...era lo que tenía que responder en el cole. Fue hace mucho tiempo, cuando las niñas teníamos que bordar manteles a punto de cruz. Procuro tenerlo en cuenta ahora que soy profesora.
"Vamos... Sécate las lágrimas porque eres vida, más rara que un quark y más improbable que los sueños de Heisenberg; el barro en el que las fuerzas que dan forma a las cosas dejan su huella de forma más clara.
Sécate las lágrimas... y vámonos a casa."
Alan Moore, Dave Gibbons. Watchmen (La oscuridad del simple ser)
Como tengo amigas que saben cocinar, me da mucha rabia poner recetas en el blog. Pero llevo una temporadita en la que, entre hablar metafóricamente de helados de chocolate y chivarme del desayuno de cumpleaños de mi hija, pues no resulta nada de extrañar que acabe publicando esto... Además, es que me lo han pedido.
La receta de la tarta del desayuno de María, como tantas otras cosas de mi vida, salió de la varita mágica de Merxe. Cuando compró su microondas, ¡oh, maravilla de las maravillas!, descubrió que venía con un librillo de recetas. Y entre esas recetas estaba esta tarta. He perdido la fotocopia maravillosa que me dio en su día... y bien que lo lamento, porque era muy completa y traía indicaciones según la potencia máxima del microondas que se fuera a utilizar. La que yo os voy a contar es para el mío, en el que la potencia máxima es de 850 W. Si usáis uno de 700, lo normal es que tengáis que añadir algo de tiempo (del orden de un minuto cada cinco) y si es de 900, que tengáis que restar muy poquito (del orden de 20 segundos cada cinco minutos). De todas formas, con hacer un par de pruebas seguro que lo podéis adaptar a vuestro horno... y sale tan buena que yo creo que es realmente difícil que no salga comestible.
La lista de ingredientes es esta:
125 gramos de chocolate de tableta, cuanto más puro mejor. Yo suelo pillar una tableta de chocolate de repostería o, incluso, del de hacer a la taza.
125 gramos de mantequilla, y una poquita más para untar el molde.
125 gramos de azúcar.
3 cucharadas de leche.
3 huevos.
80 gramos de harina.
Medio sobre (o una cucharadita) de levadura.
Opcional: si os gustan, podéis añadir nueces picaditas (unos 50 gramos).
Elegid un molde válido para microondas (plástico, vidrio o porcelana) y untadlo con mantequilla y, después, espolvoreadlo de harina. Cortar los 125 gramos de chocolate en trocitos, ponedlos en un bol con una cucharada de agua (importante: si no, puede quemarse) a máxima potencia durante un minuto y veinte segundos. Una vez que ya tengáis el chocolate derretido, poned también la mantequilla, que habréis cortado en trocitos, en otro bol y metedla en el microondas durante veinte segundos a máxima potencia (ojo, que la mantequilla al ser grasa pura enseguida se cuece dentro de estos hornos). Mezclad bien el chocolate y la mantequilla; y resistid a la tentación de meter el dedo en la mezcla, no olvidéis que están calentitos...
En otro recipiente poned los huevos y batidlos con el azúcar hasta que quede todo blanquito y espumoso. Después se añade la leche y la harina junto con la levadura. Mezclad (con la harina cuesta un pelín más, ¡ánimo!) y añadid a continuación la mezcla del chocolate y la mantequilla. Y las nueces, si es que optáis por echarle. Mezcladlo de nuevo todo muy bien y vertedlo en ese molde que habéis untado y enharinado al empezar.
Entonces, se mete en el horno durante seis minutos a máxima potencia. No sé si estáis muy acostumbrados a cocinar en el microondas. Yo tengo que reconocer que, durante mucho tiempo, apenas lo usé para otra cosa que para calentarme el desayuno. Y, la primera vez que hice esta tarta, me quedé flipada mirando. Le cuesta un poco, pero a partir del minuto tres (o así) el bizcocho empieza a crecer. Y una, que sólo había hecho bizcochos en el horno tradicional, se quedó embobada, como si estuviera viendo un vídeo en time-lapse: ver cómo iba subiendo me dejó hechizada. Si os pasa lo mismo, resistid la tentación de abrir el microondas nada más sonar el timbre, que hay que dejarlo reposar dentro del horno cinco minutos más.
