jueves, 11 de septiembre de 2008

Sé que puedo hacerlo


No era la primera vez que la idea le pasaba por la cabeza. Y, además, intuía que no sólo le pasaba a ella. Tal vez no era muy lógico, pero allí estaban los hechos que parecían confirmar aquella extraña teoría. Y tenía que ver si era capaz de probarse a sí misma, para confirmarla o para rebatirla.

La sala estaba como en penumbra. Cerró los ojos, intentó ordenar aquellas pequeñas piezas, sin saber aún si estaban todas las que necesitaba para resolver el puzzle, y procuró despejarse. Permaneció así, callada, tranquila, ignorando hasta el ruido del tráfico que se colaba por la ventana entreabierta. Casi podía notar como una idea iba creciendo y dibujándose dentro de su cabeza. Y decidió no concederle el beneficio de la duda: se levantó, muy decidida. Estaba muy segura de hacia dónde dirigir sus movimientos y cómo hacerlo para evitar que sus pensamientos pudieran desordenarse en el traslado.

Primero subió ligeramente la persiana y, a continuación, fue a la mesa y encendió el pequeño ordenador. El saludo del startup animó la idea, como si fuera levadura en un soufflé. Tenía que comenzar ya a probarla, si no quería que se desinflara y se perdiera el efecto. Con la soltura que da la práctica, abrió el navegador y accedió a la página donde encontraría la prueba que habría de ayudarle a llegar a alguna conclusión. La prueba que abría, o cerraba, la puerta de su hipótesis. Y comenzó la búsqueda...

La búsqueda. La búsqueda más fascinante. La búsqueda de las palabras que sirvieran para hilvanar esos pensamientos, para expresar sus emociones, para desarrollar sus ideas. La búsqueda de las frases adecuadas con esas palabras, la búsqueda de la cadencia de esas frases, la búsqueda de los signos de puntuación que enmarcaran palabras, frases y cadencia, complementándolos y redondeando el proceso.

Un arranque, un desarrollo, un final. Sólo necesitaba eso y arroparlo con calor, con un trocito de su aliento, intentando que unos trazos más o menos caprichosos, abstractos y que sólo adquieren sentido en los ojos de quien sabe interpretarlos para vivirlos, para hacerlos suyos, formasen una historia.

Aunque eso sólo sirviera para rebatir su teoría. No necesitaba sentirse triste, también podía escribir pequeños relatos siendo feliz...

404: Entrada not found

miércoles, 10 de septiembre de 2008

... Your own kind of music










Tengo mucho morro, ya lo sé: sólo a mí se me ocurre coger prestada una de tus fotografías para decirte ¡¡Feliz Cumpleaños!! :-D

martes, 9 de septiembre de 2008

Meme Premio al Esfuerzo...





(Je, siempre he sabido que soy un diamante en bruto :-P)

Vale, sí, bien... he empezado un poco irreverente, pero es que con estas cosas siempre me pongo nerviosilla y me sale el lado pelín borde. Es que el señor r me ha otorgado el Premio al Esfuerzo Personal en su blog. La primera irreverencia está en haber puesto ese meme en el título :-), pero ¡¡es que lo es!!. Y la segunda irreverencia es agradecerlo porque, ¡diantres!, me gustan los memes ;-) Me parecen una bonita forma de parar un poco en tu rollo personal e integrar tu blog en el del vecino. Y, qué caramba, pues que me hace ilusión que se hayan fijado en servidora, que si escribo aquí es para que me lean. Así que muchísimas gracias, señor r, a pesar de que el tono pueda parecer algo distendidillo de más... :-D Procedo a cumplir con el protocolo:

Las reglas del premio son:

1. Elegir 6 blogs y otorgarles el premio.
2. Guardar el premio con el correspondiente enlace de quien lo ha otorgado.
3. Poner las reglas en el blog.
4. Expresar seis valores importantes y seis que no lo sean.
5. Avisar a los premiados con un comentario en su blog.


Seis valores importantes: Constancia, Afán de superación, Compartir y repartir amor, Hambre de cultura, Amistad, Ternura.
Seis valores que no sean importantes: Me resisto a que sean valores... pongamos más seis "cualidades" (?) que me la bufan... Hipocresía, Victimismo, Pereza, Desinterés, Arrogancia, Materialismo.

Los blogs elegidos:

  • luen.org: Constancia. Y con calidad; escribe casi todos los días y no deja de sorprenderme. Últimamente le va la cosa crítica (vamos, opinar sobre películas, juegos, música, teatro... como crítico) y lo hace bien y muy divertido. Vale que es un pedazo friki, pero presta tener un sitio donde encontrar crónicas frikis de la realidad. O una crónica geek. O una crónica ye-ye.


