domingo, 21 de diciembre de 2008

Vacaciones

Es posible que esté una temporada sin pasar por aquí. Pero volveré.






Gracias...


viernes, 19 de diciembre de 2008

44


Cuando era pequeña, la medida de lo lejos que veía la llegada del año 2000 era que, cuando llegara ese año, yo cumpliría 36. Ya ves, el año 2000 estaba casi tan lejos como Arturo... yo con 36 años, qué tontería... Pues he llegado a Arturo y vuelvo de regreso. O mejor, he pasado de largo y sigo hacia la estrella polar, ¿por qué habría de detenerme ahora?

Cuarenta y cuatro años. He buscado mi número de este año en la wikipedia y lo que más ilusión me ha hecho es que sea un número feliz. Os cuento: si eleváis al cuadrado sus dígitos y sumáis las cantidades obtenidas, 42+42=32, y ahora repetís el proceso con el resultado, 32+22=13, y seguís, 12+32=10, y otra vez, 12+02=1... ¡Ya está, podemos parar! hemos llegado al 1 y el 44 es un número feliz. Yo ya me conformaba con que tenga una bonita factorización en primos, que podemos maquillar y reescribir como 22+111... de eso me di cuenta anoche, mientras fregaba los platos de la cena.

Pero hay algo que me hace más ilusión que todo eso. María ha cumplido en octubre 11 años. Se lo hice notar,

-"El año que viene será muy chulo, porque tú tendrás 11 años y yo 44... "
-"¿Y qué?"
-"Pues que voy a ser tú 4 veces... voy a ser tu múltipla... "
-"¿Mi quéeee?"
-"Verás, mujer, si multiplicas 11 y 4 te da 44. Y, al revés, si divides 44 entre 11, da 4 y no sobra. El 11 es un divisor de 44, o el 44 es un múltiplo del 11... "

Puso cara de entenderme y me soltó:
-"¡Ah! Entonces ¿cuándo yo tenga 20 tú tendrás 80?"

Me eché a reír, le expliqué por qué me reía (y por qué quería hablar con su profe de matemáticas) y échamos cuentas de cuántas veces he sido o seré de nuevo su múltipla. Sólo lo había sido antes una vez, en el lapso de tiempo entre su cumpleaños y el mío: cuando cumplió 4, yo aún tenía 36 (sólo duró mes y medio). Y cuando cumpla 33, yo tendré 66. Y nunca más seré su múltipla.

De esto me acordé ayer, al volver a casa. Había un coche aparcado frente al portal con matrícula 2288, creo. Lo que no le he dicho aún a María -espero que lo descubra ella- es que nuestros onces siempre irán de la mano: sus 11 y mis 44, sus 22 y mis 55, sus 33 y mis 66, sus 44 y mis 77... No pude evitar pensar que si ella, o su padre, o yo misma... con que alguno de nosotros hubiera tenido algo más de puntería, estaría echando cuentas con potencias de 2: con el 32, con el 64, con el 128... vale, no me mires así; que soy informática, diantres...

Y gracias por lo que dijiste el otro día. Hacía tiempo que nadie me echaba un piropo tan bonito. Sí, supongo que amo los números. No puedo evitarlo. Sobre todo a los enteros y a PI...

Por cierto, la entrada es una excusa para recordar que es mi cumpleaños y poder agradecer de antemano las felicitaciones :)

Actualización: María me ha regalado un Wall-E y la peli de Wall-E :D ¡¡Yepaaaaaaaaaaaa!! XDDD
Actualización: y una amiga ha tenido este detalle ¡¡gracias!! :D
Actualización: Es que acabo de recordarlo :)

miércoles, 17 de diciembre de 2008

My Sharona

Dice mi calendario que le quedan... 33 días de presi.

Dicen los que le conocen que le gusta My Sharona.
Pues hoy he llegado cantándome encima My Sharona y me he encontrado esto, además. Será el destino...