Cuando se saca del microondas, se puede desmoldar. Y, entonces, no sé que os pasará a vosotros, pero a mí se me suele estropear... siempre me queda un mogolloncito pegado al fondo del molde. Pero la solución a este problema viene a ser la parte más estupenda de la receta: ¿lo bañamos en chocolate? ;-)
El baño es opcional, pero altamente recomendable. Además, es que las tabletas de chocolate suelen ser de 200 gramos... y como sólo hemos usado 125... pues ¡¡a la carga!!. Para el baño necesitamos la misma cantidad de chocolate que de mantequilla. Os recomiendo 50 gramos. Los derretís como antes, en trocitos, cada uno en su bol, un minuto y veinte segundos el chocolate (con una cucharada de agua, no lo olvidéis) y veinte segundos la mantequilla. Los mezcláis y lo vertéis encima del bizcocho (¡¡eh, os he visto!! poned el trozo que se había pegado al molde en su sitio, sobre la tarta y no hagáis trampa, no lo comáis... aún) y, si eso, con un cuchillo plano ayudáis a que quede bien repartido, extendiéndolo. El toque maestro, según mi santa hija, es decorar todo con Lacasitos o con fídeos de chocolate de colorines...
A la nevera. Mañana estará perfecto para comer. Hasta que llegue ese momento siempre podéis consolaros "limpiando" los boles que hayáis ido usando para las mezclas... ¡¡Buen provecho!!
Hoy es el cumpleaños de María. No quiero ser la mejor madre del mundo, pero quiero estar dispuesta siempre a bailar con ella en el escenario. Y a no dejarle dormirse...
Dwayne: Sometimes... I wish I could just sleep until I was eighteen and skip all this crap -high school and everything- just skip it. Frank: Do you know who Marcel Proust is? Dwayne: He's the guy you teach. Frank: Yeah. French writer. Total loser. Never had a real job. Unrequited love affairs. Gay. Spent 20 years writing a book almost no one reads. But he's also probably the greatest writer since Shakespeare. Anyway, he, uh, he gets down to the end of his life, and he looks back and decides that all those years he suffered, those were the best years of his life, 'cause they made him who he was. All those years he was happy? You know, total waste. Didn't learn a thing. So, if you sleep until you're 18 -ah, think of the suffering you're gonna miss. I mean high school? High school-those are your prime suffering years. You don't get better suffering than that.
Dwayne: You know what? Fuck beauty contests. Life is one fucking beauty contest after another. School, then college, then work... Fuck that. And fuck the Air Force Academy. If I want to fly, I'll find a way to fly. You do what you love, and fuck the rest.
Actualización (29/10/08): Se me olvidaba... una de las cosas (otra de las muchas cosas) que hacen especial esta película es su banda sonora,
El acceso de tos le obligó a incorporarse súbitamente; se sentó, quedando al borde de la cama, intentando contener con las manos esas explosiones que parecían que iban a vaciarle el pecho... expectoraciones que sonaban demasiado rudas, demasiado cavernosas, como si todo por dentro estuviera demasiado seco, demasiado hueco, como si se hubiera vaciado. Al mismo tiempo, creando un contrapunto monótono y exasperante, podía oír un murmullo gangoso, ronroneando dentro del tórax, como si un pequeño gato se hubiera empeñado en crecer dentro de sus pulmones... Y en cada arranque de tos su cabeza estallaba con fuerza, sintiendo como si su cerebro fuera una masa esponjosa, lanzada con fuerza hacia las paredes de su cráneo.
Paró, por fin; la tos le dio una tregua y cayó sobre el colchón, cediendo a un agotamiento súbito. Aún no se atrevía a separar las manos, pero no sabía si era tanto por contener nuevos ataques, si para protegerse dentro de esa ilusión de estar recibiendo un abrazo. Se sentía bien sintiendo ese abrigo, aunque fuera falso, aunque fuera una ilusión, un paraguas contra la soledad. Contra la soledad que le había acompañado durante la noche y que seguía allí cuando había abierto los ojos, unos minutos antes, sin poder evitar un escalofrío en todo su cuerpo a pesar de la tibieza del lecho. Notaba la cama vacía, incluso a pesar de su propia presencia.
No había dormido bien; primero le echó la culpa al ruido que subía de la calle. Por algún motivo -¿realmente lo necesitaban en aquella ciudad?- a medianoche habían decidido celebrar algo con una ráfaga de cohetes. Ese ruido le había despertado. La insolencia de la farola, tan amarilla, y las conversaciones que subían enredadas en su luz, habían servido de excusa para mantener sus ojos abiertos de par en par. El malestar del pecho, esa piedra que parecía oprimirle el abdomen contra el estómago, ese estómago que parecía estar comprimido hasta desaparecer, las tripas que parecían estar entretejidas como en una urdimbre orgánica... todo su cuerpo tratando de expulsarle; y no podía dormir, y las conversaciones parecían meterse hasta la almohada y la luz se estaba haciendo casi sólida en los pequeños resquicios de la persiana. Y tampoco podía llorar. Y no sabía muy bien cuánto tiempo estuvo así, notando todos y cada uno de sus síntomas y pensando si debía arrepentirse de la decisión tomada... Había perdido la cuenta de las campanadas que el reloj de la sala había cantado mientras permanecía inmóvil e insomne.
