos padres a hablar sobre este tema y el estupor que ello le provoca. Y es cierto, no sabemos enfrentarnos a este tema, no sabemos hacerlo con naturalidad. Y lo que es peor, transmitimos nuestros propios temores a nuestros hijos, sin enseñarles que, al fin y al cabo, no es más que parte de todo el proceso. Y que hay que aprender a aceptarlo, para poder disfrutar de verdad del regalo de estar vivos, con todos los problemas, alegrías, dolores, amores, amistades, música, luz, oscuridad, frío, calor, hambre, satisfacciones, orgullo, cariño... de todo ese repertorio de pequeños regalos diarios que no sabemos apreciar de verdad... bueno, sí, si realmente paramos un momento, respiramos y miramos con los ojos bien abiertos. Como los niños.

Los niños tienen curiosidad por la muerte. Me consta. También me consta que no es un interés morboso. Es, simplemente, parte de su curiosidad y su aprendizaje. Recuerdo cuando Carlos, el hijo de Merxe, le pidió ir a visitar el cementario para ver cómo era. O las preguntas de María sobre el tema, formuladas con total naturalidad. Hasta hace poco, vaya. Se va haciendo mayor y supongo que aumentan otras influencias externas (amiguetes en el cole, por ejemplo) y la veo dudar; y, a veces, me dice que le da miedo. Yo suelo contestarle lo que creo de corazón: que lo que le tiene que dar miedo es desperdiciar la vida y dejarla pasar sin hacer en ella todo lo mejor que pueda y sepa hacer.

Mi hermano vive en Madrid (ha intentado escapar varias veces, pero siempre le atrapan de nuevo). Ayer estábamos hablando sobre la locura de los centros comerciales y el aborregamiento al que parecen abocar a la gente. Yo me había encontrado una cita en microsiervos, Todos los blancos tienen reloj, pero ninguno tiene tiempo. Es un proverbio senegalés del que deberíamos tomar nota. En serio. Igual que el tema de aprender a querernos, de aprender a disfrutar más de la vida, de vivirla y no de apurarla, de no nadar contra ella como si fuera una enemiga que se escurre sin que nos dé tiempo a fichar...

Igual pensáis que estoy más sensibilizada por el tema, en mis circunstancias. Bueno, es muy posible, para que me voy a engañar. Pero tampoco; esto puede salir bien o puede salir mal. Me puede atropellar un camión cuando vaya a ponerme la próxima sesión de quimio, sin ir más lejos. Me puedo morir del proceso natural del cáncer. Me puedo curar, pero eso no va a ser más que una oportunidad preciosa de seguir alucinando con María y con la vida... hasta que muera.

He cumplido muchos sueños. Estos días me he dado cuenta de que con los demás parece que tampoco lo he hecho mal... me ha visitado gente a la que hacía años que no veía y se me caía la baba viendo cómo habían crecido, cómo hablaban de sus trabajos, de sus ilusiones, de sus novias y novios... y tenían el detalle de incluirme en su vida y decir lo que les había ayudado. Claro, delante de ellos disimulaba y me reía, pero luego me entraban unas ploreras de emoción por la noche que tenía que disimular para que los que estaban conmigo en el hospital no se pensaran que me encontraba mal. Jodios. Os quiero. No os imagináis lo bien que me hacéis sentir.

El señor Joan hizo magia una mañana de marzo de 2006. Estoy segura de que hizo magia muchas veces más. Seguro que Alberto lo va a guardar muy dentro de su corazón, igual que yo guardo a mi propio abuelo y a nuestras fabulosas complicidades. Siento no haber conocido a este hombre más que de oídas y siento que el homenaje que le puedo rendir desde aquí sea tan pobre. O no. Igual es una buena idea asociar su recuerdo a la vida, a crear momentos mágicos en la vida. Un saludo, señor Joan.

domingo, 1 de febrero de 2009

Y llevábamos un buen rato hablando...


