miércoles, 6 de junio de 2007

Y la Luna debió sonreír


Se quitó la zapatilla del pie izquierdo, que se estaba resistiendo, y pudo poner por fin los pies en la arena. La notó muy fría, muy distinta a como la encontraba cuando iban a la playa de día y había que salir corriendo hacia la orilla para no quemarse los pies. Sin embargo, era una sensación muy agradable; y el hecho de estar allí, de noche, descalzo por la arena y con toda la playa para él solo le resultó extrañamente placentero. Echó una mirada hacia atrás, alcanzó a ver a sus padres en la terraza del hotel en el que habían cenado. Habían pedido café y estaban hablando. Empezaba la aventura...

Miró al cielo, vio el perfil de la Luna, vio las estrellas... se puso a repasar mentalmente la clase de Cono en la que el profe les había hablado sobre el cielo nocturno. Si recordaba bien lo que habían visto, la Luna estaba en cuarto creciente. Y aquello que parecía una estrella enorme, realmente era Venus. El profesor había hablado de otros planetas, les había dicho cómo reconocer a Marte y a Saturno y a Mercurio, pero no era capaz de distinguirlos. También había hablado de muchas estrellas, pero se encontraba perdido en medio de aquel paisaje tan sugerente y que estaba dejándole inmovilizado de impotencia ante la vista de tantas cosas que podía ver allí mismo, pero de las que ignoraba tanto...

Se quedó mirando al cielo, con los pies en la arena y, poco a poco, empezó a ensoñarse en una historia que le iban dictando su imaginación y sus sensaciones. Era Anakin Skywalker y era el mejor piloto de la galaxia y había recorrido aquel cielo lleno de estrellas y había tocado la Luna. Y ahora, había vuelto a Tatooine y tenía que rescatar a su madre, secuestrada por los moradores de las arenas. Y en ello estaba, corriendo sigiloso por la playa, usando las tumbonas del hotel como parapetos cuando tropezó con la caracola. Envainó su sable láser (de todas formas, aquel palo que había encontrado olía fatal) y la recogió, deseando con todo su corazón que no estuviera rota.

No lo estaba. No era muy grande, pero abultaba más que el teléfono móvil de su padre. Desde luego, apenas cabía en su mano. Tenía mucha arena dentro, así que fue hasta la orilla para limpiarla. Aprovechó también para quitar una bola como de paja que parecía tener incrustada; esto lo hizo con algo de aprensión, como si tuviera miedo a que algún bicho terrible saliera del interior. Le costó bastante eliminar completamente todas las briznas y dejarla razonablemente limpia de arena. Pero lo consiguió y entonces tuvo en sus manos una caracola casi perfecta (era una lástima que tuviera la punta algo mellada), que brillaba a la luz escasa de las farolas de la terraza, pero que se adivinaba blanca, brillante, nacarada...

Sólo entonces pensó en llevarla a la oreja y descubrir si era cierto lo que decían sobre escuchar dentro el mar. No acababa de decidirse, porque le parecía que debía de ser mentira. El mar no cabe dentro de una caracola. Y si era cierto, es que debía de haber algo mágico dentro de la caracola. Pero la magia no existe.

Se quedó dudando unos momentos, mientras miraba la caracola y los débiles destellos que conseguía arrancarle cuando la giraba hacia la terraza. Por fin, se decidió y se puso la caracola en la oreja.

No estaba preparado para eso. ¿Qué era lo que oía? ¿De verdad era el mar? ¿De verdad el mar escondía esa canción, esa respiración rítmica que estaba consiguiendo hechizarle? Era un ruido extraño, amplio, redondo... pero le calmaba, conseguía apaciguarle y podía imaginarse perfectamente en medio de la nada, mecido por olas y extrañamente relajado...

No pensó más que en compartir su hallazgo. Corrió de vuelta a la terraza del hotel junto a sus padres, que seguían charlando, ahora con la pareja que ocupaba la mesa de al lado. A medida que se acercaba empezó a preguntarse si realmente había tenido una buena idea, si realmente...

-"... Pero... este niño ¿de dónde sales descalzo? ¿te has metido en la arena? ¿y tus zapatos?"
-"¡Mamá, mira! He encontrado esta caracola..."
-"Hombre, ¡por Dios!, sácame eso de ahí, me vas a ensuciar la falda, no enredes... ¿dónde has dejado las zapatillas?"
-"Mamá, mamá, ¡escúchala! ¡ponla en la oreja!"

Y se la puso él mismo. Pero la mala suerte quiso que en ese momento su madre girara la cabeza. La caracola salió volando y cayó en el suelo de la terraza. Rompió.

Sus padres volvieron a la conversación interrumpida con los vecinos de mesa, mientras él recogía los trozos del suelo. Tenía ganas de llorar, notaba un bulto raro en la garganta... "A veces hay cosas que nadie puede arreglar. No eres todopoderoso, Ani"... pero decidió contenerse e intentar calmarse, no caer en la tentación de la rabia y ser fuerte. Sabía cuáles eran las consecuencias de dejarse llevar por la ira.

Así pues, no lloró. La caracola se había roto, pero había podido escuchar el mar en su interior. Sabía que era posible la magia de meter el mar dentro de una caracola y que esa magia podía perdurar en su recuerdo, que era importante para él más allá de lo que pensaran los demás. Y que ya no se la podrían quitar, aunque se hubiera roto la caracola.

No había sido una mala noche para un pequeño padawan. Contempló lo que quedaba de la caracola en su mano y luego volvió a mirar la Luna, la Luna que también tenía su magia. Algún día, alcanzaría también la magia de la Luna.

martes, 5 de junio de 2007

Cosas importantes (2)

De nuevo gracias a Llámame Lola. Este vídeo, además de gustarme, va por algo que merece una promoción y porque ellos lo valen: Payasos Sin Fronteras.

Cosas importantes



Viñeta de Ramón en El País

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6 de Junio de 2007: Actualización

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6 de Junio de 2007: Segunda actualización :-)

domingo, 3 de junio de 2007

No puedo morirme sin ver una



¿Vendrás conmigo?

sábado, 2 de junio de 2007

¿Era eso?


A veces llego a conclusiones raras.

Y, ahora mismo, no hay quien me baje de la burra: hacerse mayor es aprender a mentir.

Lo hacemos poco a poco, convenciéndonos de que es por una buena causa, aprendiendo a sacar tonos grises de ese blanco y negro que tanto respetamos cuando somos niños. La verdad es que la analogía que se me ha ocurrido es un poco absurda, pero creo que expresa lo que quiero decir. Cuando vas con un niño por la calle, te obligas a ti mismo a parar cada vez que el semáforo está en rojo. Te quedas ahí, con cara de buen ciudadano, esperando estoicamente a que el señor rojo se convierta en el muñequito verde que te franquea el paso. El resto de la gente cruza sin esperar, pero aguantas contra viento y marea, con paciencia porque quieres que el niño saque una lección clara: se cruza en verde y, mientras está en rojo, uno se espera.

Las consecuencias suelen ser variadas. Para empezar, hay días que vas sola por la calle y no cruzas ni un semáforo en verde para desquitarte de tanto semáforo en rojo respetado. Pero lo peor es el día que decides que el niño ya es bastante mayor para decirle. "Venga, aprovechamos ahora, que este semáforo tarda mucho y no vienen coches...". Y empiezas a meter el gris en una cabeza que hasta ese momento seguía un razonamiento binario...

Usamos la mentira para defendernos, para justificarnos, para ahorrarnos esperas, para ahorrarnos daños... las más de las veces nos ofrece una salida cómoda y un abrigo confortable. Nos permite escondernos a los ojos de los demás igual que la ropa nos ahorra la vergüenza de que nos vean como somos. Nos permite proyectar nuestros sueños, la idea que tenemos de nosotros mismos o, al menos, la idea de cómo nos gustaría ser... haciéndonos la ilusión de que igual engañamos a alguien y se cree que realmente esa imagen proyectada es real.

Por eso es adictiva, por eso la usamos tanto. Por eso una mentira engendra más mentiras y de esa primera mentirijilla que soltamos en defensa propia, de ese primer momento en que decidimos Esto no es negro, sólo es un poquito gris.. acabamos tejiendo una red que no sabemos si nos sujeta o si nos ata. Queremos tejer una red como la de los equilibristas y lo más normal es que tejamos una tela de araña que nos pringue y que no nos deje movernos, que nos vaya inmovilizando más y más...