El gif me lo encontré en Escolar y él se lo encontró en Boing, boing, donde hay más versiones del zapatazo.




lunes, 15 de diciembre de 2008

Las llaves del sótano


Pasaba del baño hacia la cocina, cuando me llamó desde la puerta de su cuarto. No recuerdo de qué quería hablarme. No le estaba haciendo mucho caso porque, nada más acomodarme en el marco de la puerta para hablar, me había perdido mirando a la maleta que estaba a medio hacer sobre su cama. Ya me había fijado, unos días antes, en que la maleta estaba en la esquina, junto a la ventana, en lugar de estar en su sitio habitual, el hueco libre bajo el armario. Intuía lo que significaba y por eso se me iban hacia ella los ojos, como queriendo encontrar signos que corroboraran lo que estaba pensando.

Aunque el gesto seguramente fue demasiado directo y poco disimulado, porque en cuanto se dió cuenta se calló, miró también hacia la maleta y dijo algo así como "... vaya, sí; de eso tenemos que hablar."

Lo esperaba; así que no dije nada, sólo le miré y asentí levemente con la cabeza.

-"Es posible que me vaya en unos días... "- me dijo sonriendo levemente, por cortesía.
-"Estará bien si eso es lo que necesitas, y estará mejor si tú estás mejor así... "- y me resultó extraño darme cuenta, pero lo estaba diciendo en serio. -"¿Será pronto, verdad?"
-"No lo sé"- también me resultó extraño darme cuenta de que respondía completamente en serio -"Puede ser muy rápido, y entonces no sé si me quedaré, o puede ser lento, y entonces no podré adelantarte lo que ocurrirá hasta que ocurra... "

Sabía de qué hablaba. No era la primera vez que le había visto hacer la maleta. Y deshacerla. El trato había sido que podría disponer del cuarto hasta que me hiciera falta a mí, o hasta que encontrara algo mejor, más estable.

Miré hacia el interior del cuarto. No era muy grande, pero era cómodo, o eso me parecía. Había pocos muebles, pero cómodos. La ventana dejaba pasar bastante luz. Y no era muy ruidoso, salvo a la hora de las comidas, en la que subía por el patio todo el ritual de comida recién hecha o elaborándose (huevos batiéndose en un plato, carne chirriando en una sartén, ollas a presión dejando escapar su silbido... ), de gritos llamando a la mesa o recordando que hay que lavarse las manos, distintas radios emitiendo distintos informativos, como compitiendo por mostrar todo el espectro del dial... pero a esa hora no solía haber nadie en casa. Y las cenas, curiosamente, eran mucho más silenciosas. El silencio de un bocadillo, quizá, o de la sopa de fideos de sobre.

Miré el interior del cuarto y lo imaginé vacío. O decorado de otra forma. ¿Ocupado por otra persona? ¿Y si lo dejo libre para poder montar bien mi taller de casas de muñecas?

¿Lo quería vacío? Volví a mirar. Posiblemente lo cerraría una temporada, por detener cierto comportamiento rutinario. Esperaría una temporada, antes de pensar si lo alquilaría a otra persona o si lo dejaría así para usarlo yo.

Realmente, no me hacía falta el dinero del alquiler. Tenía que pensar, sin embargo, si necesitaba no sentirme sola en aquella casa, si era de mi tamaño o si necesitaba compartir las paredes con alguien. Si necesitaba compartir las paredes con alguien, con alguien que sí quisiera tener las llaves del sótano y no necesitara sólo las del portal...

viernes, 12 de diciembre de 2008

¿Un qué... ?


Por la mañana, camino del cole, mientras descubres que se puede andar dormida... (o durmiendo, que es peor):

-"Mamá, hacemos el tren chu-chu, ¿vale?"
-"Hmmm... "
-"Yo me pongo delante, tú atrás, y vamos chu-chu... "
-"Hmmmmmm... "
-"... y yo tendría un tubo que me sale de la cabeza y... "
-"... entonces serías un snorkel... "
-"¿Un qué... ?"
-"Un snorkel... "






miércoles, 10 de diciembre de 2008

El día de autos de Efe Eme


La revista Efe Eme está de cumpleaños y regala discos para celebrarlo. El de mañana es de lujo, una grabación que recoge rarezas y versiones de Doctor Divago, diez canciones en total (y a mí, personalmente, la selección me encanta). Podéis leer el artículo que dedican al grupo y el comentario sobre el disco en

http://www.efeeme. com/revista/ revista_ficha. aspx?id=3115&ids=2

Y de parte de Manolo Bertrán, compositor, cantante y guitarra de Doctor Divago: "Por favor, descarguen y divulguen. Ustedes tienen una misión. Las gracias se las llevan puestas".