... de nuestras tonterías de cada día, de las ocurrencias de nuestros retoños y de las cosas que son nuestras cosas más importantes aunque luego, a veces, disimulamos como si hubiera otras que lo fueran más. Podríamos haber estado en la playa, con los zapatos en la mano a la orilla del mar, mientras sacudíamos la arena de los pies... pero no, claro, estábamos en la habitación del hospital.

Y entonces empecé a mirarte a la cara, hacía tiempo que no estábamos las dos hablando de una forma tan directa y tan íntima; y reparé en tus pecas, que son como mis propias pecas y que conozco desde hace tanto tiempo... Pero lo que más me sorprendió fue descubrir esas pequeñas arruguillas en los ojos. Que son como las mías, que habrán florecido al mismo tiempo que las mías y en circunstancias y por motivos tan similares. Pero, al mismo tiempo, las miraba como hipnotizada por lo que me revelaban de tu carácter y de esa belleza que te he visto ir adquiriendo con los años. Te vi tan serena y tan tranquila que me quedé feliz mirándote. Muy feliz.

Tengo mucha suerte y tú eres fantástica.

ooOOOoo




Estoy segura de que acabará tocándola algún día, si sigue con el instrumento que le han dado en el cole; la canción es para tu niña, y también para ti... me está recordando la paz que sentí al hablar contigo...

miércoles, 14 de enero de 2009

Año de maravillas

Iba a preparar una entrada sobre otro tema, pero me he puesto a hacer los deberes con mis APODs de esta semana y me he encontrado esta pasada de vídeo :-)






túrána hott kurdís by hasta la otra méxico! from Till Credner on Vimeo.


Es demasiado bonito para dejarlo pasar. Y es un buen momento para recordar que 2009 es el Año Internacional de la Astronomía. Y, mejor aún, para disfrutarlo :-)

Y pasaos también por aquí :-)

martes, 13 de enero de 2009

Aún no sé si he vuelto...

... pero parece un buen momento para cerrar el paréntesis musical.

Y no me preguntéis por qué esta canción ¡¡sólo sé que lleva tres días dentro de mi cabeza y que tengo que soltarla!! :-)





Y gracias de nuevo :-) Prometo hacer una crónica cutre un día de estos. Es más, ¡¡lo necesito para aclararme!! :-)

domingo, 21 de diciembre de 2008

Vacaciones

Es posible que esté una temporada sin pasar por aquí. Pero volveré.






Gracias...


miércoles, 10 de diciembre de 2008

Intolerancia



No parece por consiguiente aceptable que los españoles lleven la intolerancia en "la masa de la sangre". Es una afirmación inexacta que retrotrae la cuestión a un supuesto previo y anterior. ¿Existe realmente esa intolerancia? Yo creo que sí, que existe, pero que es intolerancia de gente que, como hemos visto, no son de suyo intolerantes. En mi opinión, la intolerancia española procede del pesimismo moral de los españoles respecto de los españoles. Lo primero que se dice a una adolescente española cuando sale con amigos o compañeros es "tú no te fíes". Al muchacho que va a estudiar a la capital le aconsejan que "no se fíe de nadie" y en el lenguaje familiar se le dice a veces, a mi juicio con exageración, "tú no te fíes ni de tu padre".

La desconfianza moral es correlativa a una inseguridad casi absoluta. A veces el español se descuida y le quitan la novia, le birlan el empleo o coge una pulmonía, y se dice fue un descuido, que olvidó el sabio consejo de validez permanente de "tú no te fíes ni de tu padre". La fuerza de esta desconfianza moral lleva, inexorablemente, al dogmatismo intolerante. Poco a poco, gracias a esta peculiar educación sentimental, se desconfía de todo aquel que no pertenece a la capilla, que no está en el grupo cerradísimo de personas que por necesidad han de confiar los unos en los otros.


La intolerancia de los españoles, Enrique Tierno Galván.



Cuando ejercías ayer de Pepito Grillo, acabé pensando que buena parte de eso que me echas en cara podría ser debida a mi educación, al tantas veces repetido "¡Cómo puedo tener una hija lista tan tonta!" o al no menos convocado "Si es que se te comerán hasta el hígado de fácil que pones que se aprovechen de ti... ". Y pensé en este artículo de Tierno Galván que publicaron este fin de semana en El País. De él saqué el párrafo, porque puede que ese sea mi problema.