Pero vivimos en un mundo de color gris, y es absurdo intentar ir de color blanco puro por ahí. Casi es mejor decidirse por el negro absoluto, te respetan más. Igual por eso este mundo nos da tantas naúseas en ocasiones y tantas ganas de salir corriendo y no parar. Porque por mucho que te empeñes en no crecer, con esto de vivir aquí y no en Neverland, te toca mentir. Y algunas mentiras son hasta divertidas, son travesuras... Pero otras te dejan con ganas de gritar. Salvo que hayas aprendido a engañarte a ti mismo, pero es que entonces ya no tienes salvación.

Bueno, puede que hacerse mayor sea precisamente eso. Más que aprender a mentir, aprender a que las mentiras no se te coman vivo. O aprender a mentirte sobre qué grado de mentira es aceptable y cuál no. Porque tal vez el verdadero problema es que la verdad, esa a la que tanto quieres, no tiene el éxito social que se merece. Son muchos los que salen huyendo horrorizados ante ella y son más los que entenderán mejor tus mentiras que tu verdad.

No entiendo por qué no puedo decir lo que pienso de verdad. Pero al actuar así se supone que me comporto como una adulta responsable. Pues qué mierda...

martes, 29 de mayo de 2007

El álbum de fotos



Nunca salía bien en las fotos, pero aquella se salvaba. Seguramente porque la habían pillado por sorpresa (habían tardado tanto en hacerla que, cuando por fin se disparó la cámara, miraba hacia otro lado). Tenía una expresión rara, como de fastidio. Igual no salía bien en las fotos porque odiaba posar y la cámara le devolvía lo que veía. Miraba hacia otro lado, como quien quiere que le aparten de sí ese cáliz.

Él, sin embargo, estaba radiante. Se le salía la sonrisa de los límites de la cara, tenía el pecho hinchado y la sujetaba por los hombros como si tuviera miedo de que se le escurriera. Se le veía orgulloso, como si estuviera a punto de iniciar la aventura más fascinante de su vida.

Detrás de ellos estaba el mar. Como una metáfora, como un escenario para enmarcar un baile o, simplemente, un paseo. Una vuelta alrededor de la vida. O un marco para esperar a que la vida empezara a marearlos a base de dar vueltas, en el peor caso. Además, la luz aparente tenía un truco: el fotógrafo siempre usaba flash para mejorar el resultado. En esta fotografía en concreto, conseguía que pareciera que las figuras flotaban ligeramente.

Era un efecto del flash. O un defecto, vaya usted a saber. No estaban flotando o, por lo menos, no deberían estar flotando. Desde luego habían pasado años desde la foto y ahora los pies estaban, seguro, en el suelo. O deberían.

Era la última foto de un álbum, aunque había sido la primera.

sábado, 26 de mayo de 2007

A veces, sueño. Y, a veces, vuelo...

Hoy soñé que estaba despierta
y, aún así, el sueño seguía siendo real.
Soñar que sueño que estoy despierta,
despertarme en medio de un sueño para seguir soñando.

miércoles, 23 de mayo de 2007

Puta vida, puta poesía




Princesas


oooOoOooo


Ante todo, mis disculpas a Fernando León. Que cojan una de tus películas (¡sobre todo, ésta!) y que la reduzcan a seis minutos escasos debe fastidiar mucho. Con el agravante de que han montado un truco similar al final de Cinema Paradiso, cuando aparecen al final de la película, uno tras otro, todos los besos que la censura había recortado en tantos y tantos años...

Pero salí de ver esta película con la necesidad física de tener esos diálogos (bueno, monólogos) de Caye, de una puta que cuando está en la farmacia haciendo acopio de condones y óvulos espermicidas, tiene la suficiente poesía en el cuerpo para decirle a una niña que juega con la báscula de la farmacia "...Cero kilos, qué poquito... eso es que debes ser un ángel". Y agradeces que la vacaburra de la abuela de la niña le suelte "Eso es porque hay que echar una moneda..." para soltar una carcajada sin ganas... que luego lo piensas y te preguntas que por qué diantres te estabas tú riendo si realmente te habían entrado ganas de llorar.

Por eso, cuando vi el vídeo no pude resistirme. Como tampoco puedo dejar de decir que hay mucha más poesía en la película y que no puede describirse bien con palabras, hay que verla, hay que perderse por ella. Si podéis, disfrutadla, que no están los tiempos para dejar escapar ningún gramito de magia que se nos cruce por el camino.

martes, 22 de mayo de 2007

Cuatro años

Cuatro años sin fumar. Hoy me he encontrado este vídeo y lo he recordado,



Llamadme pesada. Me da lo mismo. Pero daros una oportunidad. Ya no hay ruiditos en el pecho, ya no hay tos. Huelo mejor, respiro mejor, me siento mejor...

Nunca mejor aplicada la etiqueta de "La Vida Misma".

lunes, 21 de mayo de 2007

El incidente del espagueti


El caso es que acabó con el plato de espagueti como sombrero. No me mires así, déjame explicártelo.

Recuerdo que ya estaba hablando mientras yo esparcía el queso sobre la pasta. Adoro los espagueti boloñesa. Es uno de los pocos platos en los que soporto la carne, además. Si está bien picada, claro.

Como he dicho, mientras les echaba el parmesano rallado, estaba hablando. No le estaba haciendo mucho caso. Era como un murmullo monótono y no estaba atendiendo. Prefería comprobar como el queso se fundía poco a poco al caer sobre la pasta caliente.

Comencé a comer. Envolvía los espagueti con mucho cuidado sobre la cuchara. Siempre intento no coger más de dos o tres, enrollarlos bien y hacer un pequeño ovillito que llevarme a la boca.

Pero algo en su tono de voz empezó a molestarme. Si lo pienso bien fue curioso, porque seguía sin oír lo que decía. Era todo una mera sensación debida al tono de voz.

Afectó primero a mi forma de comer. El espagueti se deslizaba del tenedor. O eso o se enganchaban demasiados de golpe y se formaba una bola incomestible, que no cabía en mi boca y que tenía que deshacer, obligándome a volver a empezar.

Y no se calmaba, iba a más. El tono de su voz se fue volviendo más y más crispante. La tensión de su voz se iba acumulando. Le sentía jadear del esfuerzo, con la boca seca y algún que otro quiebro de garganta que hacía aún más fatigoso escuchar lo que no decía.

Solté los cubiertos y empecé a retorcer la servilleta. Notaba como se cerraban mis puños y que mis nudillos empezaban a ponerse blancos con el esfuerzo. Entonces, me fijé en el plato. Miré la comida que aún quedaba en él y los espagueti me parecieron seres vivos que también se agitaban inquietos al ritmo cansino de aquella perorata sin fin que amenzaba con continuar sin cesar hasta que ocurriera algo. Entonces, caí en la cuenta, realmente no era más que una provocación.

Supongo que soy débil. Sucumbí.

sábado, 19 de mayo de 2007

Pintando escenarios



No te engañes, yo no consigo crearlos. La magia es por estar ahí juntos.



martes, 15 de mayo de 2007

Para ti


Tengo un amigo con el que he discutido varias veces, pero sólo recuerdo haber tenido con él una bronca importante. Al pensar sobre ella, me di cuenta de que había sido injusta y me sentí obligada a pedirle perdón, aunque también a explicarle lo que me estaba pasando de verdad. Y como soy así, pues me fui haciendo un mar de lágrimas mientras se lo contaba. Y me dijo una cosa que me resume muy bien, "Pobre, te estás haciendo mayor..."

Supongo que lo hacerme mayor lo sigo llevando mal, porque me sigo guiando por las cosas que siento y hay situaciones en las que no puedo comportarme de forma muy racional (sea esta mi suerte o mi desgracia). Y llevo varios días acumulando malas noticias, cosas que hacen daño a gente a la que quiero. Y no estoy segura de qué decirle a cada uno, porque cada uno tiene un dolor distinto. Y se me han juntado, y me han pillado desprevenida y no sé si puedo ayudarles, ni cómo. Pero, por lo menos, que sepan que les quiero. Y que estoy ahí mismo, si me necesitan. Si me necesitáis. Si me necesitas...

I never can say what I mean
but you will understand,
coming through clouds on the way.
This is the brotherhood of man.