Intolerancia



No parece por consiguiente aceptable que los españoles lleven la intolerancia en "la masa de la sangre". Es una afirmación inexacta que retrotrae la cuestión a un supuesto previo y anterior. ¿Existe realmente esa intolerancia? Yo creo que sí, que existe, pero que es intolerancia de gente que, como hemos visto, no son de suyo intolerantes. En mi opinión, la intolerancia española procede del pesimismo moral de los españoles respecto de los españoles. Lo primero que se dice a una adolescente española cuando sale con amigos o compañeros es "tú no te fíes". Al muchacho que va a estudiar a la capital le aconsejan que "no se fíe de nadie" y en el lenguaje familiar se le dice a veces, a mi juicio con exageración, "tú no te fíes ni de tu padre".

La desconfianza moral es correlativa a una inseguridad casi absoluta. A veces el español se descuida y le quitan la novia, le birlan el empleo o coge una pulmonía, y se dice fue un descuido, que olvidó el sabio consejo de validez permanente de "tú no te fíes ni de tu padre". La fuerza de esta desconfianza moral lleva, inexorablemente, al dogmatismo intolerante. Poco a poco, gracias a esta peculiar educación sentimental, se desconfía de todo aquel que no pertenece a la capilla, que no está en el grupo cerradísimo de personas que por necesidad han de confiar los unos en los otros.


La intolerancia de los españoles, Enrique Tierno Galván.



Cuando ejercías ayer de Pepito Grillo, acabé pensando que buena parte de eso que me echas en cara podría ser debida a mi educación, al tantas veces repetido "¡Cómo puedo tener una hija lista tan tonta!" o al no menos convocado "Si es que se te comerán hasta el hígado de fácil que pones que se aprovechen de ti... ". Y pensé en este artículo de Tierno Galván que publicaron este fin de semana en El País. De él saqué el párrafo, porque puede que ese sea mi problema.

No estoy diciendo que tú seas una persona más confiada. Sólo que tu desconfianza tiene otra forma de manifestarse; posiblemente, una forma más inteligente, aguda y eficaz de manifestarse. Mi desconfianza se parece demasiado a la de una niña que teme que le quiten algo y no encuentra mejor forma de defenderlo que esconderlo en el bolsillo más secreto de su mochila y poner mala cara y gruñir a todo el que mira (y si se le ocurre tocarla, ni te cuento) hacia esa mochila, sepa o no sepa que guarda un secreto, esté o no interesado en quitarme ese algo... Tengo pocos recursos.

Pero es que no me hace falta que me lo digas. Ya lo sé. Y, de hecho, si soy yo la que me lo digo me acusas de autofustigarme. Te lo dije ayer: de nada me sirve el médico que me dice que tengo gripe (seguramente ya lo sabía, cuando fui a la consulta), si no me da un tratamiento eficaz y práctico para quitarme la gripe de encima.

Necesito eso. Una forma de vacunarme. Y, si fuera tarde para la vacuna, una forma de curarme. Algún tipo de pauta que me obligue a parar y pensar. Que no, que he dicho que me obligue. Tus recomendaciones y buenos deseos no me obligan a nada.

Los míos, menos aún, por lo que se ve...

martes, 9 de diciembre de 2008

Si alguna vez me siento derrotado, renuncio a ver el sol cada mañana...


No sé si es la navidad que no cesa o el solsticio de invierno derrocado o que ya se acerca mi cumpleaños, pero a una se le meten últimamente grumos de morriña por las mañanas, garganta abajo, mientras va camino del cole con miniyo.

Y no sé en qué iba perdida hoy, pero me sorprendí canturreando esta canción...





... que ya me vale. Pandilla de progres irredentos, caramba...