No estoy diciendo que tú seas una persona más confiada. Sólo que tu desconfianza tiene otra forma de manifestarse; posiblemente, una forma más inteligente, aguda y eficaz de manifestarse. Mi desconfianza se parece demasiado a la de una niña que teme que le quiten algo y no encuentra mejor forma de defenderlo que esconderlo en el bolsillo más secreto de su mochila y poner mala cara y gruñir a todo el que mira (y si se le ocurre tocarla, ni te cuento) hacia esa mochila, sepa o no sepa que guarda un secreto, esté o no interesado en quitarme ese algo... Tengo pocos recursos.

Pero es que no me hace falta que me lo digas. Ya lo sé. Y, de hecho, si soy yo la que me lo digo me acusas de autofustigarme. Te lo dije ayer: de nada me sirve el médico que me dice que tengo gripe (seguramente ya lo sabía, cuando fui a la consulta), si no me da un tratamiento eficaz y práctico para quitarme la gripe de encima.

Necesito eso. Una forma de vacunarme. Y, si fuera tarde para la vacuna, una forma de curarme. Algún tipo de pauta que me obligue a parar y pensar. Que no, que he dicho que me obligue. Tus recomendaciones y buenos deseos no me obligan a nada.

Los míos, menos aún, por lo que se ve...

martes, 9 de diciembre de 2008

Si alguna vez me siento derrotado, renuncio a ver el sol cada mañana...


No sé si es la navidad que no cesa o el solsticio de invierno derrocado o que ya se acerca mi cumpleaños, pero a una se le meten últimamente grumos de morriña por las mañanas, garganta abajo, mientras va camino del cole con miniyo.

Y no sé en qué iba perdida hoy, pero me sorprendí canturreando esta canción...





... que ya me vale. Pandilla de progres irredentos, caramba...

Y recordé la vez que más me entró, escarbando hondo acá en lo blando. Hace muchos años, aún existía Superette en Valencia. Y estaba yo escogiendo patatas de una montaña de bolsas de dos kilos... y me quedé parada y llorando porque empezó a sonar por el hilo musical. Claro que tenía 22 años, la cabeza llena de ideas, la mochila vacía de cosas y el estómago lleno de mariposas...

Hoy me he quedado pensando que igual hay más de una Yolanda alegrando este mundo por culpa de esta canción. Pandilla de progres irredentos... qué diantres, a mucha honra.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Amores perros (y 5)


Cachorros. Hoy he estado rodeada de cachorros; cachorros de muy distintos tamaños y de muy distintas edades. Los había de 14 meses, de 11 años, de 5 años, de 3 meses, de 14 años... Iban en cochecito, en silla o andando. Los había increíblemente pequeños, los había más altos que yo, los había que apenas sabían hacer otra cosa que lloriquear y los había que apenas sabían hacer otra cosa que sonreír de forma maravillosa. Los había habladores, los había callados, los había con gafitas y carita de pena, los había con ojazos increíbles... Mi propio cachorro estaba preciosa, pero con la voz engolada y algo de fiebre. La cola de la pediatra es un universo regalado, veinte minutos de espera, miradas, chistes, risas y charlas tontas. Una terapia para los malos rollos.

Cachorros. No hay nada tan mágico como un cachorro de hombre y un cachorro de perro jugando juntos. Ni hay nada que nos devuelva tanto a la magia de nuestra propia infancia como jugar con un cachorro. Si recuerdo con tanto cariño a Roni, supongo que fue por el ratito de cachorrez que compartimos juntas, jugando cada una a su propio juego, pero juntas, en el terrado de casa...

No pude jugar con Pepa cuando era cachorra.