  • Diario de Avelino: Superación. Ahora lo tiene algo dejadillo, pero vamos a perdonarle, que está escribiendo el proyecto final de carrera y seguro que, en cuanto sea ingeniero, vuelve a la carga. Pionero en el uso empírico del bloguerío como terapia, me ha hecho llorar a veces cuando contaba sus problemas al mirarse a sí mismo muy adentro, pero ha sabido salir triunfante, porque él lo vale. Sigue así, señor ingeniero :-)


  • El niño naranja: Amor. Y sobre todo estos días. Es raro, te vas al fotolog del Niño Naranja y salen nubecitas de color rosa :-) ... Y es que está enamorado, mi niño :-) Mucho, mucho. Y entre fotos y prosa en verso nos va contando una historia que sólo nos puede hacer sonreír y soñar. Qué guapiño que eres, rei... Gracias, por dejarnos compartir tu sueño :-)


  • Historias de la ciencia: Cultura. Estaba por poner todas las letras de cultura en mayúsculas. He aquí un señor que lee un libro y te lo cuenta y consigue que te entren ganas de leer ese libro. Y el mérito es mayor aún considerando que no se trata de novelas de aventuras y/o tremendas historias épicas, sino que hablamos de divulgar ciencia. Siempre ameno, siempre correcto, siempre generoso con las opiniones de los demás... siempre tengo mono de leer historias nuevas :-)

  • Cogudes mentals: Amistad. Por dos razones. La primera es que es un blog en modo triunvirato, tres personas (coa)liadas, perpetrando un blog desde la irreductible aldea villarealense... pero es que, además, invitan a todo el que pasa a participar y somos muchos los que nos sentimos allí como en casa y de la familia. Y la segunda es que toda la gente que me encuentro allí es gente a la que conozco y me cae muy bien (bueno, me falta conocer a dos de los coguderos en persona, pero el resto están fichados... algunos muuuuucho :-P). Aviso a castellano parlantes: escriben en catalán, pero tampoco hace falta ser políglota para entender sus historias. Y, si os supone un pequeño esfuerzo, las cogudes hacen que merezca la pena.


  • Papá en prácticas: Ternura. Le decía el otro día a su autor, en un comentario, que no sé muy bien por qué me ha enlazado... pero me alegro profundamente de ello, porque, si no, no le hubiera descubierto nunca. Diego y sus papás, desde el punto de vista de papá. Y me presta mucho que sea desde el punto de vista de papá. Necesitamos más padres presumiendo de su paternidad. ¡¡Y necesitamos más fotos de Diego (esto es un mensaje subliminal dirigido al autor del blog ;-))!!



Me quedan muchos blogs en el tintero, sólo puedo poner seis... Se quedan algunos que tienen más de una de las cualidades mencionadas, otros que las tiene todas, otros que no tienen ninguna de estas y muchas de otras igual de importantes... Hay gente a la que no he mencionado a propósito porque les acaban de dar un premio similar, hay gente a la que no he enlazado a propósito porque van vendidos de tiempo y hay gente a la que no he enlazado porque... sólo puedo enlazar a seis. Pero tenéis una buena colección de enlaces en el marco derecho, de los blogs que me interesan y de los que aprendo siempre algo en cada visita. La lista no está todo lo actualizada que debería... pereza, pereza (¡¡brrr!!)... pereza de editar pero, sobre todo, pereza de eliminar algún enlace que lleva tiempo sin actualizar y del que no pierdo la esperanza de que el día menos pensado resucite :-)

En fin, hecho está. Qué bueno haber tenido la oportunidad de reflexionar sobre mis amigos blogueros :-)

domingo, 7 de septiembre de 2008

La vuelta al cole...






"Pero estos... ¿de qué van? Mira mamá, han colgado chaquetas, camisas, ¡¡pantalones!!... ni que lo primero que hiciéramos al llegar a clase fuera desnudarnos y dejar toda la ropa en los colgadores... "

María, alucinando delante de un escaparate.


viernes, 5 de septiembre de 2008

Morriña


El señor r dibuja. Mucho y bien. Y nos regala sus bocetos y apuntes en su blog. Hoy me he pasado y en su última entrada, "3 de septiembre", mostraba sus últimos dibujos. Y mira tú por donde, el último era este:




"No conozco el nombre de la plaza". Pues yo sí, como le dije en un comentario. Es la plaza de Amboage, en Ferrol, en mi Ferrol. El boceto es muy bueno, en seguida se ve cómo es la plaza, tal y como podéis comprobar por las fotos que he encontrado y que, más o menos, cubren el mismo ángulo que el que muestra el señor r en su boceto:



En esta podéis ver en el lado izquierdo la frondosidad de palmeras y otros árboles que en el boceto aparecen al fondo, tras la estatua (el ángulo no es exactamente el mismo, pero creo que se reconoce perfectamente). La siguiente os la pongo para introducir la historia que quería contaros,



ya que en ella podéis ver mejor al señor Marqués de Amboage. Le empecé a contar la historia antes al señor r, pero cuando la tenía a medio embrollar, me di cuenta de que me flojeaba algún detalle. Busqué un poco y encontré la historia abreviada del señor marqués, que es bastante triste. El hombre se hizo millonario, pero a costa del tráfico de esclavos. Quizá para descargar su conciencia, y a la memoria de un hijo muerto, creó una fundación con su nombre que el día de San Ramón, el día grande de las fiestas de Ferrol, debe repartir 5000 pesetas entre los más necesitados de Ferrol. No os ríais, pensad que murió a finales del siglo XIX: para la época, era un dineral. Y otro detalle más: dejó un fondo destinado a que los mozos de Ferrol sin recursos económicos pudieran quedar exentos de realizar el servicio militar, cosa que se conseguía en la época con 1500 pesetas. Cuando ya fue completamente imposible librar mediante pago, se repartió igual el dinero entre aquellos que volvían de cumplir el servicio.