Actualización: Gracias, Laura. Me has hecho recordar que, realmente, la canción buena era ésta. La que nos invita a vivir, vivir lo bueno, lo mejor y lo malo. Un beso, reina.

sábado, 12 de mayo de 2007

En verdá ta guai


En verdá ta guai... levantarte y ver al cielo devolviéndote el saludo
En verdá ta guai... tus manos en mi pelo robándome malos rollos de la cabeza
En verdá ta guai... tu niña que te mira y te saluda con un beso de fresas
En verdá ta guai... el zumo de naranja, el olor a tostadas
En verdá ta guai... el rumor de las olas acariciándote la memoria del oído
En verdá ta guai... poder cantar mientras friegas los platos
En verdá ta guai... cerrar los ojos y recordar aún la caricia de tu lengua en mi boca
En verdá ta guai... que me descubras cómo llorar sin ojos y cómo respirar sin agujeros en la nariz
En verdá ta guai... salir al patio y descubrir cinco flores nuevas
En verdá ta guai... coser esa vieja camiseta y recordar su historia
En verdá ta guai... locuras, risas, ilusiones, compañeros, guiños, pellizcos
En verdá ta guai... notar que hay cadenas que sí es posible romper
En verdá ta guai... facturas sin precio, deudas impagables, amigos
En verdá ta guai... el general Custer, rescatándote, trayéndote de vuelta a la primavera





J. tiene un blog que me provoca dependencia. No siempre estoy de acuerdo con lo que escribe, pero siempre tiene un punto de ternura que me pilla desprevenida. J., además, tiene una amiga sevillana y el otro día, me entraron muchas ganas de conocerla. Por J. y por Clara y por toda la gente que parece que está en este mundo para hacernos a los demás la vida más fácil.

jueves, 10 de mayo de 2007

Gritar


Lo podemos considerar incluso como un ejercicio terapéutico: llenar de aire los pulmones, abrir la boca (preferentemente con forma de letra A) y expulsar todo ese aire rápida y profundamente, tanto como se pueda. Y repetir esto hasta el jadeo. O hasta que se te hayan vaciado las ganas.

No creo que sea una casualidad que en inglés se use el mismo verbo para gritar y para llorar. Con los dos te puedes vaciar el alma, las vísceras y las ganas de pensar y de solucionar las cosas. Los dos representan esa salida que sabes que no debes tomar pero a la que no puedes, ni quieres, muchas veces, resistirte porque las salidas racionales o no valen o están muy caras.

Aunque lo malo de verdad viene cuando no quieres que se oiga lo que quieres gritar, cuando no quieres oirlo ni tú. Cuando piensas que si lo gritas dejará de estar en tu cabeza, dejará de estar ocupando un sitio que quieres llenar de otra forma, dejará de estar ocupando ese trozo de pecho que quieres embarcar en otro viaje. Pero la moral, el decoro y las buenas costumbres aconsejan usar regaderas de plástico verde para mantener falsas criaturas de plástico creciendo en falsos viveros de plástico... it wears her out. Sin gritos.

Es posible que me atreva a gritarlo debajo del agua, más tarde. El grito quedará ahí ahogándose, mientras yo salgo del agua. Amén.

lunes, 7 de mayo de 2007

_int-_int+int_-int_

.. hay manos capaces de fabricar herramientas con las que se hacen máquinas para hacer ordenadores que a su vez diseñan máquinas que hacen herramientas para que las use la mano ..






domingo, 6 de mayo de 2007

¡Vaya! :-D



Resulta que hoy es el día de la madre.

Me han regalado una cajita de cartón con chapitas y un paquete de chicles. De fresa.

¡¡ ... y no tengo nada más que añadir!! :-)

martes, 1 de mayo de 2007

Háblame a los ojos



-"Hace mucho que no escribes ningún relatito rico.."

Vaya, era verdad. Se le quedó mirando con cara de risa, pero era verdad. Y cuando tenía razón, tenía razón.

Llevaba unos días sin ideas. No. Ni de broma. Si había tenido algo durante aquellos días, eran ideas. Qué ideas, de qué tipo, de qué color y de qué sabor seguramente era algo que pertenecería siempre al secreto de sumario. Baste decir que eran buenas ideas, ideas divertidas y algo escandalosas en su mayor parte. Así que empezó a reír.

Y la respuesta fue la esperada, su expresión primero de despiste, como diciendo pero ¿qué ocurre?, que dejaba pasar, poco a poco, a la misma risa, que se iba contagiando. Como si fuera un bendito virus propagándose por el mundo...

Sí que tenía ideas. Ideas locas y felices; pero estaba prefiriendo vivirlas, tocarlas, lamerlas, olerlas, morderlas y saborearlas en lugar de escribirlas. Porque aquellas ideas le brotaban al mirarle a los ojos y gracias a sus ojos. Y prefería cien mil veces, un millón de veces, nadar en aquellos ojos, beberse lo que le inspiraban, que parar y escribir nada de lo que soñaba cuando se asomaba allí...

Y en ellos se quedó colgada mientras seguían riendo y una mano le dibujaba los rincones. La cazó al vuelo y la retuvo entre las suyas, mientras se le perdía la vista por la ventana. Apenas alcanzaba a adivinar el rastro de la lluvia en los cristales, y todas aquellas gotas que se fundían mientras languidecían cristal abajo. Apenas se oía ningún ruido y disfrutó de una extraña sensación de paz, de que todo estaba en su sitio, de que todo era correcto.

No era cierto, aunque fuera verdad, y sabía que al salir de allí perdería esa placidez. Aunque sólo fuera porque se llenaría de la ansiedad, los nervios y las ganas de volver a estar juntos.

Así que dejó de mirar por aquella ventana, que servía más para proteger lo que había dentro que para enmarcar lo que hubiera fuera. Y estaba dentro. Volvió a concentrarse en sus ojos. En todo lo que le invitaban a compartir. Y, de repente, le entraron ganas de escribir sobre aquellos ojos.

-"Tienes razón, a ver si esta noche escribo algo.."

sábado, 28 de abril de 2007

Llover


Ser lo que pasar en primavera cuando servidora llevar las gafas puestas...



(Y aquí, tal y como la escuchaba de peque ;-))

miércoles, 25 de abril de 2007

Mamá, ¿cuál es tu época del año preferida?




Mi niña y nuestros diálogos de buena mañana cruzando el parque :-)

Me quedó claro que me lo preguntaba para que yo le preguntara a ella lo mismo. Me dijo que el otoño, porque es su cumple y falta poco para la Navidad.

Y yo me quedé colgada, pensando en mi primavera. En estos días que son cada vez más largos. Y en este cielo tan azul que te quedarías todo el día mirándolo, mirando... mirando a los vencejos y a su danza alrededor del patio para entrar en el nido que están arreglando, mirando a esas nubes que no están, mirando sin mirar y buscando esa mirada que echas de menos...

Me gusta ver a la naturaleza brotando, me gusta esquivar a estas malditas abejas que me asustan, me gusta respirar y notar el olor a hierba recién cortada. Me gusta notar el sol en la piel y dejar que me toque con esos dedos que no aprietan...

Me gusta pensar en comienzos, en historias que están empezando, en un érase que se era y fantasear sobre cómo se desarrollarán, cómo seguirán y cómo llegarán a su clímax. Igual también toca pensar en que acabarán y cómo y por qué. Pero ahora están empezando. Vamos a disfrutar de la narración... es primavera.

domingo, 22 de abril de 2007

El mar lo perdona todo





-"Ha cambiado la temperatura... hace más fresquito ¿no?"

Es sólo uno de los pequeños milagros del mar. Y uno de los que más me gustan.

Anteayer leía una entrada en Paleofreak (¡gracias, Algernon!) sobre cómo salimos del mar. Tuve que acabar riéndome porque de repente se me vino a la cabeza el inicio de los capítulos de "Érase una vez...", con el pececillo transformándose en anfibio, transformándose en reptil, transformándose en mamífero, transformándose en mono, transformándose en persona... De ahí venimos, y por eso será que necesito saber que tengo el mar cerca, para poder volver a él en cuanto lo echo de menos.

No quiero que me entendáis mal: no tengo extraños ritos con el mar como protagonista. Ni necesito bañarme cada día en el mar, ni he sometido a mi hija a ningún rito iniciático hundiéndole la cabeza bajo sus aguas, ni bebo de sus aguas para purificarme. Pero me pregunto si sabría vivir lejos de él. Creo que no.

Su ruido, su olor, su color... Hasta esta semana no sabía qué diantres es el efecto Fresnel, pero qué tendrá eso que ver con perderse en todos y cada uno de los colores y matices que regala. Es energía en movimiento, con el mismo poder hipnótico que tiene el fuego, ¿quién puede resistirse al baile de las olas?. He pasado muchas horas mirando el ir y venir de las olas, caprichoso o no, pero con su propio mensaje y su propia coreografía... un relajante cuando necesitas respirar hondo, un murmullo amigo con una canción eterna. Tus propios pensamientos pueden sincronizarse con él, hasta que notas bailar pensamientos y olas en sintonía. La cabeza, en paz por unos instantes... y qué contradicción, que tanto más me calme cuanto mayor es el oleaje. Cuánto daría a veces para que este Mediterráneo junto al que vivo, sacara pecho de vez en cuando y me bailara como lo hace el Atlántico. Pero no me puedo quejar: este Mediterráneo me cuida y me ofrece otros colores...