Pepa llegó la tarde de un día de Navidad. Al verla pensé que era la perra más triste del mundo. Sus ojitos estaban llenos de miedo. Tenía ya diez meses y era la perra más triste que había visto nunca y la quise en cuanto la vi. Tan triste que no me podía creer que hubiera salido de la misma camada que Moncho... Moncho, ese sí fue mi cachorro, mi precioso cachorro juguetón. Mi precioso cachorro, atropellado por un coche que ni siquiera paró. Habíamos reservado coche cama en el tren para poder ir con el perro de vacaciones. Cuando subimos al expreso en Madrid empezamos a llorar. Cuando llegamos a Fene y nos dijeron que una hermana suya buscaba casa, ni lo pensé. Y así entró Pepa en mi vida en la tarde de un día de Navidad. Mi perra estaba triste, muy triste.

Tan triste, que en apenas cuatro días había perdido más de un kilo; y os estoy hablando de una perrita Yorkshire terrier de 3 kilos y medio. Creí que se moría, creí que me moría con ella. Nunca he paseado tanto como aquellas navidades; pero es que sólo la veía contenta cuando agarraba la traílla para bajar a la calle. Entonces sí parecía una perra feliz, girando y girando sobre sí misma y mirando feliz a la correa, moviendo el rabo. Y no podíamos parar: si se me ocurría parar a descansar o a charlar con alguien, lloraba. Había que andar, andar, andar...

Estoy segura de que si no murió fue por mi madre y la santa paciencia de mi madre. Cuando todos desesperábamos de darle de comer, acudió ella. Esperaba a que todos nos hubiéramos ido a la cama y entonces empezaba pacientemente la faena de intentar alimentarle. El pienso que le habíamos comprado tenía forma de anillitos; cuando le metíamos una rosquillita de esas en la boca, la escupía. Fue mi madre quien tuvo la idea de meter un trocito de jamón en el hueco y consiguió engañarla y que comenzara a comer algo.

Creo que fue allá por febrero cuando definitivamente nos aceptó. Perdió la tristeza de la mirada (o dejó de ser lo más llamativo, o empezaron a brillarle los ojos... pero algo cambió para mejor, para dejarnos ver que nos quería) y comenzó a jugar. Nunca perdió su manía por salir a la calle con correa (si no, no le gustaba) y de andar, andar, andar sin parar y desesperándose cada vez que yo interrumpía el paseo. Odiaba andar por la hierba, era como si le quemara los pies, pero adoraba correr por la arena de la playa. Y nadar en el mar.

Cuando crió y nos quedamos con un cachorro, Moncho -de nuevo, intentando recordar al anterior- me topé con una señora muy seria que me miraba con una cara más seria aún por obligarle a convivir con aquel cachorro que nunca dejó de ser un cachorro. Una señora que cuidaba la casa, ladrando con toda su alma a cualquiera que osara asomarse a la puerta, aunque luego el mayor peligro solía ser que se le meara en el pie en cuanto se agachaban a acariciarla (y de la misma alegría se orinaba encima.) En mi casa siempre había una fregona y un cubo preparados.

Moncho murió en circunstacias parecidas a las de su tío, el Moncho original. Creíamos que Pepa se pondría muy triste pero fue como una liberación para ella. A veces he pensado que le amargué la vida obligándole a convivir con su cachorro toda la vida... igual esas miradas que me echaba venían a decir "Pero este... ¿no tendría que haber salido del nido ya?". Empezó a jugar con María (nunca antes le había hecho caso), volvió a jugar con la pelota, volvió a hacer monerías...

Pero ya era vieja. Tenía trece años. Al año o así, empezó a desorientarse mucho. Y apenas podía retener ni las heces ni la orina. De noche, se despertaba e intentaba ir hacia la puerta de la calle, pero la pobre acababa en cualquier otro rincón de la casa y allí la encontrábamos, por la mañana, con cara de pena que se transformaba en sorpresa cuando no le échabamos la reprimenda que esperaba por haber hecho sus cosas en medio de mi habitación o de la sala (dependiendo de en qué esquina del pasillo había perdido el rumbo).

Se puso cada vez peor. Y parece que peor y peor, en cuanto comenzaron las visitas al veterinario. Le encontró no sé qué en el riñón y la medicó... y eso le afectó al hígado. Su última semana fue espantosa. No comía ni bebía; estaba en su camita, mirando sin ver, con la lengua de fuera, muy hinchada. Le acercaba agua, le acercaba comida y ni la miraba. Un día, a la desesperada, le empecé a dar leche con una jeringuilla, intentando que no se deshidratara, que recibiera algo de alimento... la pobre acabó orinándose encima, perdiendo mucho más líquido del que pude intentar darle. Al día siguiente fue al veterinario y le inyectó suero. Volvió a pasar lo mismo.