Y recordé la vez que más me entró, escarbando hondo acá en lo blando. Hace muchos años, aún existía Superette en Valencia. Y estaba yo escogiendo patatas de una montaña de bolsas de dos kilos... y me quedé parada y llorando porque empezó a sonar por el hilo musical. Claro que tenía 22 años, la cabeza llena de ideas, la mochila vacía de cosas y el estómago lleno de mariposas...

Hoy me he quedado pensando que igual hay más de una Yolanda alegrando este mundo por culpa de esta canción. Pandilla de progres irredentos... qué diantres, a mucha honra.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Feliz Navidad





Confío en que algún día comprenderemos y aprenderemos...

(Visto en menéame)


martes, 2 de diciembre de 2008

Para la hija de Fernando


Admiro a tu padre.

Le veo todo serio en las fotos. No se parece a Indiana Jones, ¿verdad? Ni falta que hace, cariño. Verás, los héroes de verdad, los que yo admiro, no salen en las pelis.

No provocan grandes explosiones, ni conducen como locos, ni se ligan a chicas explosivas, ni llevan látigos, ni disparan pistolas, ni tienen un guionista a mano que les escriba frases ocurrentes para dejar al malo con un palmo de narices...

Los héroes de verdad, madrugan, trabajan, arrugan la frente cuando llegan las facturas... dejan a sus hijos en el cole con la sensación agridulce de que pasan poco tiempo jugando con ellos, pero que qué harían si no estuviera el cole. Y, sobre todo, pelean por sus derechos, por sus ideas, para que no les impongan cosas que se han hecho mal "de siempre", pero "son la costumbre".

Los héroes de verdad, lloran. Sobre todo, cuando ven que utilizan a las personas que más quieren para hacerles daño, para intentar coaccionarles.

Y los héroes de verdad, no hacen ningún ruido, pero obtienen pequeños resultados, poco a poco. Tu padre no ha insultado a nadie. Ha tenido la paciencia de no insultar, de ejercer sus derechos en silencio pero de forma efectiva. El resultado es que tu padre, a mí y a otra gente que le admiramos, nos ha dado una gran alegría. Y el resultado triste es que la gente que supuestamente predica el amor al prójimo y el respeto entre personas, como sabe que no le asiste ni el derecho ni la razón, no han encontrado una salida más triste que insultarle a él y, lo que es peor, insultarte a ti.

Mi hija y yo queremos mandarte un beso muy grande por cada insulto que recibas en el cole. Y, si nos haces el favor, acuérdate de darle un beso grande a tu papá de nuestra parte, cada día, cuando vaya a buscarte al cole ¿lo harás?

Gracias.

Y ya para acabar. Hace tiempo leí esta frase: La verdadera libertad no consiste en poder decir lo que se piensa, sino en poder pensar lo que se dice. Es de Antonio Machado, un poeta que tuvo que irse de España por las cosas que pensaba. Dile a tu papá que cuando supe lo que había pasado, me acordé de esta frase... él piensa antes de decir. Los que os insultan, dicen sin pensar. Igual bastante desgracia tienen con eso y hay que compadecerlos.

El padre que logró la retirada de los crucifijos de las aulas en el colegio público Macías Picavea, de Valladolid,
denuncia que su hija está siendo víctima de acoso en el centro.

Solidaridad con Fernando Pastor (Por el laicismo en la escuela)


viernes, 28 de noviembre de 2008

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Amores perros (y 5)


Cachorros. Hoy he estado rodeada de cachorros; cachorros de muy distintos tamaños y de muy distintas edades. Los había de 14 meses, de 11 años, de 5 años, de 3 meses, de 14 años... Iban en cochecito, en silla o andando. Los había increíblemente pequeños, los había más altos que yo, los había que apenas sabían hacer otra cosa que lloriquear y los había que apenas sabían hacer otra cosa que sonreír de forma maravillosa. Los había habladores, los había callados, los había con gafitas y carita de pena, los había con ojazos increíbles... Mi propio cachorro estaba preciosa, pero con la voz engolada y algo de fiebre. La cola de la pediatra es un universo regalado, veinte minutos de espera, miradas, chistes, risas y charlas tontas. Una terapia para los malos rollos.