Y ahí es cuando paro y, con vuestro permiso, me sonrío porque esas 1500 pesetas del señor marqués financiaron la luna de miel de mis padres.

Pasado el momento de complicidad, llega el de la morriña, porque ¡claro! me puse a trastear en el portal en el que encontré la historia; y me encontré este vídeo, realizado con la técnica de timelapse. Tiene su años... bueno, tiene los mismos años que mi hija, porque es de 1997:


Ferrolterra 1997 from Luis Caldevilla on Vimeo.

El vídeo muestra cosas que ya no están. En la plaza de España había una estatua de Franco y quitarla ha llevado un tiempo; en la remodelación de la plaza, aún andan. Y muestra más lugares que Ferrol: tenéis mi Astano, mi San Valentín, y también Ares, Pontedeume, Fene, Mugardos, Narón... y de Ferrol tenéis la calle Real, la plaza de Armas con el Ayuntamiento, el muelle, la carretera de Castilla, Caranza, la calle Galiano, el Cantón... y mi ría, las maravillosas vistas de mi bendita ría...

Vaya, señor r, que me ha cundido la tarde gracias a usted. La ilusión que me hizo encontrar este boceto, así como los otros dos de Ferrol. ¡Buen baño de morriña me he pegado, entre los bocetos, mis recuerdos y buscar fotos e indagar por internet! ¡Gracias!

martes, 2 de septiembre de 2008

No, mamá, déjame tener razón...





Luces de la ciudad, Charles Chaplin


Por lo menos, hoy. Hoy que he reído tanto, que me han regalado risas... que mi niña me ha regalado risas, me ha regalado vida, me ha regalado aire, me ha regalado sueños... mi niña, que se ríe y me arrastra con ella...

Hoy quiero tener razón. Sé que hay gente así; sé que hay gente que lo da todo por los sueños de los demás, como el pobre vagabundo que lo dio todo por devolver la vista a su ángel ciego. Sé que hay gente que lo entrega todo sin esperar nada, que comparte por el placer de dar, que confía porque no hacerlo es de cuerdos y la locura, muchas veces, es lo que te mantiene vivo, el escalofrío que te recorre la espalda y te confirma que estás entero, que palpitas, que respiras, que sueñas, que vences...

Sí, ya sé. Que lea el periódico -que está lleno de ejemplos-, que abra los ojos -que me van a comer viva-, que no me fíe, que salga de ahí, que piense en mí, que me esconda, que no me enseñe, que no ofrezca puntos flacos, que mantenga alta la guardia... que qué hija tan tonta para lo inteligente que es, que -ya lo sé-, no aprendo...

Pero creo que no quiero aprender, mamá. Verás, me la clavan y me escuece, pero si no me doy, me duele. Prefiero que se rían de mí, a tener que llorar yo por mí. Prefiero que me quiten cosas a quitarme yo la vida. Prefiero, de verdad, parecer tonta que estar lista.

No sé bien cómo explicártelo. Tiene que ver con recordarme triste, llorando e infeliz y asociarlo al cuidado, a la reserva, a la desconfianza, al rechazo a los demás; y con sentirme feliz, tranquila y riendo, después de quitarme esa capa. Y para mantenerme así, necesito confiar. Llámame majadera, ríete de mí... pero necesito confiar. Quién sabe, mamá. Confiando puede que encuentre a ese vagabundo y pueda devolverle parte de lo que él dio por amor, por confianza. Hay gente así, lo sé, y esa es mi gente. Por ellos merece la pena vivir y ellos hacen que vivir merezca la pena.

viernes, 29 de agosto de 2008

Allora... se fosse carne da fotolog?