Cada día la miraba antes de salir de casa por la mañana. Y miraba a mi marido, a ver si caía en la cuenta. Sabía qué teníamos que hacer, pero yo no me atrevía. Era una pequeña cobardica que esperaba llegar un día a casa y ver la cesta vacía y no tener que preguntar nada. Él parecía no caer en la cuenta... hasta que un día, de repente, a mitad de la tarde me dijo "Dale un beso a Pepa, me la llevo al veterinario..."

Y así nos despedimos mi Pepa y yo. La perra más triste del mundo, la perra más tranquila del mundo, la perra más cariñosa del mundo...

jueves, 20 de noviembre de 2008

Nothing but a fool's game






Sonó un trocito en la radio mientras volvíamos de la piscina, antes de comer... Era parte de un anuncio, Las canciones de nuestra vida o algo así.

Y me puse a pensar en la primera vez que la oí, ¿tenía doce, trece, catorce años? No lo recuerdo. Recuerdo lo mucho que me llamó la atención la voz de Bonnie Tyler. Nunca había oído a una mujer con la voz tan grave, tan ronca... tan rota que me hizo sentir pena, que hizo que me cayera simpática. Una voz para el desamor, triste, arrastrada, pero dulce... Dulce fue el adjetivo que asocié instintivamente a la canción y a la cantante, pero ¿cómo podía una voz así hacerme sentir que quien cantaba era, por fuerza, una mujer dulce que, además, pedía ayuda?

It's a heartache, nothing but a heartache
Hits you when it's too late, hits you when you're down.
It's a fool's game, nothing but a fool's game
Standing in the cold rain, feeling like a clown.


Puede que la letra sea algo tonta. O puede que sea yo la que anda algo tonta... quién sabe...

lunes, 10 de noviembre de 2008

¿Lunática?


Hoy la Luna ha salido temprano. A eso de las cinco y media iba cruzando el ágora, hacia el Rectorado y ya estaba allí. Aún no está llena, pero ¡cómo brilla la condenada!. Además, estaba rodeada de nubes de atardecer, de nubes pintadas entre ese naranja y ese rosa que quisieras ser capaz de reproducir con palabras, cuando sabes que apenas sí podrías ser capaz de reproducirlo con colores... una Luna preciosa, brillante, casi llena, a punto de ser engullida en un océano de nubes de color de despedida del Sol... me quedé mirando, mucho rato... mucho, mucho...

María dice que estoy embobada con la Luna, que soy una lunática.

Y, al volver a casa, ya oscuro y con la Luna brillando mucho más, pensé en lo que me dice María, y me eché a reír... No, María, no... no soy lunática. Soy tan tremendamente terrícola que me sorprende que no esté sacando la cabeza por la ventana, aullando a esa Luna. Soy tan tremendamente terrícola que, a veces, hasta sueño que me atrevo a hacerlo y que la Luna me responde...

Soy tan tremendamente terrícola que puedo disfrutar sin tapujos de la Luna.

De esa enorme bola de luz robada que acompaña a mi hermosa roca azul... a mi hermoso y grande pequeño punto azul pálido...

martes, 28 de octubre de 2008

He vuelto a ver Little Miss Sunshine...






Hoy es el cumpleaños de María. No quiero ser la mejor madre del mundo, pero quiero estar dispuesta siempre a bailar con ella en el escenario. Y a no dejarle dormirse...





Dwayne: Sometimes... I wish I could just sleep until I was eighteen and skip all this crap -high school and everything- just skip it.
Frank: Do you know who Marcel Proust is?
Dwayne: He's the guy you teach.
Frank: Yeah. French writer. Total loser. Never had a real job. Unrequited love affairs. Gay. Spent 20 years writing a book almost no one reads. But he's also probably the greatest writer since Shakespeare. Anyway, he, uh, he gets down to the end of his life, and he looks back and decides that all those years he suffered, those were the best years of his life, 'cause they made him who he was. All those years he was happy? You know, total waste. Didn't learn a thing. So, if you sleep until you're 18 -ah, think of the suffering you're gonna miss. I mean high school? High school-those are your prime suffering years. You don't get better suffering than that.