Gracias por llevarme el otro día junto al mar... ya sabes, todo lo perdona :-)




viernes, 20 de abril de 2007

jueves, 19 de abril de 2007

...melting in light


La mancha azul se extendía perezosa, derritiéndose, empapándolo todo y cubriendo aquello que alcanzaban a ver.

Cada beso hizo estallar una pequeña flor amarilla, como botones de oro. Las caricias se abrían en pequeños tulipanes malvas que parecían bailar al compás de la mano.

¡Y las risas! Las risas conseguían que grandes hojas verdes les cobijaran y les protegieran, al abrigo de todo lo que estaba fuera, atenazándoles.

También hubo pequeños suspiros. Con cada uno se desprendían pequeñas burbujas irisadas, que ascendían y se iban perdiendo por el azul, azul... azul que se derretía, lo empapaba y lo cubría todo. Azul acogedor y confortable.

No había tantos colores como en Goab, pero tampoco era Fantasía. Eran ellos dos, un pequeño rincón del mundo real y el poder mágico de la luz...

martes, 17 de abril de 2007

Sonreír


Hizo como que seguía leyendo, pero la verdad es que desde que había entrado en la habitación había estado siguiendo con el rabillo del ojo todos sus movimientos.

Hizo como que se movía despreocupadamente por la habitación, pero la verdad es que desde que había entrado en la habitación había estado siguiendo el juego, dejándole que leyera en sus movimientos. Al final, tuvo que girarse y sonreír.

Sólo entonces levantó la mirada del libro y sonrió también.

Mientras salía de la habitación, surgió la complicidad y la picardía. "Ya caerás..."



domingo, 15 de abril de 2007

It was a rainy day


Fue una tarde después de comer. Creo que estaba leyendo, pero puede ser que simplemente estuviera perdida en el sofá. Sé que fui consciente de que te echaba de menos.

Qué extraño. Qué dolor tan extraño. No te conocía. Cómo se puede echar de menos lo que no conoces. Pero era así: te echaba de menos.

Y te he echado de menos tanto tiempo, tantas veces...

Va a ser todavía peor. Sé que va a ser peor, que te echaré todavía más de menos. Y que es sólo el principio, porque cada vez estarás más lejos.

Buen viaje y buena suerte. ¿Volverás de vez en cuando?... aunque sólo sea para que pueda seguir echándote de menos...

martes, 10 de abril de 2007

Los saltadores siempre pierden


Si lo pensáis bien, en el salto de altura ganar significa perder: en el resto de especialidades te mides en relación con tus compañeros, compites con ellos y el que lo hace mejor gana. Pero cuando practicas salto, tu rival es un listón que, a la larga, siempre acaba ganándote: ganas cuando el listón te hace perder. Es la única especialidad, además, en la que puedes seguir compitiendo sólo, a la espera de que llegue esa altura que no puedes superar al cabo de tres intentos. Y en el momento en el que pierdes, ganas.

¿O era al revés?

No era una cuestión como para perder el sueño, hasta que, no sé por qué, el hilo de mis pensamientos me llevó a la cuestión de "¿Qué hay más paralizante que el miedo al fracaso?" y me descubrí respondiendo que el miedo al éxito. Es casi humano escudarte en el miedo a un posible no que te cubra de ridículo para dejar de hacer algo... lo que no está tan claro es cómo asumir ese miedo al , salvo que sepas que te obligará a seguir adelante y a tomar decisiones, en lugar de dar vueltas.

Así, me he pasado casi la mitad de la noche en blanco, sintiéndome como una saltadora, compitiendo sola contra un listón. Perdiendo por miedo a ganar. Y sabiendo que si gano, pierdo.

jueves, 5 de abril de 2007

Tu sei un attimo senza fine



Senza fine
Tu trascini la nostra vita
Senza un attimo di respiro
Per sognare
Per potere ricordare
Ciò che abbiamo già vissuto
Senza fine, tu sei un attimo senza fine
Non hai ieri
Non hai domani
Tutto è ormai nelle tue mani
Mani grandi
Mani senza fine
Non m'importa della luna
Non m'importa delle stelle
Tu per me sei luna e stelle
Tu per me sei sole e cielo
Tu per me sei tutto quanto
Tutto quanto io voglio avere
Senza fine...



Senza fine. Sans fin. Without end.

Infinito.

Bucles sin fin, bucles extraños, paradojas. Tenía que encontrarte así, para cerrar un círculo. Para completar un ciclo, para permanecer en él.

Infinito.

Pero sin ayer y sin mañana. Siquiera sin hoy.

lunes, 2 de abril de 2007

Telarañas


Hace tiempo leí una historia en la que una araña le salvaba la vida a una persona que estaba huyendo: tejió una telaraña por el hueco del pasadizo usado para huir y nadie buscó por ese camino.

Es como una paradoja, pensar que una frágil telaraña puede cerrar así una puerta, aunque lo cierto es que nunca sabes lo que te puedes encontrar dentro de una caja olvidada en el trastero y sellada con telarañas. Y, a pesar de su fragilidad, tampoco sabes si serás capaz de romper ese sello. Porque para romperlo, basta simplemente con querer hacerlo.

Y dentro te puedes encontrar una encrucijada rota, rota cuando tuviste que tomar una decisión y, o no tuviste paciencia o te faltó coraje y acabaste tirando por la calle del medio. Te puedes encontrar tu corazón congelado, tu respiración suspendida y tu cabeza palpitando. Te puedes encontrar el hueco de una mano, el abrigo de un abrazo, el consuelo de una caricia. Te puedes encontrar olor a caramelo, el estallido del pan recién cocido, la frescura de la sandía en verano. Te puedes encontrar un relámpago, la naúsea del olor a asfalto, la monotonía cansina del tráfico que odias. La sonrisa que creías pérdida para siempre.

Claro que también te la puedes encontrar vacía.

¿Qué guardas en tu trastero, qué esconden tus telarañas, qué protegen las telarañas que sellan tus recuerdos?

Sin palabras



Visto en 20minutos.es

viernes, 30 de marzo de 2007

iParty


Antes de ayer me pasaron esta foto:



No os pienso permitir que la critiquéis. Me encanta tal cual está. Es una auténtica foto de una auténtica cámara en auténtico papel brillo y auténticamente escaneada. La pitufa, claro, es María. Tenía dos años y medio y estaba pasando la varicela (¡yo la pasé la semana siguiente! :-)) y como su padre había estado toda la semana cuidándola, decidí llevármela a la UJI para que el hombre respirara tranquilo. ¿A la UJI? ¿Y qué pintaba allí tu niña? Nada, que había iparty, montada "por los de Aditel"... la iParty 3, para ser más exactos.

La primera iparty de María y de una servidora. La pobre iba "de lunares", toda pintada con la tintura de las pupas de la varicela (cuando digo toda pintada es literal: como me aburría al curarle las pupas, me rallaba y empezaba a pintarle coches, caballos, árboles, pajaritos...). En fin, llegamos un poco desorientadas, la verdad. Y ¿sabéis qué? que me gustó. Me gustó porque estaba con mis alumnos y ellos controlaban el cotarro y yo no me enteraba... bueno, vale... me gustó después. Al principio no tenía muy claro qué diantres pintaba yo allí y me sentía muy despistada y desplazadilla... hasta que me dije aquello de "relájate y goza... ¡qué se lo están currando ellos!".

Pero pongamos que en la que me enganché fue en la iParty 4. Fue la primera que duró más de un día, todo el fin de semana. Empecé tan tranqui, yendo a las conferencias. Hasta que me enteré de que Jorge estaba en coma. Viajes varios, idas y venidas al hospital, idas y venidas al Hall de Jurídicas... porque, sobre todo, descubrí que estar con mis compañeros alumnos me ayudaba a llevar aquello mucho mejor. Así que me quedé hasta el final, y me puse a recoger cables.

Tuvimos que esperar un poquito para la iParty 5, también de fin de semana, también en Jurídicas. Pero en la iParty 5, María y yo ya íbamos como Perico por su casa, tan felices. Me volví a quedar el último día, para recoger. Y si el mantra Nanana nanana nanana ¡ná!, nanana nanana nanana ¡ná! tiene algún significado para ti... es que también estabas allí viendo como algún sin sentido ;-) le dejaba un micrófono a mi hija para que cantara :-)

La iParty 6 fue especial por muchas cosas. La primera en el pabellón y la primera en que dejé de echarle morro y me inscribí oficialmente. Y la recuerdo como puede un naúfrago recordar al barco que pasa a recogerle. ¡Lo que me reí en esa party!... Y lo que necesitaba reirme, cuánta falta me hacía... Creo que ninguno de los que estuvieron allí fue consciente de lo mucho que me ayudó a pasar un bache. Y como creo que no lo agradecí, aprovecho ahora :-). Sí, también me quedé a recoger cables. Y me fui de cena y hasta me perdí y todo :-D

De la iParty 7.. ay, fue rara. En Septiembre, en la zona de raquetas. Pero sobre todo, fue la primera sin Natxo. Nos costó reirnos, pero nos reímos. Lo que más recuerdo es la sensación de estar en medio de un cambio, como un relevo: eché de menos muchas caras, pero a cambio me encontré otras nuevas. Entre ellas, la mía que, por aquel entonces, ya era socia. Y ya me inscribí "de verdad", y me fui con el ordenador y me quedé por las noches y monté mesas e hice pulseras y ¡cómo no! :-) ;-) ¡¡recogí cables!!