Pero eso había sido anoche. No podía demorarse más. No quería demorarse más. Debía decidirse.
Imaginó que era fuerte, que estaba fuerte. Quizá, durante el ataque de tos había expulsado algo más que aire, babas y regusto de mocos. Puede que, incluso, su cerebro se hubiese reacomodado en uno de aquellos lanzamientos.
Ocurrió. No habría vuelta atrás, no habría otro más. Se disfrazó de falsa serenidad, se sentó de nuevo al borde de la cama y lanzó un pie inspeccionando el suelo, a la caza de unas zapatillas que nunca estaban en su sitio; se las calzó y se levantó. Fue a la ventana y abrió la ventana. Por fin había amanecido un día azul...
Final alternativo (a):
... y no lo dudó más: del bolsillo de la chaqueta cogió el móvil, lo conectó con un gesto algo dramático y se dispuso a marcar aquel número por última vez.
Final alternativo (b):
... y no lo dudó más: del bolsillo de la chaqueta cogió el paquete de tabaco, lo arrugó con un gesto algo dramático y lo tiró a la basura.
Saborear un helado de chocolate. Sentir el terciopelo en la boca, fundiéndose despacio mientras relames el pequeño pliegue junto a los labios -no quieres desperdiciar nada-. Pegar un chillidito de alegría cuando encuentras la veta de chocolate fundido entre la crema helada. Ir notando como se satisface la gula, como poco a poco se calma el hambre, el hambre egoísta, el que no está provocado por la necesidad, sino por las ganas de disfrutar, de sentir una caricia dulce en la boca. Hambre egoísta, que se satisface sin grandes cargos de conciencia. Hambre egoísta, que se satisface con avaricia, cuando decides tapar la tarrina y dejar otra ración para disfrutar en otra ocasión, igual de dulce, igual de breve, igual de intensa, igual de grata.
Hambre egoísta, que se empeña en dar vueltas con la cuchara rascando en una tarrina vacía...
Lo dicho, corto y pego lo que he leído en Cambalache 3,14 porque me parece importante (y creo que es lo mejor para que los enlaces buenos se vayan "aireando").
¡Vaya racha que llevamos con los dominios en el mundillo de TeX en español! Primero, se perdió cervantex.org, que ahora está utilizado por un especulador de dominios y hubo que trasladar las páginas de CervanTeX, el grupo de usuarios de TeX hispanohablantes a cervantex.es.
Pero lo que le ha pasado a Javier Bezos, uno de los mejores programadores de TeX/LaTeX del mundo, mantenedor de los paquetes del idioma español para TeX, expresidente de CervanTeX y bellísima persona, es peor.
No sólo le han robado el dominio (texytipografia.com) sino que el actual "propietario" (al parecer, un armenio especializado en este tipo de actividades) mantiene una copia pirata de las páginas originales con los enlaces cambiados, apareciendo popups, spyware y troyanos. Javier se ha visto obligado a comprar un nuevo dominio (www.tex-tipografia.com) que reemplaza al anterior, por lo que las páginas de spanish para babel pasan a ser:
Javier nos ha pedido en la lista de TeX en español lo siguiente: Por favor, si tienes un enlace al anterior dominio, corrígelo para dar el nuevo. Si ves un sitio con el enlace incorrecto, díselo al webmáster. Y si puedes, haz correr la voz por foros y blogs para contrarrestar los efectos del pirateo del contenido. Estaré realmente muy agradecido.
Es más, el sitio pirateado sigue teniendo el pagerank correspondiente al obtenido anteriormente por Javier, con lo cual ¡aparece antes en las búsquedad de Google!. Una buena idea sería que pusierais un enlace en todos los sitios posibles al nuevo sitio (repito: www.tex-tipografia.com) para conseguir volver a poner las cosas en su sitio.
Aprovecho para comentaros (y así enlazo de nuevo) que en el sitio (el actual, claro) hay unos foros recién abiertos donde se pueden hacer comentarios o sugerencias, dar opiniones... sobre el estilo spanish (entre otros paquetes).
"Pink? Pink? Well, what's wrong with pink? Seems like you got a pink kink in your think!"
"Now sometimes you're up and sometimes you're down. When you find that you're down, well, just look around. You still got a body, good legs and fine feet, get your head in the right place and hey you're complete!"
Boundin' (Saltando). Gracias a María por enseñármelo. Y gracias a los Jackalopes que rondan por ahí.
Ayer hice algo que tenía ganas de hacer desde pequeña; ha tenido que llegar mi hija y picarme para que me atreviera. Y ha sido grandioso.