Dwayne: You know what? Fuck beauty contests. Life is one fucking beauty contest after another. School, then college, then work... Fuck that. And fuck the Air Force Academy. If I want to fly, I'll find a way to fly. You do what you love, and fuck the rest.


Actualización (29/10/08): Se me olvidaba... una de las cosas (otra de las muchas cosas) que hacen especial esta película es su banda sonora,




lunes, 20 de octubre de 2008

Helado de chocolate



Saborear un helado de chocolate. Sentir el terciopelo en la boca, fundiéndose despacio mientras relames el pequeño pliegue junto a los labios -no quieres desperdiciar nada-. Pegar un chillidito de alegría cuando encuentras la veta de chocolate fundido entre la crema helada. Ir notando como se satisface la gula, como poco a poco se calma el hambre, el hambre egoísta, el que no está provocado por la necesidad, sino por las ganas de disfrutar, de sentir una caricia dulce en la boca. Hambre egoísta, que se satisface sin grandes cargos de conciencia. Hambre egoísta, que se satisface con avaricia, cuando decides tapar la tarrina y dejar otra ración para disfrutar en otra ocasión, igual de dulce, igual de breve, igual de intensa, igual de grata.

Hambre egoísta, que se empeña en dar vueltas con la cuchara rascando en una tarrina vacía...


Gracias por descubrirme esta canción, Alicia.



miércoles, 15 de octubre de 2008

Fuera de lugar


Nos empeñamos en plantar árboles en medio de las aceras; y luego nos quejamos cuando esas mismas aceras aparecen llenas de hojas caídas.

viernes, 3 de octubre de 2008

Let's go fly a kite



Let's go fly a kite
Up to the highest height
Let's go fly a kite
And send it soaring
Up through the atmosphere
Up where the air is clear
Oh, let's go fly a kite!


"¡Vaya, qué casualidad! Hace viento y llevo la cometa en este bolsillo..." Y tenías tal cara de pilla que me eché a reír y seguí creyendo en las casualidades. Hicimos un par de chistes sobre la posibilidad de combinar los patines -hoy toca patinaje- con la cometa -siempre y cuando, eso tan raro que te regalaron el otro día sea una cometa- e inventar un nuevo medio de transporte. Y así llegamos a la esquina del semáforo, te di la bolsa de los patines y me quedé esperando, como hago todos estos días, a que cruzaras las dos calles... Sólo que hoy te grité "¡Hasta mañana!" mientras ibas cruzando, y me sonó raro y lejano y se me congeló la sonrisa mientras te ibas alejando...

Me quedé pensando en cometas. Y es que, es curioso, te voy soltando cuerda poco a poco. Quien me vea parada en esa esquina, mirando hasta que te pierdo de vista, no sé qué pensará. Yo hoy me quedé pensando que voy soltando cuerda poco a poco... Hasta que salgas volando, mi reina...




martes, 23 de septiembre de 2008

"No tengas miedo de ser la persona en la que te has convertido"



"Mi médico siempre me decía que deseaba lo mejor para mí pero, a veces, lo que parecía mejor resultaba que no lo era. [...] me pedía sobre todo que confiara en él, y recalcaba: yo siempre he creído que si mi "yo" del pasado tomó esa decisión era porque creía en ella. Respeta a tu yo anterior.

[...] Cuando salí del hospital, reflexioné sobre esas palabras. Era un buen descubrimiento y no sólo para la vida médica sino para todo. Solemos creer que erramos decisiones; es como si pensáramos que ahora somos más listos que antes, como si tu yo del pasado no hubiera valorado todos los pros y todos los contras.