Así que en la iParty 8 decidí que sería más práctico apuntarme a la organización. Te tiras de los pelos y te estresas pero también te ríes más, para compensar. Como este año, que también he pringado en organización y también estoy estresada y de los nervios, pero... ¡lo que pienso reirme!. Pero sobre todo, lo que pienso disfrutar de mis amigos, de mis compañeros con los que tanto aprendo. Bueno, no sé.. porque luego va y resulta que no me entero de nada, pero ¿he dicho ya lo mucho que me río? ;-)

¿Nos vemos en la iParty 9? :-)

miércoles, 28 de marzo de 2007

Ojos de color violeta


Me estaba mirando con unos ojos increíbles, de color violeta. Yo creía que sólo Elizabeth Taylor tenía los ojos de color violeta. Pero no, aquella niña que tenía delante, mirándome tan fijamente, tenía también unos ojos increíblemente violetas, increíblemente grandes e increíblemente dulces.

-"¿Cómo te llamas?"
-"Estefanía", me dijo.
-"Yo tengo una nena de nueve años... ¿cuántos años tienes tú?"
-"Tengo once, soy mayor que tu hija..."

Me quedé callada un rato, no sabía muy bien cómo seguir, ni qué decir. La niña me miraba con sus ojos de color violeta, con carita algo asustada y yo no sabía muy bien si estaba esperando consuelo o si se suponía que esperaba que yo le explicase lo que estaba pasando.

Y yo no tenía nada claro qué podía hacer o qué podía decir. Estaba allí con ella y se suponía que yo era la adulta. Se suponía que yo debería tener respuestas o que yo debería saber qué era lo que ella quería oir. Pero la verdad era que, seguramente, yo debía de estar poniendo la misma cara de susto que ella ponía.

-"¿Cómo se llama tu hija?"

Bueno, para esa pregunta sí tenía respuesta.

-"María"
-"Tengo una amiga que se llama así..."

Descubrí que hablar con ella era una forma de suavizar su carita de susto. Así que seguí.

-"¿Tienes hermanos?"
-"Sí, dos... y tú ¿tienes más niños que María?"
-"No"
-"Vaya..."

Del tono de voz no pude discernir si le parecía bien o mal. Seguramente no le importaba mucho, pero creo que ella también se había dado cuenta de que hablar era bueno para quitarnos el susto de la cara. Aunque yo no pudiera regalarle la vista con unos preciosos ojos de color violeta.

No sabía muy bien cuál era su situación. A mí me dolía cada vez más la pierna.

-"¿Sabes? Si ahora estuviera aquí mi mamá, le daría un beso muy grande y le diría todo lo que la quiero... aunque ayer me porté mal... le desobedecí y compré las chuches aunque me dijo que no..."
-"No te preocupes..."- tuve que sonreír ante la cara de culpable que puso -"...ella seguro que lo sabe. Sabe que comiste las chuches y, sobre todo, sabe que la quieres... Yo también quiero a María y también sé cuando me desobedece..."
-"Tengo sueño... se me cierran los ojos..."
-"No es buena idea, debemos estar despiertas... ¿sabes alguna canción? ¿quieres que cantemos? ¿te gusta cantar?"
-"Sí..."

Nunca creí que fuera a bendecir al triunfito de turno. Empezó a cantar una de esas tontas canciones que le ruego a María que no cante cuando yo estoy delante. Pero en aquel momento me pareció maravillosa porque consiguió que no cerrara sus ojos de color violeta. La cantaba con toda su letra, con todas sus notas y con toda su alma... si me descuido hasta se hacía los coros a sí misma...

Entonces reuní el valor para echar un vistazo. Mi pierna derecha estaba atrapada en un amasijo de hierros que habían conseguido fabricarme una especie de media metálica. Pero en el cuerpo de la pobre niña no podía distinguir nada a partir de la cintura... su cuerpo se perdía en una espiral roja y puntiaguda... ¡Santo Dios! ¿Es que todavía iban a tardar mucho más en venir a rescatarnos?

Lo tuyo es puro teatro




Tengo un amigo que es muy, pero que muy tímido. Pero sabe hacer magia.

La he podido disfrutar pocas veces, pero cada vez que está dispuesto a hacerla, me deja con la boca abierta y una sonrisa en los labios. Basta con observarle cuando aparece. Igual hay algún pequeño detalle que te hace ponerte al loro, como que vista una gorra; y esa gorra va a formar parte de la performance, porque debajo de esa gorra hay un nuevo personaje, que es amigo de mi amigo, pero que no es mi amigo: es mi amigo multiplicado por veinte, crecido, potenciado y aumentado. Aullará, cantará, bailará, exagerará, gritará, llorará, meditará, reirá, lo hará todo en aras de ese personaje porque, al fin y al cabo, la magia consiste en darle vida a alguien que eres tú, pero que no eres tú, y que los demás lo vivan.

Y una servidora en esos momentos, mira de reojillo por no romper el encanto y disfruta de la suerte de tener un amigo, capaz de hacer esa maravillosa magia, de transformarse, de meterse y de meterte en esa magia.

Ayer, mi amigo estuvo de patrón. Por muchos años.

sábado, 24 de marzo de 2007

Momento Sunsilk


Hay días en los que tú eliges la ropa y hay días en los que la ropa te elige a ti.

¿Por qué no tiras esos vaqueros? Descoloridos, rotos, zurcidos, desflecados, con agujeros, cuatro tallas más grandes y con más de diez años. Pantalones viejos, zapatillas gastadas, camiseta con agujeros.

Y el cielo del color que me gusta. Y sol. Y no tengo resaca. Y tengo hambre y desayuno y me ducho y me visto y salgo a la calle. Y me pongo a andar, está toda la carretera para mí sola.

Y llevo mis vaqueros viejos, mis zapatillas gastadas y mi camiseta con agujeros. Y meto las manos en los bolsillos y la cadera se adelanta y la espalda se descuelga y pego zancadas de metro.

Y camino, camino, camino y el viento en la cara. Y me acuerdo de otro sábado, cuando tenía ocho años y estaba con el pelo mojado, recién duchada y en mi bici bajando una cuesta, con el el viento en la cara, el pelo y el vestido revoloteando y, de repente, lo único que importaba era estar allí disfrutando, respirando y como flotando en medio de la velocidad.

Y sigo pegando trancos, con las manos en los bolsillos y el viento en la cara.

Hay días en los que tú llevas la ropa y días en los que la ropa te lleva a ti.


Viento Sur (Josele Santiago)

miércoles, 21 de marzo de 2007

Mamá


"¡Miér... coles!"

Se había vuelto a romper el hilo. Esa costura le estaba costando dos años de salud. Pero no había encontrado el hilo de nylon y el de algodón se le estaba rompiendo cada dos por tres. Volvió a ajustar la tensión de la canilla y enhebró de nuevo la máquina. Pero le estaban doliendo los ojos y la espalda. Paró un momento, suspiró y miró el reloj. Las dos menos veinte de la madrugada. Una pila de platos por fregar en la cocina... y la colada por hacer. Pero tenía que acabar el vestido para el día siguiente. Si lo entregaba y le pagaban, podría ir a la carnicería. Si no, tocaría volver a hacerle a Luis un bocadillo de croquetas para comer. Llevaba casi una semana sin comer carne. Y con lo comedor que era, tenía que darle carne alguna que otra vez o se le quejaba.

Que día había llevado. La niña estaba preciosa, pero ¡menuda faena daba!. Y cómo comía... ¡y lo que hablaba!, no se callaba ni debajo del agua. Y había veces que las soltaba tremendas. Como hoy, que cuando dijo aquello no supo ni que contestarle, "Mamá... ¿papá quién es? ¿el señor que vive en casa los domingos?". No pudo evitar torcer la boca en un gesto de amargura. Luis echaba tantas horas en el astillero que los niños no le conocían y sólo lo asociaban al domingo. ¿Cómo iban a conocerle, si salía de casa a las seis y media de la mañana y volvía pasadas las once?. ¡Malditas horas extras! Maldito dinero que nunca llegaba, maldito alquiler que se llevaba más de la mitad del sueldo, maldito... ¡maldito el continuo desgaste, el nunca parar, tanto tener que romperse el lomo para sacar adelante una familia!