Me he subido a unos patines. Buf, es tremendo, qué sensación de inseguridad y qué susto ver al instructor diciendo "Ahora, tienes que levantarte..." y tú ahí, con una pierna con la rodilla en el suelo y con la otra apoyando el pie (¿apoyando? ¡¡si hay ruedas debajo!!), preguntándote cómo lo haces... y el profe que te tiende una mano, te cuenta el truco de plegar las rodillas, llevar las manos a ellas y mantener tu cuerpo hacia delante. Y, de repente, ¡¡zas!!, estás ahí, encima de tus patines y una sonrisa así de grande en la cara y te atreves a dar los primeros pasitos... Qué sensación de volver a aprender a andar; antes de acabar la primera vuelta me había caído de culo ("¡¡No, mal!! Hay que caer hacia delante...") y me estaba partiendo en el suelo porque recordé los primeros pasos de María. Aunque ella llevaba el dodotis y supongo que algo le amortiguaría...
Poco a poco. Esas palabras me iban llevando. Poco a poco. Pero ¡es que es tan agradable y tan divertido! Sin apenas esfuerzo avanzas, de una forma ingrávida, como sólo he notado en el agua... Eso sí, mis piernas tienen una ligera tendencia a ir solas, sin hacerme mucho caso; la izquierda, sobre todo, tiene la extraña costumbre de abandonar a la derecha a su suerte. Y, entonces, la pierna derecha se me hace la interesante y no quiere seguir a la izquierda. Y ya me veis a mí, intentando poner paz entre mis piernas para que dejen de separarse y yo no me caig... ¡ays! Casi. ¡¡Ays!! Ahora no. Otra culada.
Y fueron cinco. Lo mejor de todo, que a la tercera ya fui capaz de levantarme sola. Sudé. Me reí. Disfruté. Caí. Me levanté. Once vueltas al circuito. Cinco culadas. Mucho sudor. Muchas risas. Mucha concentración. "¿Cómo se hace la marcha atrás?" Más risas.
Let's go fly a kite Up to the highest height Let's go fly a kite And send it soaring Up through the atmosphere Up where the air is clear Oh, let's go fly a kite!
"¡Vaya, qué casualidad! Hace viento y llevo la cometa en este bolsillo..." Y tenías tal cara de pilla que me eché a reír y seguí creyendo en las casualidades. Hicimos un par de chistes sobre la posibilidad de combinar los patines -hoy toca patinaje- con la cometa -siempre y cuando, eso tan raro que te regalaron el otro día sea una cometa- e inventar un nuevo medio de transporte. Y así llegamos a la esquina del semáforo, te di la bolsa de los patines y me quedé esperando, como hago todos estos días, a que cruzaras las dos calles... Sólo que hoy te grité "¡Hasta mañana!" mientras ibas cruzando, y me sonó raro y lejano y se me congeló la sonrisa mientras te ibas alejando...
Me quedé pensando en cometas. Y es que, es curioso, te voy soltando cuerda poco a poco. Quien me vea parada en esa esquina, mirando hasta que te pierdo de vista, no sé qué pensará. Yo hoy me quedé pensando que voy soltando cuerda poco a poco... Hasta que salgas volando, mi reina...
Dejar de vivir en Ferrol e irme a San Valentín fue equivalente a ganar todo un reino. De no poder salir de casa a jugar -salvo cuando mi madre, o alguna vecina, podía llevarme hasta la Plaza de Sevilla-, pasé a disfrutar de toda la libertad del mundo y de toda la calle para mí, para jugar a mis anchas con mis nuevos vecinos. Y de entre todos los escenarios, hay uno que era especial, aunque sólo fuera por la cantidad de horas que pasábamos en él. No era nada del otro mundo, salvo si tienes siete años, claro, y toda tu imaginación y la de tus amigos para recrearlo. Era "el bajo del bloque".
San Valentín, originalmente, era un barrio de doce bloques en la Avenida del Mar y cuatro en la Avenida de la Cooperación. Ambas se cruzan a la altura del bloque 4 de la Avenida del Mar. Y un bloque es un edificio rectangular, de cuatro pisos de altura, más la azotea. Tiene tres portales y en cada portal ocho viviendas (dos por piso). Los "bajos" eran el hueco vacío bajo el bloque. Igual os ayuda si os digo que imaginéis un palafito, porque algo así parecía el conjunto, ya que el bajo era el esqueleto de columnas del edificio, flanqueando de forma triste el portal.
Bueno ¿triste? No, rotundamente no. Porque los bajos eran nuestro reino.