Pues sería algo así:





¡¡Sigo en terapia!! La la la... ;-)






Una última copa



"No te vayas aún, vamos a pedir otra copa. No quiero volver ya a casa. No recuerdo tu nombre... tampoco recuerdo el mío, ni siquiera sé si volveré a utilizar un nombre... estoy harta de palabras. No, no necesito saber cómo te llamas, ni necesito saber cómo me llamo... tampoco necesito las palabras. Lo que necesito es que me vuelvas a coger la mano y después, quizás, que me beses... pero ahora sólo necesito tu mano apretando la mía, mientras callo todo lo que intento olvidar y mientras olvido todo lo que tenía pensado callar. ¿Raro? No, no es raro, casi todas las relaciones se basan en los silencios, cuando estos te lo dicen todo. O cuando lo que callas dice más que lo que dices. O cuando expresa lo que piensas a pesar de lo que dices. Y las relaciones se joden cuando empiezan a basarse en lo que dices, a pesar de lo que piensas... o a guiarse por lo que dices, a pesar de lo que sientes... Sí, seguramente tienes razón y es una tontería... no olvides que estoy borracha. Pero borracha he aprendido que no sé manejar mis sentimientos. Que no sé ordenarlos, como no sé ordenar mis papeles. Que no quiero ordenarlos porque amor siempre va el primero en orden alfabético, pero después siempre se queda atrás y le pasan los otros por delante y acaban todos desordenados... No sé manejar mis sentimientos, nunca me han enseñado, nunca he querido aprender... y me quedo a solas con mis silencios... sin saber decir lo que siento y diciendo cosas sin sentido... O pensando cosas sin sentido...

Pero cómo vas a enterarte de lo que estoy pensando si estoy aquí callada sin hablarte... coge mi mano, abrázame, no te vayas y quédate conmigo. Por lo menos hasta que me venza esa última copa o hasta que explote en tus brazos. Mañana con la resaca te habré olvidado, no temas..."

18/03/07, 01:10



Me lo he encontrado entre los borradores. Lo escribí en marzo de 2007 y al verlo sólo he pensado en que era un curioso ejercicio de narrativa dramaticoide. Me he sonreído al leerlo y he sido rotunda al marcar el tag de estoyMintiendo. Después, he vuelto a sonreír y al levantar la vista me he fijado en lo azul que está hoy el cielo. Se está bien aquí, metida en mi vida... Gracias por ayudarme a no perdérmela.

martes, 26 de agosto de 2008

Fruncir el ceño






No estoy soñando ni delirando,
estoy frunciendo el ceño,
no es que me deslumbre al mirar al cielo.
Silbando, gritando, ladrando,
aullando a Dios.

Lástima de peso pesado
en la era de lo ultraligero,
subiendo la guardia perplejo,
recibiendo castigo sin parar...
un poco de amor no estaría mal...


Y de regalo, un EP :-)


viernes, 22 de agosto de 2008

La noche más larga


Lo que realmente tendría que haber abierto mis ojos fue el que mi prima estuviera despierta antes que yo. Era una mañana festiva, preludio del fin de semana sin llegar a ser puente; notaba voces y susurros que me llegaban sin estar consciente, entre el duermevela y el estar casi despierta, y, por fin, una luz se encendió y una voz me dijo: "Levántate, han llamado de tu casa."

Medio atontada aún por el sueño, apenas entendí algo sobre que mi padre estaba en el hospital y que nos íbamos en coche, mis tíos y yo, para Galicia. Hice la maleta en apenas un cuarto de hora (ahora que me acuerdo, mi prima me iba ayudando, dándome ideas sobre qué meter y cómo combinar la ropa) y antes de una hora ya estábamos en la carretera.

En honor a la verdad, volví a quedarme dormida. La noticia me había dejado perpleja, pero no había llegado a preocuparme todavía; no había entendido muy bien lo que me habían dicho ni por qué estaba papá en el hospital. Creo que dormí hasta llegar a Honrubia, en donde paramos a tomar un café. Aproveché para fumar un pitillo (en aquella época fumaba, y mucho) y para pedir que me repitieran más despacio las noticias que habían llegado de madrugada.

Por lo visto, había sufrido una trombosis y estaba mal, muy mal. La idea empezó a abrirse paso en mi cabeza y empezó a martillear. De repente, sentí la urgencia de estar allá y darle un abrazo. Recordé la última conversación por teléfono, casi un secreto entre ambos, ya que había cogido la costumbre de llamarme desde el trabajo y hablábamos los dos largo y tendido, aunque luego apenas sí me saludara cuando llamaba mamá desde casa el fin de semana. Además, esas llamadas tenían un punto de complicidad, él me contaba cosas que nunca me había contado antes y yo le confiaba cosas que ni loca le hubiera dicho a mamá. Teníamos que llegar ya, quería abrazarle y darle un gran beso. Quien sabe si esa iba a ser toda nuestra despedida, si íbamos a ser capaces de hablar. Un beso. Me conformaba con poder darle un beso.

Dejamos atrás Madrid, empezamos a cruzar Castilla -Castilla la Vieja, Castilla León, León sin Castilla... ¡qué risa cambiar el nombre de los sitios, ignorando a los dueños de su vida!- y empecé a subir el ritmo de los pitillos. Mi tía se giraba de vez en cuando y me echaba aquella mirada reprobatoria... Yo la ignoraba completamente; posiblemente, si me hubiera fijado, hubiera leído mejor en aquellas miradas.