De la sala llegaron las campanadas de las dos y le sacaron de su ensoñación. El flexo le transmitió una extraña sensación de familiaridad que no le hizo mucha gracia; al fin y al cabo, esa familiaridad venía de la mano de muchas noches bajo su luz. Como la de hoy. "Bueno, a acabar el vestido, para poder ir a la compra mañana... que si sigo renegando seguro que no lo acabo". Ahora parecía que iba mejor y que hasta la máquina hacía menos ruido. Debía de tener el hilo de la canilla muy tirante y por eso rompía... Y qué ruido hacía la máquina, tenía que acordarse de aceitarla. Ahora no, que podía mancharse el vestido.

¡Por fin! Ahora sólo faltaba sobrehilar la bastilla, rematar los hilos de las costuras, quitar todos los hilvanes y plancharlo. Empezó el sobrehilado, pero lo dejó a las dos y media. Podía acabarlo mañana, después de preparar el desayuno. Ya no podía más, se le estaban cerrando los ojos.

"Trini, ya me voy...". Eso quería decir que ya era la hora de levantarse. Cada noche dejaba el bocadillo del almuerzo de su marido ya envuelto y el desayuno casi preparado; así, él no tenía más que calentar la leche y ella podía dormir algo más, hasta que él se iba. Hacía frío aquella mañana. O igual le había cogido el frío por la noche.

Se calentó la leche, desayunó una tazada y dejó ya listas las de los niños. Aún faltaba un buen rato antes de tener que despertar a Luis Ángel para ir al colegio... y confiaba en que el terremoto no se despertara antes. Ay, ¡qué dos!, el uno tan dormilón, la otra que apenas paraba en cama. El uno que no comía nada y la otra que comía todo lo que le pusieran por delante y más.

Pero le dio tiempo de rematar todas las costuras antes de que despertaran. Y pudo quitar los hilvanes y planchar el vestido mientras desayunaban. Para cuando el niño salió hacia el colegio, ya estaba el vestido listo. A entregarlo, a cobrar y a la compra.

Se aseó y se vistió y luego arregló a la niña. Por lo menos, no llovía. Con la cartera y la bolsa de la compra en el bolsillo, la niña en una mano, y el vestido en la otra, salió hacia la calle Dolores con la prisa de quien lleva ya casi cuatro horas sin haber parado de trabajar, pero sin haber empezado todavía a realizar su faena diaria. Llegó a la casa. Llamó al timbre y salió la chica. Cogió el vestido y le dijo "Espere un momento...", mientras se volvía hacia dentro y la dejaba plantada en las escaleras, sin invitarle a entrar. No le importaba, le iban a pagar y podría ir a la compra. Oyó pasos de vuelta...

-"Dice la señora que hoy no le viene bien pagarle, que pase dentro de cuatro días... ¡Adiós!"

lunes, 19 de marzo de 2007

Smile, please!

No hay que ser un hacha para darse cuenta de que últimamente no me río mucho. Pero, mira tú por donde, esta tarde me he metido en Coudal Partners, una de mis adicciones en Internet. Y os paso tres motivos que justifican ese vicio:

  1. Empiezo con una dedicatoria para amanda. Y puede que para mí, también...

  2. Ayer fue San Patricio en el mundo anglosajón: ayuda a un devoto

  3. First annual SXSW Interactive Geek T-Stream







Con mis mejores deseos: a mí me han hecho sonreír. Espero que os causen el mismo efecto.

domingo, 18 de marzo de 2007

Miedo


Dedos helados recorren mi espalda. Tengo que rebajar el ritmo de mi respiración porque temo hacer demasiado ruido y despertar al que duerme. El estómago se contrae y las piernas están flojeando. Noto un sabor amargo en la boca, y el vientre tenso como si el deseo estuviera agazapado dentro de él y preparado para saltar. Las manos tiemblan y apenas siento los dedos, quiero tapar mi cara con las manos, pero no me están obedeciendo y tengo que mostrarla... me da vergüenza, como si estuviera desnuda en la plaza del pueblo. En las sienes golpea el pulso, apenas puedo dominar el temblor de los labios... no puedo tragar ni el aire...

Si no notara tanto frío, si no notara tanto vacío, si no notara que me fallan los miembros... si no notara tanto miedo ante la posibilidad de estar enamorada de ti...




viernes, 16 de marzo de 2007

En la plaza, a las ocho.


Las ocho y diez. Odiaba esperar a la gente. Odiaba llegar diez minutos antes de la hora, como mínimo, y luego saber que seguro que tendría que esperar otro cuarto de hora a los demás. Siempre era así. Y hoy tenía el día tonto... hay días en que sabes que la tendrás, que se va a liar; estás especialmente sensible para saltar, para ponerte huraño, para dar una mala contestación. Sabes que acabarás pegando un grito o diciendo algo que no quieres decir. Y hoy era uno de esos días, sabía que acabaría gritando, llorando o pegando un portazo...

Fue hasta el escaparate de la zapatería. Nada, qué zapatos, los mismos que hay en las otras sopocientas zapaterías, todas clónicas... ¿lo hacen a propósito?. Los mismos horribles zapatos puntiagudos, las mismas botas de peluche... deben de tener miedo a que salgamos de casa sin el uniforme puesto. Un reflejo en una esquina del cristal le hizo girarse, le había parecido ver a alguien conocido en una sombra. Pero no, aún no había aparecido nadie.

Dios, cómo se le había ocurrido acabar en esa ciudad. Si al menos hubiera mar... tenía necesidad de ver el mar, de oirlo, de sentirlo, de olerlo. Podía pasar horas mirando al mar allá en su pueblo, sin aburrirse... ¡cómo aburrirse ante el espectáculo del mar, hablándole, llamándole, inquietándole y llenándole todos los sentidos! No es posible aburrirse ante la vida, ante la plenitud y ante el poderío que desplegaba en cada ola, en cada marea. Y qué difícil era explicarle ese poderío a los que nunca habían visto desaparecer toda una playa bajo el manto de la marea. O cómo explicarles que cada año la playa era distinta, que las rocas desaparecían o emergían a capricho de corrientes y tormentas de invierno... ¡cómo explicarles qué era el mar, cómo sentir su poder... enmedio de aquella meseta seca y amarilla!

Cómo explicarse a sí misma cómo había acabado allí. Cómo convencerse de que no había sido un error seguir al amor para acabar en una plaza, aburrida, impaciente, cabreada y con morriña del mar, de su mar. Con morriña de su casa, de sus paisajes, de los sitios en los que había crecido y de los amigos de toda la vida; con morriña hasta de la lluvia y el viento, de las interminables tardes de temporal en las que parecía que nunca pararía de llover. Todo por seguir a una persona con la que ya no estaba. Pero era tarde para volver, había ya demasiadas cosas que abandonar: el trabajo, nuevos amigos, un piso hipotecado... y la rutina y el andar sin tener que molestarse en dirigir los pasos, sin tener que pensar, sin tener que saber hacia dónde quieres ir porque igual te da un sitio que otro.

Las ocho y veinte. ¿Iba a aparecer alguien de una puñetera vez?. Estaba convencida de que la gente miraba para ella preguntándose qué diantres hacía allí, colgada y modiéndose una uña. Vaya ¿qué hacía mordiéndose una uña?. En un gesto de impaciencia casi infantil, se sacudió la mano y se la metió en el bolsillo. Iba a tener los bordecillos de los mordiscos molestándole toda la noche, nunca recordaba meter una lima en el bolso... bueno, tampoco había cogido el bolso. Ahora que lo pensaba, esperaba no tener que identificarse, iba sin carnet... pero ¡qué tontería! ¿cuándo había sido la última vez que le habían pedido el carnet? ¡ni que necesitara demostrar que tenía más de dieciocho años para entrar en los garitos!

Debería irse, pasar de la gente con la que había quedado e irse sola. Con un poco de suerte, se liaría con alguien a quien podría olvidar antes de que se le pasara la resaca y, por lo menos, se le pasaría el cabreo y la impaciencia... que seguro que eran directamente proporcionales al tiempo que hacía que no se comía un rosco. Pero no, a quién quería engañar... lo más seguro era que acabaría en casa sola y sin haber ligado, con un pedo del calibre veintiocho. Y mañana seguro que tendría que comerse a dos carrillos la resaca, junto con las explicaciones cutres de por qué no había comparecido. No. Si se iba tenía que ser para romper con todo, para cambiar esas dichosas rutinas, para no volver a dar explicaciones, para poder respirar sin miedo a que la sorprendieran llenando los pulmones de ilusión y de oxígeno... para volver a su mar, a pasar las horas hipnotizada con su canción y su ritmo, a dejarse acunar por su balanceo, a dejarse lamer por sus olas y a dejarse sepultar por sus abismos. Tenía que irse, tenía que volver al mar, tenía que recuperar su sabor, tenía que volver a tener su sal en la piel, tenía que...