En Galicia llueve mucho. Salir de casa, tener un sitio al que poder bajar a jugar, esté cayendo la que esté cayendo, es una bendición. Allí podíamos hasta montar en bicicleta, pero lo habitual eran los partidos de fútbol, jugar a la chapa (el sambori), o a la cuerda, o a la goma o a las casitas. Esto último, dependiendo del día, a cualquier escala, ya que lo mismo nos bajábamos las cocinillas de casa (y el resto de los trastos, por supuesto) como nos podíamos inspirar, repentinamente, al ver un montón de ladrillos en alguna obra próxima y transformar un montón de ellos en cocinas, mesas, sillas, sofás... con la ventaja de disponer, además, del extra de los montones de arena y/o cemento para ir mejorando el menaje que improvisábamos sobre la marcha.
Fueron muchas horas las que pasamos jugando en esos bajos. Muchos años, más bien. Y es que a mi bloque tardó en llegar la oleada de "robos". Robos. Robada. Así me sentía cada vez que un trozo de bajo desaparecía detrás de paredes porque alguien lo había comprado. Vale, sí: así llegaron al barrio supermercados, papelerías, fruterías y otras tiendas... pero desaparecía nuestro reino poco a poco. Y yo tuve suerte porque soy del bloque doce, del último. Fue de los últimos en ser robado y en nuestro pequeño trozo de reino las cosas funcionaron bien durante bastantes años. Al menos durante los suficientes para mí.
Y hay una actividad que hoy he recordado. Dale a un niño un trozo de tiza y una pared y dime qué obtienes. Y, ¡diantres si teníamos tizas! Cuando a nuestros padres se les dio por empezar a empapelar paredes y decorar los techos con molduras (en el barrio todo iba por oleadas, como si viniera una moda virulenta y repentina), éramos los reyes de la tiza, disponíamos de toneladas de yeso para dibujar; había montones y montones de restos de trozos de moldura desechados por todo el barrio. Para dibujar en el suelo circuitos de sambori, o campos de fútbol (de tamaño olímpico o de chapillas), o campos de brilé (balón-tiro) o simplemente rutas locas que seguir con una bici. Para dibujar en la pared la decoración de la salita que habías montado con los ladrillos de la obra del vecino. Para dibujar corazones de tiza en la pared y fastidiar a tu hermano mayor, o a tu vecino el borde, o a la vecinilla tonta que te caía mal, con un "Fulanito x Menganita"; que lo poníamos así, el "por" con su símbolo matemático y dentro de un corazón de tiza,
Y hoy iba cruzando el ágora de la UJI con María y en una de estas nos pusimos las dos a cantar esta canción a pleno pulmón. Y lo que me he reído recordando historietas de cuando yo tenía diez años... ¡la de veces que tuve que escapar con la tiza en la mano!
Ya no queda ni un bajo libre en San Valentín. Hace años, muchos años, que robaron todos los bajos, todos los huecos, todo nuestro reino de juegos. Pero no tenéis ni idea de la cantidad de corazones de tiza que hay ocultos bajo el enlucido de las paredes de tiendas, supermercados, papelerías y garajes de mi barrio...
El capitán Howlett echó hacia atrás su sombrero. Todavía jadeaba por el esfuerzo de subir las escaleras; pero si estaba en lo cierto, tenía que aparecer la marca que había dejado en la pared la última vez que había recorrido aquel mismo pasillo. Enfocó con la linterna la pared izquierda y la buscó con la vista. Efectivamente, allí estaba. Se permitió una sonrisa al ver que parecía confirmarse el plano de la biblioteca que había ido dibujando en su cabeza, mientras recorría pasillo tras pasillo y subía y bajaba interminables tramos de escalera... tamborileó ligeramente con los dedos en la pared, como si estuviera comprobando que la marca no era una ilusión. Podía tomarse un respiro. Se dejó caer en el suelo y allí, sentado y algo más relajado, procuró fijar mentalmente el esquema del edificio.
La planta principal tenía forma de X. Pero le había parecido mucho más complicado al comenzar a recorrer los pasillos que surgían de los extremos del aspa y que unas veces llevaban a otro piso distinto y otras, le mantenían en el mismo. Ahora que había podido orientarse, reconoció que no era tan difícil de recorrer, pero también era cierto que le costó no caer en las mil pequeñas trampas que se escondían en recovecos y esquinas. Se había encontrado espejos curvos, puertas cegadas, y tramos aparentemente ascendentes que, al doblar una esquina, cambiaban bruscamente y le devolvían a pisos inferiores. En muchos tramos, a la oscuridad y el polvo se unía la sensación asfixiante de falta de aire, como si aquellos pasadizos no hubieran sido recorridos por el aire fresco en años. Pero una vez localizadas las escaleras de caracol en uno de los laterales, la sensación de estar perdido desapareció y fue capaz de orientarse sin equivocaciones. Fue cuando comenzó a dejar marcas e inició un último recorrido de reconocimiento, el que acaba de finalizar en ese momento.