Porque cuando, por fin, llegamos a Ferrol (no recuerdo absolutamente nada de las últimas horas de aquel viaje ¿volví a quedarme dormida?) paramos en casa de mi abuela y allí me enteré: mi padre había muerto el día anterior. Me habían engañado, así me sentía, y no me dijeron nada antes del viaje por protegerme. Me eché a llorar, de rabia, con mucha rabia por haberme dejado concebir ilusiones de que aún lo iba a encontrar vivo, de que iba a poder darle un abrazo... Era rabia, no dolor. Lo bueno, lo malo, era el cansacio y aquel ataque de rabia pasó pronto. Apenas cinco minutos y dejé de llorar. Y empecé a pedir por favor que me llevaran con mi madre.

Estaba en la Residencia, que era donde habían ingresado de urgencias a mi padre, donde había muerto y en donde le estaban velando. No pude decir mucho a mi madre. No lloré. Le abracé y le di muchos besos. Papá estaba amortajado, en una camilla tras un cristal. No miré mucho, no podía mirar. No he podido mirar nunca a través de esos cristales. El de mi padre fue quizá el primer cádaver que vi así. A abuelo lo velamos en casa y recuerdo que le di un beso y noté consternada que no era un beso correspondido. Nunca volví a estar tan cerca de un cadáver, nunca he vuelto a tocar otro. A papá casi ni le miré, pero es que aquel ya no era papá. Y, decididamente, necesitaba estar con alguien vivo. Y, decididamente, la que estaba allí viva y podía responder a mis besos y abrazos era mi madre.

Debían de ser las dos de la madrugada cuando llegué allí. Sobre las tres apareció mi hermano, que había estado arreglando papeles con alguno de mis tíos y estuvimos charlando sobre tonterías. Tampoco lo recuerdo. Me costaba permanecer quieta; entraba, charlaba un rato con mi madre, intentaba sustraer su mirada de aquel escaparate impúdico en el que habían colocado a mi padre, al cuerpo de mi padre. Le contaba anécdotas de aquellos tres primeros meses en la universidad, tan lejos, lo raro que lo notaba todo, y conseguía atraer su atención durante algunos instantes. Luego volvía a cerrarse, y yo la dejaba. Entonces, salía y fuera, en el exterior del hospital, nos íbamos encontrando los fumadores; casi todos hombres, compañeros de mi padre en el trabajo, o los compañeros de la coral. Las mujeres pasaban adentro, en una extraña separación de duelos. Yo saludaba a todo el mundo, agradeciéndoles que nos estuvieran acompañando. Puede que el recuerdo esté distorsionado, pero casi agradecía estar allí como de anfitriona absurda. Dentro no estaba cómoda y sólo la necesidad de estar junto a mamá me hacía entrar de vez en cuando.

De uno de esos momentos, vino el recuerdo feliz de aquella noche, al ver aparecer a una amiga de mamá de las de toda la vida. Al acercarme y saludarle, me dijo que se había enterado en el hospital, que estaba allí porque su hija acababa de tener una niña. Cuánto me consoló aquella idea, la idea de que la vida se renueva y que el hueco que dejaba mi padre pasaba a ser ocupado por una niña que venía a ocupar su propio lugar en el mundo... Era algo que tenía sentido y que me recordaba que la vida era un río y que todo debía fluir.

Se hizo la hora de tomar un desayuno desganado (¿por qué sabe tan ortopédica la comida de las cantinas de hospital?) y me fui a casa de mi hermano con mi cuñada, para ducharme. Ella había perdido a su padre hacía algunos años. Me preguntó que cómo estaba. Le respondí que me notaba rara, porque no notaba nada, en realidad. Ella se rió. "Lo sé, no te darás cuenta de lo que ha pasado hasta dentro de unos meses, cuando empieces a echar de menos su opinión, cuando te des cuenta de que nunca más va a estar ahí... "

Cuando regresamos al hospital, después de saludar a mi madre, volví al papel estúpido de anfitriona. Es curioso, cuando digo estúpido no lo hago con ánimo peyorativo: es que me sentía extraña, como actuando en una obra de teatro o haciendo algo como un autómata... hacía lo que se suponía que tenía que hacer, sin saber qué sentía en realidad. Tal y como lo recuerdo ahora, supongo que me puse a interpretar un papel. No sé dónde lo aprendí o por qué creí que aquel era el papel bueno. Por los comentarios oídos creo que, al menos, lo interpreté bien.

El entierro iba a ser a las cinco de la tarde. Mamá decidió no ir al cementerio y me fui para allá con mi hermano en el coche de la funeraria. Seguía con la misma máscara, pero se desmoronó en cuanto abrieron el nicho y empezaron a meter el ataúd en él. Comencé a llorar como si quisiera inundar el mundo; lloré todas las lágrimas que se habían acumulado detrás de quince horas de saludos, de apretar manos, de oír condolencias y de responder con agradecimientos, a veces sentidos, a veces huecos... Lloré, lloré, lloré, lloré, lloré, lloré, lloré, lloré, lloré... hasta sentir que se me iban a salir los ojos, hasta extrañarme porque no sabía de dónde salían tantas lágrimas... Lloré porque necesitaba todo aquel torrente, ncesitaba librarme de todas aquellas lágrimas, necesitaba vaciar todo aquel agua de la que apenas fui consciente en las horas anteriores, pero que se había ido apozando, como formando un pantano que tenía que vaciar para no ahogarme dentro. Lloré porque me sentía sola en medio de toda aquella gente, porque iban a poner el cemento tapando el nicho y papá quedaría allí dentro, porque no estaba mamá y no sabía a quién coger de la mano. Lloré porque no sabía que me esperaba a partir de allí, porque era mi vida la que notaba quebrada y no sabía qué iba a ser de mí, qué iba a ser de mi madre y, sobre todo, no me sentía con fuerzas para hacerme mayor de repente...