Demasiado tarde. Allí estaba Menchu, saludando con la mano.

miércoles, 14 de marzo de 2007

Asco


Te olvidas de ellos, hasta que sale uno, de repente, como puede salir un grano. Y sí que son granos purulentos y asquerosillos. No se me ocurre mejor metáfora para describirlos.

¿Quiénes son? Depende. Las pintas son variadas. Está el señor bajito con pinta de inofensivo y de no tener mitja bofetá que se te pega al culo en el metro. Para este el mejor tratamiento es darte la vuelta y mirarle a los ojos. Comprobado: sale huyendo.

Otro espécimen suele ser un señor que va tan tranquilo en el autobús, sentadito y mirando por la ventanilla; pero en el momento en que te sientas a su lado, y sin mirarte siquiera, inicia un movimiento rítmico en su bolsillo sin cortarse un pelo. Con estos las más de las veces sólo me he levantado bastante asqueada... pero un par de ocasiones, hice algo más de ruido, levantándome de forma brusca mientras vocalizaba con voz potente lo "Vale, comprendo que necesite intimidad para hacerse la paja..."

Con todo el más típico es el imperturbable que te pone en el sitio recordándote que el papel de tus tetas en este mundo era estar ahí mismo esperando sin hacer nada hasta que ha venido él, en forma de Redentor de la Humanidad a calibrártelas, evaluártelas y, si hay suerte, a darles el Visto Bueno. Pero no hay que confiarse, porque no se ha pasado completamente la prueba hasta que no te encuentras a su compadre, el evaluador de culos, que te someterá a un análisis todavía más exigente.

El que me he cruzado hoy es también curioso: un señor muy serio, muy trajeado, muy encorbatado... que va tan tranquilo hasta que se pone a tu altura en el paso de cebra o hasta que se cruza contigo por la calle y te suelta una animalada tan grande que no sabes que decirle, ni que clase de enfermedad mental puede sufrir...

Y a una servidora, casi que a estas alturas le da lo mismo. Pero ayer me fijaba en María, que ya es un proyecto de persona y está en esa edad en que está a punto de dejar de ser una niña, pero aún está muy lejos de ser una mujer. La edad preferida por esa pandilla de abyectos que son capaces de ensuciar cualquier cosa que miran... esos señores tan serios que se quedan mirando a las niñas cuando juegan en el parque, esos que se aprovechan en cuanto pueden de la más mínima familiaridad para tocar a la niña (y la referencia a la familiaridad no es gratuita)... esos que tan discretamente te hacen sacar los colores sin que puedas expresar exactamente por qué y sin que puedas quejarte concretamente de algo. Lo malo es cuando te convencen de que la que está haciendo algo malo eres tú. Y es que son jodidamente buenos en su discreción para hacerte creer que la sucia eres tú.

Empecé llamándoles granos purulentos. No todo el mundo acepta igual a los granos, ni los trata de la misma forma. Dicen que si no les haces caso, acaban yéndose (claro que eso no quita para que te sientas sucia y molesta mientras el grano está ahí). Dicen que si te dejas llevar por la impaciencia y les haces caso e intentas quitarlos del medio por las bravas, acabas con una marca en donde tenías el grano.

Y claro, si amenazo con reventaros como os atreváis a hacerle algo a mi niña, la "mala" seré yo...

martes, 13 de marzo de 2007

Abusando de los vídeos ajenos

Lo siento. Pero es que este vídeo hay que difundirlo. Lo vi en Escolar, que se lo agradece a Chomsky Vids.



¡Qué país! Los humoristas te hacen pensar y los políticos te hacen llorar vomitar...

La cabra...

La Cabra Mecánica, el Lichis o como queráis, o como prefiráis, llamarle. Pero está bien pegarle un repaso de vez en cuando...






Así sigamos reivindicando
mientras engorda nuestra cuenta en el banco.
Ciegos, sordos, mudos y divididos
en este engreído planeta de simios.



Otro día os pongo Palabras de gasolina (¡eh, tú! ¿llevas fuego encima..?)

domingo, 11 de marzo de 2007

Yo amé a Jupiter Jones


Fue hace mucho tiempo. Cuando todavía ponían dos rombos a los programas de televisión y entonces, aquel día, tocaba irse temprano a la cama. Mi madre no me dejaba leer acostada ("¡¡Te vas a quemar los ojos!! Apaga la luz y deja de leer..."). Pero lo bueno de la imaginación es que te deja viajar... hasta Rocky Beach, California, por ejemplo...


Jupiter Jones, Pete Crenshaw y Bob Andrews: el primer investigador, el segundo investigador y "archivos y pesquisas", respectivamente. Los tres investigadores. Por su culpa aprendí a escribir un apellido tan rocambolesco como Hitchcock a la tierna edad de ocho añitos, cuando incluía un par de libros de "Alfred Hitchcock y los tres investigadores" para mi hermano en mi carta de Reyes. La colección la inició él, pero en un par de años se había olvidado de ellos y yo cogí el relevo. Empecé a devorar esos libros y completé la colección, al menos los veinte primeros tomos1.

Colección que leí, releí y recontraleí. Y, así, no me costaba nada en absoluto imaginar, en cuanto me metía en la cama, que había aparecido en el mismo "Patio Salvaje" de los Jones. Dependiendo del día, saludaba a tía Mathilda y a tío Titus, que me invitaban a pasar o me tropezaba con Hans y Konrad, que me decían que los chicos no estaban por allí... y entonces aprovechaba para colarme en el Cuartel General... eso de haberme aprendido todas las entradas secretas a lo largo y ancho de los libros ¡había que amortizarlo! Porque la cara de sorpresa que ponían los tres cuando volvían y me encontraban dentro de la caravana, sentada a la mesa como solía hacerlo Jupiter, merecía la pena...

Los tres me caían bien, pero tenía debilidad por Jupiter. Mira tú por donde, antes de saber siquiera que existía la palabra nerdy, me embarcaba yo en aventuras en la lejana California de la mano del más nerdy de todos los nerdys. Vale que también era pelín creidillo, pero ya me encargaba yo de soltarle alguna que otra de vez en cuando, para que no se pasara. Aunque se podía permitir el lujo, porque la verdad es que era hábil tramando planes, recodando cosas y relacionando tonterías... bueno, vale: deduciendo hábilmente, sí. Y, la verdad, es que era él quien casi siempre solucionaba los misterios. Él creó la transmisión "Fantasma a fantasma" (... que no pude evitar recordar con cariño la primera vez que me hablaron del coste computacional exponencial) y la marca de los tres interrogantes ("???") como método secreto de comunicación (blanco para Jupe, azul para Pete y verde para Bob). Y se pasó días calculando por aproximaciones sucesivas el número de alubias blancas que había dentro de un tarro, ganando el derecho a utilizar un Rolls-Royce con chófer (Worthington) durante 30 días de 24 horas... Me dejó tocada en "El misterio de la Sombra Riente" al descubrirme los misterios del Kookaburra, pero cuando caí rendida a sus pies fue al leer "El misterio del Loro Tartamudo" y le vi ir resolviendo sucesivos acertijos que formaban la secuencia de pistas necesarias parar encontrar una valiosa pintura perdida... Pero, por supuesto, no se lo dije ni una sola vez.

En fin, cuántos buenos momentos imaginando una película mucho más divertida que la que no me dejaban ver en la tele... Eso sí, por desgracia, creo que nunca resolví un misterio con ellos: me quedaba dormida antes.



1Bueno, tengo 25, pero esos 5 últimos los compré y leí ya mayor... Nada comparado a la locura de los 12 años ;-)



sábado, 10 de marzo de 2007

Undelivered Sender Returned to Mail


Cada día, lo primero que hace es consultar su correo electrónico esperando, siempre en vano, que haya un nuevo mensaje. Cualquier mensaje con tal de que sea de él.

No sabía por qué había recibido el primero; bueno, no sabía por qué había recibido ninguno de ellos. Estaba segura de no conocer al remitente y estaba segura de que no se los enviaba a ella. De hecho, el primero lo borró apenas lo leyó. Él, firmaba como jose, le pedía un informe de ventas. Supuso que se había producido un error fortuito en la direcciones. El mensaje iba dirigido a una tal marga y ella no se llamaba Margarita, pero había formado su dirección de e-mail a partir de sus iniciales, María Antonia Ramos Guerrero...