Allí sentado en el suelo, bajo la marca que acababa de confirmarle que tenía razón, el capitán trazó mentalmente un itinerario que le permitiera recorrer de forma sistemática el edificio. En esa biblioteca tenía que estar el libro perdido del Dr. Jackson, y sin el libro no cabía esperanza... debía barrer todos los anaqueles sin dejar ni uno y procurar no pasar por alto ni una sola de las pequeñas salas que se abrían ocasionalmente en ángulos y que no siempre se distinguían en una primera ojeada. Ahora lamentaba no haber prestado crédito a aquel extraño individuo que se ofreció a venderle información sobre cómo encontrar el libro. Y de nada le sirvió arrepentirse; cuando volvió a buscarlo y pudo verle por última vez, no tenía muy buena cara... después de que alguien lo hubiera tomado como blanco al vaciar el cargador de su pistola.
Alguien quería que el libro no apareciera pero, ¿quién? Tenía un buen montón de preguntas, además de ésta. Ni siquiera sabía cómo era aquel libro, qué aspecto tenía; ni siquiera estaba muy seguro de qué haría con él cuando lo encontrara, quién podría interpretar la información que almacenaba y si ésta serviría realmente para construir la nave, pero si querían...
-"¡Niño! Baja, ya está la cena."
Hubo un movimiento muy lento bajo la ventana, al tiempo que se oía un pequeño bufido. La ventana dejaba pasar la luz amarilla de una farola y, bajo esa luz tenue y cálida, el libro dejó de ser la puerta interdimensional a un mundo paralelo y la página volvió a ser un rectángulo de papel blanco con pequeñas letras negras, entre las que el capitán Howlett podría estar tan perdido como lo había estado en aquella biblioteca. La llamada de la abuela volvió al niño a la realidad y abandonó el hueco bajo la ventana para bajar a la cocina. Su hueco bajo la ventana, el hueco iluminado por esa luz cómplice que le acompañaba como pasaporte a otros mundos, cuando desaparecía el Sol y no le permitían encender la bombilla. Y es que, en otoño, los días son más cortos. Pero una farola puede alargar los sueños.
Ayer conocí a Toño. Me acordé de Amparo y de Ernest, pero sobre todo de Alfonso. Prefiero dejar que se presente él mismo:
(Si el reproductor flash os dice que no se pueden ver, ni caso, recargad la página, que sí que están disponibles :-))
Me recuerda a Alfonso; que comparten enfermedad es evidente. Pero, sobre todo, porque comparten sentido del humor, inteligencia y pico de oro. Hace tiempo que no le veo, a Alfonso... ni a él ni a Mar. Igual Mar ha terminado la carrera y es por eso que en el Vox UJI eché de menos, en el último número, la sección Amb cames que roden, en la que Mar colaboraba. Mar no tiene la facilidad de palabra de Alfonso, pero tiene las ideas muy claras y prestaba tener un sitio donde poder leerlas... aunque sólo fuera la cuarta parte de la penúltima página de nuestro periódico.
Pues sí, ayer conocí a Toño. Me llamó María para ver no sé qué en "El hormiguero" y le vi allí. Me reí con ganas, porque el tío tiene un humor demoledor. Ayer salió en una silla de ruedas especial que le permitía estar incorporado. Y el monólogo trataba sobre sus múltiples ventajas, especialmente a la hora de relacionarse socialmente (y de utilizar los urinarios de pared). La última reflexión era algo así como: "... y hay gente que me ve y me felicita porque dice que ahora se me ve mejor, que parezco una persona. Y yo les digo que sí, que desde aquí arriba distingo mucho mejor a los hijos de puta."
En fin, como decía Ernest, "No se ha fijado, no se ha fijado... vamos, ¡que el tío este tendrá muchos alumnos en primera fila inmovilizados en una silla de ruedas!". Por cierto, Ernest, meu, esta mañana en méneame encontré una colección de sillas que igual te hubieran gustado. Yo me he acordado especialmente de ti (y de Amparo, y de Alfonso, y de Mar y de Toño) al ver ésta:
Perfecta para conversar con los que inutilizan los vados de las aceras, o se olvidan de que las escaleras son cuadradas, como su cabeza. Estoy por hacérsela llegar a Toño...
"Mi médico siempre me decía que deseaba lo mejor para mí pero, a veces, lo que parecía mejor resultaba que no lo era. [...] me pedía sobre todo que confiara en él, y recalcaba: yo siempre he creído que si mi "yo" del pasado tomó esa decisión era porque creía en ella. Respeta a tu yo anterior.