Lloré todas mis lágrimas en apenas quince minutos, con pena y con furia. Diez días después cumplí dieciocho años.

martes, 19 de agosto de 2008

Slow Motion





Este vídeo tiene unos cinco meses. Ya lo había visto, pero hoy me lo he vuelto a encontrar, por casualidad, siguiendo algún enlace perdido. Y lo he visto con otros ojos (y, por eso, os pido que disculpéis el trocito de propaganda gratuita).

Porque al verlo he caído en lo diferente que es nuestra percepción del mundo dependiendo del ritmo que llevemos; cómo la velocidad hace cambiar lo que vemos (o cómo lo vemos, que lo mismo me da). Cómo frenar el ritmo nos lleva a ver y a sentir la magia que esconde la realidad, una magia que puede pasar inadvertida cuando vamos pasados de revoluciones, acelerados por el trabajo, por nervios, por emociones o por malos sueños... Hay que parar de vez en cuando, respirar y permitirnos el lujo de disfrutar de un momento de slow motion.

Lo que me lleva a dedicar la entrada, con todo el cariño, a una persona que va muy acelerada últimamente... :-)

domingo, 17 de agosto de 2008

Gracias por los besos


"Ayer recordé aquella época en que creía que moriría sin darte siquiera un beso; me parecía algo tan triste...

Pero más tarde caí en la cuenta de que podría haber ocurrido algo mucho más horrible y mucho más triste: podría haber muerto sin haber sentido nunca la necesidad de besarte."

sábado, 16 de agosto de 2008

I will derive




At first I was afraid, what could the answer be?
It said given this position find velocity.
So I tried to work it out, but I knew that I was wrong.
I struggled; I cried, "A problem shouldn't take this long!"
I tried to think, control my nerve.
It's evident that speed's tangential to that time-position curve.
This problem would be mine if I just knew that tangent line.
But what to do? Show me a sign!

So I thought back to Calculus.
Way back to Newton and to Leibniz,
And to problems just like this.
And just like that when I had given up all hope,
I said nope, there's just one way to find that slope.
And so now I, I will derive.
Find the derivative of x position with respect to time.
It's as easy as can be, just have to take dx/dt.
I will derive, I will derive. Hey, hey!


And then I went ahead to the second part.
But as I looked at it I wasn't sure quite how to start.
It was asking for the time at which velocity
Was at a maximum, and I was thinking "Woe is me."
But then I thought, this much I know.
I've gotta find acceleration, set it equal to zero.
Now if I only knew what the function was for a.
I guess I'm gonna have to solve for it someway.

So I thought back to Calculus.
Way back to Newton and to Leibniz
....



Me lo encontré en Coudal :-D

martes, 12 de agosto de 2008

Bailar


¿Quién dijo que el pianista no puede bailar?






"Take piano: keys begin, keys end. You know there are 88 of them. Nobody can tell you any different. They are not infinite. You're infinite... And on those keys, the music that you can make... is infinite. I like that. That I can live by...

Dicen que te estás muriendo






Pero no sé si creérmelo, porque sigo soñando con que un caballero en bicicleta vendrá a rescatarme. Y porque creo que apagar tu sonrisa es más difícil que apagar el Sol soplando. Y porque quiero aprender a saltar contigo...


Sundance Kid: I wanna fight 'em!
Butch Cassidy: They'll kill us!
Sundance Kid: Maybe.
Butch Cassidy: You wanna die?!
Sundance Kid: [waving his pistol at the river far below] Do you?!
Butch Cassidy: All right. I'll jump first.
Sundance Kid: Nope.
Butch Cassidy: Then you jump first.
Sundance Kid: No, I said!
Butch Cassidy: What's the matter with you?!
Sundance: I can't swim!
Butch Cassidy: [laughing] Why, you crazy - the fall'll probably kill ya!


Dicen que te estás muriendo, como si el cáncer pudiera matar la admiración que me inspiras. Por aquí dentro aún tengo una niña de ocho años que se enamoró de tu sonrisa, de tus ojos azules. Con el tiempo me enamoré de tu trabajo, de tu seriedad y de tu discreción. Descansa en paz si te vas y gracias por todas las películas, por tantos momentos felices, intensos, divertidos, tristes, emocionantes, vibrantes...