Cachorros. No hay nada tan mágico como un cachorro de hombre y un cachorro de perro jugando juntos. Ni hay nada que nos devuelva tanto a la magia de nuestra propia infancia como jugar con un cachorro. Si recuerdo con tanto cariño a Roni, supongo que fue por el ratito de cachorrez que compartimos juntas, jugando cada una a su propio juego, pero juntas, en el terrado de casa...

No pude jugar con Pepa cuando era cachorra.

Pepa llegó la tarde de un día de Navidad. Al verla pensé que era la perra más triste del mundo. Sus ojitos estaban llenos de miedo. Tenía ya diez meses y era la perra más triste que había visto nunca y la quise en cuanto la vi. Tan triste que no me podía creer que hubiera salido de la misma camada que Moncho... Moncho, ese sí fue mi cachorro, mi precioso cachorro juguetón. Mi precioso cachorro, atropellado por un coche que ni siquiera paró. Habíamos reservado coche cama en el tren para poder ir con el perro de vacaciones. Cuando subimos al expreso en Madrid empezamos a llorar. Cuando llegamos a Fene y nos dijeron que una hermana suya buscaba casa, ni lo pensé. Y así entró Pepa en mi vida en la tarde de un día de Navidad. Mi perra estaba triste, muy triste.

Tan triste, que en apenas cuatro días había perdido más de un kilo; y os estoy hablando de una perrita Yorkshire terrier de 3 kilos y medio. Creí que se moría, creí que me moría con ella. Nunca he paseado tanto como aquellas navidades; pero es que sólo la veía contenta cuando agarraba la traílla para bajar a la calle. Entonces sí parecía una perra feliz, girando y girando sobre sí misma y mirando feliz a la correa, moviendo el rabo. Y no podíamos parar: si se me ocurría parar a descansar o a charlar con alguien, lloraba. Había que andar, andar, andar...

Estoy segura de que si no murió fue por mi madre y la santa paciencia de mi madre. Cuando todos desesperábamos de darle de comer, acudió ella. Esperaba a que todos nos hubiéramos ido a la cama y entonces empezaba pacientemente la faena de intentar alimentarle. El pienso que le habíamos comprado tenía forma de anillitos; cuando le metíamos una rosquillita de esas en la boca, la escupía. Fue mi madre quien tuvo la idea de meter un trocito de jamón en el hueco y consiguió engañarla y que comenzara a comer algo.

Creo que fue allá por febrero cuando definitivamente nos aceptó. Perdió la tristeza de la mirada (o dejó de ser lo más llamativo, o empezaron a brillarle los ojos... pero algo cambió para mejor, para dejarnos ver que nos quería) y comenzó a jugar. Nunca perdió su manía por salir a la calle con correa (si no, no le gustaba) y de andar, andar, andar sin parar y desesperándose cada vez que yo interrumpía el paseo. Odiaba andar por la hierba, era como si le quemara los pies, pero adoraba correr por la arena de la playa. Y nadar en el mar.

Cuando crió y nos quedamos con un cachorro, Moncho -de nuevo, intentando recordar al anterior- me topé con una señora muy seria que me miraba con una cara más seria aún por obligarle a convivir con aquel cachorro que nunca dejó de ser un cachorro. Una señora que cuidaba la casa, ladrando con toda su alma a cualquiera que osara asomarse a la puerta, aunque luego el mayor peligro solía ser que se le meara en el pie en cuanto se agachaban a acariciarla (y de la misma alegría se orinaba encima.) En mi casa siempre había una fregona y un cubo preparados.

Moncho murió en circunstacias parecidas a las de su tío, el Moncho original. Creíamos que Pepa se pondría muy triste pero fue como una liberación para ella. A veces he pensado que le amargué la vida obligándole a convivir con su cachorro toda la vida... igual esas miradas que me echaba venían a decir "Pero este... ¿no tendría que haber salido del nido ya?". Empezó a jugar con María (nunca antes le había hecho caso), volvió a jugar con la pelota, volvió a hacer monerías...