Desde que aquel médico me habló de ello, yo siempre he creído en mi yo del pasado. Hasta creo que es más inteligente que mi yo del futuro. Así que cuando a veces tomo una decisión equivocada no me enfado, pienso que la tomé yo mismo y que fue meditada y pensada (eso sí, intento siempre pensar y meditar las decisiones).

No hay que desanimarse por las decisiones equivocadas que uno toma. Debes confiar en tu yo antiguo. [...] ¿Por qué crees que ahora tienes derecho a juzgar lo que él (tu yo antiguo) decidió? Acepta quien eres, no tengas miedo de ser la persona en quien te has convertido con tus decisiones.

Las malas decisiones curten, las malas decisiones, dentro de un tiempo, serán buenas decisiones. Acepta eso y serás muy feliz en la vida y, sobre todo, contigo mismo.

[...]

En un 80% eres consecuencia de tus decisiones. Quiérete por el resultado de lo que eres. Quiérete porque en eso es en lo que te has convertido. Y sobre todo reconoce que a veces te equivocas. Y ese 20% de equivocaciones tienes que reconocerlas y aceptarlas.

Como me decía aquel médico: "Reconocer" es la palabra clave. Debes reconocerte a ti mismo, reconocer cómo eres y reconocer la culpa.

En el hospital nos enseñaron a aceptar que podíamos equivocarnos. Mi médico a veces se equivocaba y siempre aceptó la culpa. El mundo iría mejor si aceptáramos que nos equivocamos, que hemos errado, que no somos perfectos. Mucha gente intenta buscar una excusa a su equivocación, buscar otro culpable, quitarse el muerto de encima, lo que no conocen es el goce de aceptar la culpa. Un goce que tiene que ver con saber que has tomado una decisión equivocada y que lo admites.

Me encantaría ver juicios en los que la gente aceptara la culpa, conductores a quienes pararan y que reconocieran que iban a más velocidad de la permitida.

Es importante que reconozcamos que nos equivocamos para así tomar conciencia de dónde están los errores y no cometerlos nunca más. Quizá muchos tienen miedo al castigo que esto puede suponer, pero el castigo es lo de menos, lo único importante es dar a nuestro cerebro los items correctos."

El Mundo Amarillo, Albert Espinosa.


El lunes desperté viendo una entrevista de Buenafuente en la tele. En concreto, esta. Y estoy por creer en el amor a primera vista, porque este hombre me dejó a cuadros. Y feliz. Igual en eso consiste ser amarillo.

Es un libro lleno de palabras sencillas y de ideas sencillas, pero muy grandes. Y sólo tiene un objetivo: conseguir ser feliz... conociéndote a ti, conociendo a los que te rodean, aprendiendo a creer en los sueños y aceptando que la muerte no es eso que le ocurre a los demás. Y será por eso que volviendo a casa en el autobús y releyendo el libro me acordé de alguien que podría haber escrito alguna que otra frase de este libro (aunque pensándolo mejor, Natxo era amarillo. Puede que el más amarillo de todos los amarillos. Y pensándolo mejor aún, Natxo es el amarillo de todos los amarillos. Es curioso, fue un pacto de vida sin que supiéramos que lo era).

Y los párrafos que he reproducido... pues me vais a perdonar, pero los he incluido como una especie de autohomenaje. O no. Me ha prestado mucho encontrar ese capítulo: llevo años pensando eso mismo y ha sido bonito encontrarlo escrito y, además, expresado de una forma tan simple y directa. Igual no es más que una enorme casualidad. Al ver sobre papel esas ideas tuve la satisfacción de quien ve que le dan la razón, pero también advertí que aún tengo que trabajar algo más sobre ello. Ayer tuve una discusión con María sobre aceptar su culpa cuando hace algo mal; y hoy lo he encontrado en el libro... junto a otros capítulos en los que tengo que aplicarme mucho; como el que habla de que lo difícil no es aceptarse como es uno, sino aceptar al resto de la gente. O como el que cuenta que hay un truco para no enfadarse jamás. Mis culpas más notorias, falta de empatía, impaciencia y facilidad para dispararme. No está mal para empezar: tengo más argumentos para mi niña y la posibilidad de aplicarme mi propia medicina...

Leed el libro :-)