Gracias.

lunes, 11 de agosto de 2008

De pequeña tenía TOS...




Bueno, en realidad no era yo: el que tenía TOS era el primer ordenador que me compré. ¿Bonito, eh? :-)


Esta mañana en menéame, me encontré un artículo sobre 101 anuncios de ordenadores antiguos.



Al repasarlo, he echado de menos al que fue el primero de todos ellos, el Philips P2000, con su maravilloso cartucho del UCSD Pascal y su maravilloso laberinto de menús, y más menús, hasta conseguir llegar al editor... Seis unidades para más de cuatrocientos estudiantes de primero de Informática que, en su gran mayoría, no habían tocado un ordenador en su vida. De las seis unidades, solían estar operativas cuatro, además. Un lujo, vaya; y con ese nombrecito os podéis temer que el nombre popular era pedos mil.




El caso es que con cuatro sesiones prácticas de programación en todo el curso, una servidora no tuvo bastante, aunque sí lo suficiente para que me picara el gusanillo. En verano, en mi pueblo, me apunté en una academia para hacer un cursillo. De BASIC. Coñes, qué topicazo ¿no? Teníamos un ordenador por cada pareja de alumnos y yo, además, tenía una compañera con auténtico pavor a romperse una uña con el teclado, así que disponía del ordenador prácticamente para mí solita. Y este era, un Commodore VIC 20. Una monada. Podía recitar sus POKEs de memoria. Una vez me falté con un dependiente del Corte Inglés que me miraba raro porque miraba uno en el departamento de electrónica... en una de estas me harté, empecé a teclear, se mosqueó más y para cuando se acercó, ya me había ido y le había dejado un programa que iba sacando caracteres por pantalla... y se quedó rascándose la cabeza. En fin.

De trabajo de final de cursillo, me empeñé en hacer un programa para jugar al tute. No pretendía hacer gráficos ni nada por el estilo, sólo visualizar cartas con texto y jugar. Pero casi que con crear la baraja ya se le acababa la RAM al pobre y, entonces, los profes me dieron permiso para usar el Commodore 64 que tenían para ellos.



Lo hice. Me llegó a cantar 20 y todo... aunque nunca me cantó las 40, ahora que lo pienso. Pero jugamos mucho ese bicho y yo. Como me hice coleguita de los de la academia, aprovechaba en vacaciones para pasarme por allí a hacer deberes y a trastear un poco.

Hubo más, antes de comprarme el Atari. Cuando estaba en segundo salió a la venta en España el primer PC de IBM. Recuerdo con especial cariño el bicho que se compró Paco. Bueno, y el Inves de Toni, un clon que tuvo bastante éxito; el caso es que le debo más de una asignatura a ese ordenador, a su dueño... y a su familia que me adoptaba en épocas críticas ("Buenos días, señora Milagros, que vengo a trabajar en el ordenador de Toni, ¿cómo está usted?"). Otro aparatejo del que guardo buenos recuerdos, el Amstrad CPC 6128 de Julia, que se comió enterito el trabajo de Control de Procesos de tercero... y ya, mejorando nuestra calidad de vida, el PC 1512 de Lourdes... con la ventaja añadida de que en esta ocasión era el ordenador de una compañera de piso.

Y así, hasta que conseguí vender un riñón y me pude comprar mi Atari. Lo pienso y me resulta curioso, porque con la evolución que llevaba tendría que haber acabado siendo una amiguera. Seguramente lo hubiera sido si hubiera tardado unos seis meses más en comprar el ordenador. Pero fue un Atari 1040 ST, por la mala influencia del profesor de Arquitectura de Ordenadores. Y por la faena que se intuía en esos primeros tiempos, cuando comenzaba a trabajar en mi proyecto final de carrera y el posterior doctorado.

Qué tiempos aquellos. Y qué risa, hace unos días, con una frase de mi madre. Estábamos en el aeropuerto, esperando a que llegara la hora de embarcar en mi vuelo de vuelta. Yo iba con mi portatilillo al hombro, mi iBook de 12 pulgadas. Y en una de estas de madre exclamó toda convencida: "Pero si me acuerdo de cuando venías con el coche lleno de cajas para traer un ordenador y ahora te cabe todo eso, y más, en un bolsito de nada... ¡cómo avanza la tecnología!".

Y que lo digas, mamá... :-) Y que siga, que para eso estamos.

domingo, 10 de agosto de 2008

Y ya puestos...