Olvidó completamente el tema, hasta que llegó el segundo, como mes y medio más tarde. El tal jose animaba a marga a acudir a una cena de empresa. No le quedó más remedio que reirse: le hizo gracia que se hubiera reproducido el golpe de azar y, además, por el mensaje se veía que al tal jose la tal marga le hacía gracia, ¡pillín!.

Al cabo de tres semanas, le llegó la confirmación de sus sospechas. En un mensaje algo caótico, jose se disculpaba por algún incidente en el lugar de trabajo... vaya, vaya, rollito de oficina con toque de melodrama barato... Seguro que ese jose estaba casado (¡apostaría algo!), se quería beneficiar a la marga y la chica no era tonta y no se dejaba tomar el pelo. De típico, resultaba casi patético, ¡hombres! quién los necesitaba...

Sin embargo, el siguiente le dejó bastante sorprendida. Era lacónico (La he dejado. Nos vemos donde siempre a las 7) y le hizo soltar un silbido al ver cómo había evolucionado el "rollito". ¡La cosa se estaba poniendo seria!. Para colmo, al día siguiente se encontró con otro mail, enviado a las dos de la mañana, igual de lacónico, pero que le sonó mucho más triste: Te esperé cuatro horas ¿dónde estabas?.

En ese momento se sintió culpable. Evidentemente, marga no había recibido el mail, le había llegado a ella. Tendría que avisar a jose, decirle que no se desanimara, que había sido un malentendido, que el mail no había llegado a su destinatario correcto... Pero no se atrevía a intervenir de forma activa en aquella historia, sin morirse de vergüenza al confesar que había estado espiando la historia de dos desconocidos sin decir nada y sin intentar deshacer el malentendido. No podía. El azar había jugado sus cartas y el azar acertaría a arreglar la jugada.

Pasó una semana, en la que notaba algo inquieta a su conciencia; y por fin llegó un mail, demoledor, que le dejó el corazón encogido. Era una despedida, pero tan desgarrada que le dejó la sensación de ser la persona más miserable del universo. Aquel hombre se vaciaba, se culpaba, se confesaba enamorado y ella sólo podía llorar y sentir que debía de haber hecho algo cuando aún estaba en su mano, cuando pudo avisarle del error que había cometido... Se decidió por fin y contestó al mail.

Hace más de un año de eso. Desde entonces espera respuesta. Hay días en que alivia la espera imaginando que jose recibió su mensaje, aclaró todo con marga y están felices. Pero en la soledad de la noche no puede evitar llorar con rabia... cuando contestó al mail, no quería que jose volviera con marga; soñaba con que se preguntara quién era aquella mujer y se interesara por ella... No era más que una cincuentona egoísta, que en aquel último mail creyó verse envuelta en una historia propia...

viernes, 9 de marzo de 2007

Adivina, adivinanza


- ...es que llevo varios días intentando hablar con usted; es referente a XXXXX.
- He respondido a sus correos electrónicos diciendo que no me interesa y antes de ayer, por teléfono, les volví a decir que no me interesaba...
- ¿Quiere decir que no le interesa ganar 780 euros, simplemente por entrar en la página web, autenticarse y hacer click?


Adivina, adivinanza: ¿era un concurso de Gomaespuma o era una llamada, seria y real, relativa a mi puesto de trabajo?

martes, 6 de marzo de 2007

Ningüino...






- ...entonces, mami, ¿qué es ningüino?
- Lo que gritan los exploradores despistados que se van al Polo Norte a buscar pingüinos, hijo...



José Luis Coll ha muerto. Nos dejó como regalo su diccionario y muchos otros buenos recuerdos...

Actualización: En 20 minutos han dejado un enlace a algunos de sus vídeos.

¡¡Guapas!!


Corro el riesgo de que en Llámame Lola me cojan manía, pero es que tampoco he podido resistirme a este vídeo. Leo y me entero de que es una campaña de televisión que no ha llegado a emitirse porque muestra a mujeres desnudas. Antes de que os embargue la emoción por este muestra de sensibilidad, ¡por fin unos directivos se niegan a mostrar a la mujer objeto!, sabed que se trata de mujeres de más de 50 años. Lo cual me hace pensar que es posible que tanta sensibilidad hacia el desnudo femenino tenga retruco... o que a los directivos en cuestión les gusten más las modelos con 35 años menos.

Y no, antes de que me llaméis gilipollas, me gustaría dejar claro que a mí también me parece mucho más adorables los efebos angelicales de 20 añitos que los señores de 50 y tantos... pero dejadme que me reivindique, por la parte que me toca: sigo sin saber por qué un tío de 50 años es un señor "madurito e interesante" con un punto morboso que puede tirarle los tejos a las niñas de 20 sin que a nadie le extrañe, mientras que si es una mujer la que hace lo mismo corre el riesgo de que el 98% de la población le tache de "loro desvergonzado que no se da cuenta de que hace el ridículo".

La campaña la firma Annie Leibowitz y, la verdad, a mí no me importaría en absoluto que esta señora me fotografiara mis arrugas así de guapas. Porque, ya que estoy en modo reivindicatriz, mis arrugas son mías y me ha costado lo mío, a golpe de vivir, conseguirlas.




lunes, 5 de marzo de 2007

La espera


El perro había aparecido un buen día, sentado en la puerta de la ferretería. Fermín iba a barrer la entrada, bajo el soportal, y al verlo fue a buscar algo que darle de comer y algo de agua. El perro agradeció la acogida decidiendo que aquel era un buen sitio. Fue hasta un rincón, suspiró y se hizo un ovillo, dormitando en la que fue su postura más habitual durante años.

Un día apareció aquel hombre, bajando la calle con paso cansino y el sol naciente a su espalda. Al llegar a la altura de la zapatería paró y estuvo un rato allí de pie, aunque no demostró interés alguno en los zapatos. Más bien parecía ser una parada casual para situarse mientras buscaba un punto de referencia, un sitio al que llegar.

En ese momento el perro levantó la cabeza y soltó un ligero bufido. Comenzó a mover el rabo y se levantó. Cruzó la calle y fue hacia el hombre.

El hombre miró al perro y le tendió su mano para que la oliera. El perro la olió, después la lamió y se sentó junto al hombre. El hombre sonrió.

Comenzaron a caminar juntos. Y juntos se perdieron calle abajo, mientras el cielo se iba sacudiendo los colores del amanecer y se iba pintando del azul intenso propio del mes de Mayo. Nadie les volvió a ver en el pueblo. Aunque si hay que creer a Ramón, el boticario, es posible que hayan pasado alguna vez por algún pueblo de la comarca vecina.

domingo, 4 de marzo de 2007

No se nubló


No, no se nubló. Y como a eso de las ocho de la tarde, se encendió la lucecita. "¿Bocatas y a la playa?". Bocatas y a la playa. Bueno, bocatas, galletitas, caramelitos y café... una manta vieja y andando se hace camino. Mereció la pena quedarse hasta las doce. Lástima de cámara, no muy buena, y de fotógrafa, aún peor. Pero estaba guapa la condenada cuando llegamos:



Eso era sobre las nueve y media. En las dos horas y media siguientes, se hizo lo que se pudo (afortunadamente, hay profesionales):













Más allá del frío y de los gritos de entusiasmo de una personilla que estaba flipando por estar en la playa a esa hora (¡y en invierno!, jo, qué padres más irresponsables, pobre criatura...), de la helada que caía (se nota en los halos de la luna) y de la sensación de ir viendo como la luna llena se iba transformando en un hermoso círculo en penumbras rojizas, está la magia de la luz. Cuando llegamos, la luna llena iluminaba el mar, la propia playa... poco a poco esa luz se fue amortiguando y, al mirar al mar, uno empezaba a sentirse realmente perdido, con la cabeza sabiendo que el mar estaba allí, pero con la sensación de ir perdiéndote y haciéndote pequeño, porque apenas se sabía dónde estaba el mar por un pálido reflejo al romper alguna ola y el ruido tenue de la resaca. Casi agradecías que al girar la cabeza te saludaran las luces del paseo que, de repente, parecían estar a varios kilómetros en lugar de estar a unos metros. Qué bella noche...

viernes, 2 de marzo de 2007

Llorar



Instrucciones para llorar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortázar



Eso es la teoría; la práctica sabe peor y dura más. La melancolía funciona de una forma curiosa - como cualquier otro sentimiento, por otra parte - y tiene su propio disparador. Y, también como cualquier otro sentimiento, cuesta frenarla. Tened paciencia conmigo.


Que no esté nublado...




Poco se puede añadir a la imagen, salvo los datos concretos del eclipse de mañana. Podéis encontrar más información en TheSuperspace.com y en 20 minutos, que harán un seguimiento... por si se nubla.

Que lo disfrutemos...