[...] Cuando salí del hospital, reflexioné sobre esas palabras. Era un buen descubrimiento y no sólo para la vida médica sino para todo. Solemos creer que erramos decisiones; es como si pensáramos que ahora somos más listos que antes, como si tu yo del pasado no hubiera valorado todos los pros y todos los contras.
Desde que aquel médico me habló de ello, yo siempre he creído en mi yo del pasado. Hasta creo que es más inteligente que mi yo del futuro. Así que cuando a veces tomo una decisión equivocada no me enfado, pienso que la tomé yo mismo y que fue meditada y pensada (eso sí, intento siempre pensar y meditar las decisiones).
No hay que desanimarse por las decisiones equivocadas que uno toma. Debes confiar en tu yo antiguo. [...] ¿Por qué crees que ahora tienes derecho a juzgar lo que él (tu yo antiguo) decidió? Acepta quien eres, no tengas miedo de ser la persona en quien te has convertido con tus decisiones.
Las malas decisiones curten, las malas decisiones, dentro de un tiempo, serán buenas decisiones. Acepta eso y serás muy feliz en la vida y, sobre todo, contigo mismo.
[...]
En un 80% eres consecuencia de tus decisiones. Quiérete por el resultado de lo que eres. Quiérete porque en eso es en lo que te has convertido. Y sobre todo reconoce que a veces te equivocas. Y ese 20% de equivocaciones tienes que reconocerlas y aceptarlas.
Como me decía aquel médico: "Reconocer" es la palabra clave. Debes reconocerte a ti mismo, reconocer cómo eres y reconocer la culpa.
En el hospital nos enseñaron a aceptar que podíamos equivocarnos. Mi médico a veces se equivocaba y siempre aceptó la culpa. El mundo iría mejor si aceptáramos que nos equivocamos, que hemos errado, que no somos perfectos. Mucha gente intenta buscar una excusa a su equivocación, buscar otro culpable, quitarse el muerto de encima, lo que no conocen es el goce de aceptar la culpa. Un goce que tiene que ver con saber que has tomado una decisión equivocada y que lo admites.
Me encantaría ver juicios en los que la gente aceptara la culpa, conductores a quienes pararan y que reconocieran que iban a más velocidad de la permitida.
Es importante que reconozcamos que nos equivocamos para así tomar conciencia de dónde están los errores y no cometerlos nunca más. Quizá muchos tienen miedo al castigo que esto puede suponer, pero el castigo es lo de menos, lo único importante es dar a nuestro cerebro los items correctos."
El lunes desperté viendo una entrevista de Buenafuente en la tele. En concreto, esta. Y estoy por creer en el amor a primera vista, porque este hombre me dejó a cuadros. Y feliz. Igual en eso consiste ser amarillo.
Es un libro lleno de palabras sencillas y de ideas sencillas, pero muy grandes. Y sólo tiene un objetivo: conseguir ser feliz... conociéndote a ti, conociendo a los que te rodean, aprendiendo a creer en los sueños y aceptando que la muerte no es eso que le ocurre a los demás. Y será por eso que volviendo a casa en el autobús y releyendo el libro me acordé de alguien que podría haber escrito alguna que otra frase de este libro (aunque pensándolo mejor, Natxo era amarillo. Puede que el más amarillo de todos los amarillos. Y pensándolo mejor aún, Natxo es el amarillo de todos los amarillos. Es curioso, fue un pacto de vida sin que supiéramos que lo era).
Y los párrafos que he reproducido... pues me vais a perdonar, pero los he incluido como una especie de autohomenaje. O no. Me ha prestado mucho encontrar ese capítulo: llevo años pensando eso mismo y ha sido bonito encontrarlo escrito y, además, expresado de una forma tan simple y directa. Igual no es más que una enorme casualidad. Al ver sobre papel esas ideas tuve la satisfacción de quien ve que le dan la razón, pero también advertí que aún tengo que trabajar algo más sobre ello. Ayer tuve una discusión con María sobre aceptar su culpa cuando hace algo mal; y hoy lo he encontrado en el libro... junto a otros capítulos en los que tengo que aplicarme mucho; como el que habla de que lo difícil no es aceptarse como es uno, sino aceptar al resto de la gente. O como el que cuenta que hay un truco para no enfadarse jamás. Mis culpas más notorias, falta de empatía, impaciencia y facilidad para dispararme. No está mal para empezar: tengo más argumentos para mi niña y la posibilidad de aplicarme mi propia medicina...