"Y ya puestos, si hay que morir, pues no sé si elegir la forma o si elegir el modo. La forma puede ser más discreta, puede hasta ignorar el hecho de seguir vivo; se puede elegir la forma de un pobre diablo y dejarse el alma olvidado en un rincón oscuro de un armario. Se puede elegir la forma de una estrella y brillar lejos donde nadie pueda molestarte. Se puede elegir la forma de un gorrión y dejar pasar todo desde las ramas de un árbol, sin bajar por miedo a vivir. Se puede elegir la forma de un rayo y cegar a todos para conseguir que nadie te mire. O construir todo un universo paralelo y vivir rebozado en deslumbrantes y hermosas paranoias... El modo lleva implícita violencia, lo quieras o no. No deja de ser una auto agresión... aunque, bien pensado, ¿no lo es también cualquiera de las formas anteriores? Pero los modos físicos están mal vistos; molestan a los demás y por ello los tachan de indiscretos. Nadie desea encontrar un cadáver, nadie se alegrará si te encuentra tendida boca abajo en el agua, o en la calidez de un bañera tintada; nadie se alegrará por alegre que sea tu mueca tras el salto desde el balcón o tras beber un mal trago amargo. Y nadie le encontrará la gracia al balanceo de la cuerda, aunque recuerde a los columpios del parque, aquellos con los que te gustaba tanto volar en otro tiempo... Cuántas formas, cuántos modos de morir...

Y ya puestos, si hay que vivir, pues sólo hay una forma de vivir y de un único modo.

Y ya puestos, elijo."


jueves, 7 de agosto de 2008

Yo sí puedo hablar











oooOOooo


Actualización (08/08/08): Tampoco conviene perder de vista a la medalla de plata :-( (Viñeta de Vergara en Público)

Más: por si es de vuestro interés, hay convocada una cibermanifestación.

miércoles, 6 de agosto de 2008

Odios, fobias, miedo y amor


El lunes volví de Galicia; volví a subir en avión. Esta vez iba sola y en los dos vuelos (de Coruña a Madrid y de Madrid a Valencia) mi asiento estaba al final, en la cola. La primera etapa fue bien, hasta que llegamos a Madrid: al bajar me estaba recreando con una vista impresionante sobre el Retiro y el Paseo del Prado cuando el avión pegó un bote increíble. Creo que se me escapó un "¡Yepaaaaa!" como podría haberme pasado en una montaña rusa. Me hice al ánimo de que el resto del aterrizaje iba a ser movidito (lo fue) y pensé que, al fin y al cabo, sólo iban a ser cinco minutos.

Con lo que no contaba era con que las turbulencias nos iban a acompañar todo el vuelo de Madrid a Valencia. El despegue fue movido, muy movido... el avión tuvo que subir, y mucho, para lograr estabilizarse. Apenas un cuarto de hora de tranquilidad y volvieron a encenderse las luces para que nos pusiéramos otra vez los cinturones. Creo que era el embalse de Contreras lo que veía abajo... no lo sé bien: me iba agarrando a los brazos del asiento con toda mi alma, mientras mi compañero de fila maldecía en arameo. Tres chicas que iban en la fila de atrás habían dejado de hablar y, en general, se oían suspiritos y gritos por toda la cabina. Bueeeeno... ¿vértigo? ¿miedo? ¿yo? ¿la que pide ventanilla para consolarse pensando aquello de "¡... qué vista, qué espectáculo!... ya puedo morirme después de ver esto". Vamos, supongo que iba paliducha tirando a color ceniciento. Lo pasé mal, diantres... :-)

En esas, empecé a pensar en María y agradecí que no estuviera y que el viaje de ida hubiera sido tan tranquilo. Aunque luego me quedé pensando. Primero en lo que hubiera hecho y dicho mi chiqui. Y luego, en lo que hubiera hecho y dicho yo. No sé bien cómo explicarlo. Igual se entiende mejor si os hablo de avispas: de siempre, les he tenido pánico. Daba lo mismo que intentaran explicarme racionalmente que lo mejor es estar quieto y esperar a que se vayan sin molestarlas. Era sospechar la sombra de una volando cerca de mí y empezar a patalear, gritar, mover los brazos y salir corriendo (sí, un espectáculo en mí misma, qué cosas :-)). Pero nació María y no me daba la gana de que heredara mis fobias. Así que empecé a comportarme y dejé de montar el número de baile ante las avispas, abejas, abejorros y demás bichos volantes en general, para que ella no les temiera. No sé si he logrado convencerla, pero a mí me ha venido bien. Así que es muy posible que si hubiera estado conmigo en el avión, pensando en ella y en cómo lo estaría pasando, yo hubiera estado más comedida y más tranquila, por tranquilizarla a ella.

O, estoy pensando en el miedo que me daba la sola idea de parir... antes de quedarme embarazada. De repente, parir era la cosa más natural del mundo y algo que pasé a esperar con ilusión (aunque sigo diciendo que la Naturaleza es sabia y que llega un momento en que lo único que quieres es reventar de una vez y volver a verte los pies ;-)). Qué curioso, a cuántas fobias te puedes enfrentar, cuántos miedos puedes olvidar, cómo dejas de lado manías, odios y resquemores si piensas que con ello ayudas o beneficias a alguien a quien amas. Y qué raros somos ¿no? Hay miles de cosas que hacemos por amor a los demás y que nunca haríamos por nosotros mismos, como si nosotros no nos mereciéramos ese amor propio. Igual por eso todos los superhéroes tienen novia están enamorados y Don Quijote se inventó a Dulcinea...