Es posible que no estuviera tan mal imitar a Dave y acabar siendo un rayo cósmico recorriendo estrellas. Es la segunda vez que lo digo esta semana, creo, pero es la primera que tengo realmente envidia de ese final; o que desearía que no fuera el final de una película. Es posible que haya un momento para el cuerpo, para los cuerpos, para notar todos y cada uno de los sentidos. Y seguramente habrá toda una eternidad que podría llenarse sin más que percibiendo estallidos de energía, sin más que formar parte de ese universo y notándolo simplemente como una parte de ti. Sin piel, sin manos, sin oídos, sin vista... sólo viviéndolo, sin necesidad de sentirlo porque formas parte de él. Y qué tontería, si al fin y al cabo ya lo somos. Con nuestros sentidos limitados, con un cuerpo que puede que nos ate más de lo que lo que nos libera... con imágenes tan escasas que necesitamos conocer más, ver más...
Miro esas imágenes de las estrellas y me siento como una niña pequeña acurrucada en una esquina mientras espera el momento de despegar, de comenzar el viaje de la vida con sus propias piernas, con sus propias alas... O como la amante que espera la última caricia para romperse en ese orgasmo que le haga superar la barrera de su propio cuerpo... O como me podré sentir cuando llegue ese último momento, antes de despegar definitivamente y olvidar para siempre este cuerpo y lo que quiera que haya acumulado a lo largo de este viaje, corto e intenso, viaje loco para aprender lo que querré olvidar al partir...
Supongo que va por días. Los hay que lo asumo y hasta me gusta. Pero los hay que se me cae todo encima y no sé salir a tiempo y me pilla la avalancha de pleno. Tengo que aprender a vivir sola, pero es que hay días que, simplemente, no puedo.
Y que por qué no llamo a nadie... y que por qué no materializo alguno de esos cafés que se quedan siempre en el aire y dejo de quejarme. Bueno, te he llamado a ti, te he dicho lo que sentía y tampoco estabas por la labor de quedar. Así que tampoco sé qué posibilidades podría tener con otras personas. Los de mi edad, pues tienen sus rollos y sus hijos y yo me siento un pegote... Y con los que son más jóvenes, me siento pegote y medio. Y no, no llamo a nadie. Tienes razón. No sé si soy una hipócrita o una cobarde. Supongo que es que me asustan los rechazos, más que los silencios, más que los vacíos. Y seguramente me los gano a pulso con mi puñetero carácter. Y que no sé aún lo que quiero, aún no he conseguido aclararme con que es lo qué quiero hacer. Ni siquiera sé si quiero hacer algo.
Y sí, ya sé, son las hormonas. O el no dormir. O yo que sé.
Pero ayer me sentí sola. Y hoy me siento sola. Igual en diez minutos se ha acabado el rollo, porque tengo revisión de exámenes. Y voy a llegar con esta cara de imbécil llorosa y les voy a cortar el rollo más que si fuera con cara de sargento chusco a meterles la paliza. Eso si viene alguien...
Necesito dormir. Y, de paso, perder este complejo de Calimero mal parido. ¿Podéis mentirme un poco y decirme que soy estupenda? (Gracias)
Actualización: Gracias de todo corazón. Espero que ésta no sea corrosiva... Es tan guapa como vosotros :-)
Primero pensé en publicarlo; luego lo desestimé por demasiado japi, no sé si me entiendes. Más tarde recordé qué día es hoy y qué día es mañana. Y luego recordé otra vez el final de Luces de ciudad y a mi vagabundo preferido... y a mi niño preferido. Y luego he vuelto a admirar el sol de otoño y me puse a llorar otra vez, pero de guais, porque si se trata de ti hasta llorar puede ser de guais.
Así que, mira, lo cuelgo. Porque el mensaje es bonito y tengo día de mensajes bonitos. Pero, sobre todo, porque me recuerda a ti, que también eras demasiado japi para ser cierto. Otro beso, mariposón ;-)
Don't you feel a change a coming from another side of time? breaking down the walls of silence lifting shadows from your mind Placing back the missing mirrors that before you couldn't find filling mysteries of emptiness that yesterday left behind
And we all know it's better yesterday has past now let's all start the living for the one that's going to last Yes, we all know it's better yesterday has past now let's all start the living for the one that's going to last
Don't you feel the day is coming that will stay and remain? when your children see the answers that you saw the same when the clouds have all gone there will be no more rain and the beauty of all things is uncovered again
And we all know it's better yesterday has past now let's all start the living for the one that's going to last Yes, we all know it's better yesterday has past now let's all start the living for the one that's going to last
Don't you feel the day is coming and it won't be too soon when the people of the world can all live in one room? when we shake off the ancient shake off the ancient chains of our tomb we will all be born again of the eternal womb
And we all know it's better yesterday has past now let's all start the living for the one that's going to last Yes, we all know it's better yesterday has past now let's all start the living for the one that's going to last
Let's all start living, let's all start living living, living, living for the one that's going to last
Dedicado a todos los que nos hemos ganado esta canción.