Pero ya era vieja. Tenía trece años. Al año o así, empezó a desorientarse mucho. Y apenas podía retener ni las heces ni la orina. De noche, se despertaba e intentaba ir hacia la puerta de la calle, pero la pobre acababa en cualquier otro rincón de la casa y allí la encontrábamos, por la mañana, con cara de pena que se transformaba en sorpresa cuando no le échabamos la reprimenda que esperaba por haber hecho sus cosas en medio de mi habitación o de la sala (dependiendo de en qué esquina del pasillo había perdido el rumbo).

Se puso cada vez peor. Y parece que peor y peor, en cuanto comenzaron las visitas al veterinario. Le encontró no sé qué en el riñón y la medicó... y eso le afectó al hígado. Su última semana fue espantosa. No comía ni bebía; estaba en su camita, mirando sin ver, con la lengua de fuera, muy hinchada. Le acercaba agua, le acercaba comida y ni la miraba. Un día, a la desesperada, le empecé a dar leche con una jeringuilla, intentando que no se deshidratara, que recibiera algo de alimento... la pobre acabó orinándose encima, perdiendo mucho más líquido del que pude intentar darle. Al día siguiente fue al veterinario y le inyectó suero. Volvió a pasar lo mismo.

Cada día la miraba antes de salir de casa por la mañana. Y miraba a mi marido, a ver si caía en la cuenta. Sabía qué teníamos que hacer, pero yo no me atrevía. Era una pequeña cobardica que esperaba llegar un día a casa y ver la cesta vacía y no tener que preguntar nada. Él parecía no caer en la cuenta... hasta que un día, de repente, a mitad de la tarde me dijo "Dale un beso a Pepa, me la llevo al veterinario..."

Y así nos despedimos mi Pepa y yo. La perra más triste del mundo, la perra más tranquila del mundo, la perra más cariñosa del mundo...

domingo, 23 de noviembre de 2008

Cosas para las que nadie te ha preparado


Deprisa, deprisa... había que cruzar todo Castellón, que María tenía un partido de balonmano y había que estar a las doce menos cuarto en la otra punta de la ciudad... Íbamos ya por la calle Herrero con la lengua de fuera y hubo que pararse en un semáforo...


- Mamá, en el cole estuvimos escuchando la quinta sinfonía de Beethoven...
- La la la fa...
- ¡Esa! Y fue muy raro porque nos esperábamos música tranquila, pero era todo el rato de estar saltando en la silla y como dando muchos golpes al piano...
- María, que Beethoven será cualquier cosa menos tranquilo, hija... pues no mete caña ni nah (¡tiembla Toni Iommi... !)
- Pues sí, eso nos dijo la profe, que era como los rockeros de ahora (será como los de antes, pensé yo ahí)... y además nos pusieron la que tengo que tocar a veces en la flauta...
- ¿La novena?
- Sí, y era muy chula...
- Pues imagina, estaba todo sordo el pobre, cuando la compuso...
- Ya lo sé, que nos pusieron un trocito de "Copying Beethoven" y salía la chica que le ayudaba...
- ¿Síiiii?
- Sí, salía metida en un agujero entre él y la orquesta, y le iba diciendo cómo iba... Y ¿sabes? en aquella época la gente iba con tomates y botellas y cosas para tirarle al músico si no les gustaba lo que había compuesto...
- ¿Yyyyyyy?
- Pues que como no oía, al acabar notaba como un ruido raro y se pensaba que le iban a tirar cosas y se puso triste, pero la chica le dijo "¡Date la vuelta! ¡¡qué les ha gustado mucho!!" y se dio la vuelta y todo el mundo aplaudía mucho... dice la profe que esa sinfonía fue la caña en su época... ¡Jo, qué gente! ¿no? El pobre va a tocarles lo último que ha compuesto y aquellos dispuestos a tirarle de todo, qué brutos...



Y aquí la conversación empezó a decaer, porque una servidora empezó a hacer comparaciones odiosas con triunfitos y otras huestes diabólicas. Y, además, estábamos ya en la calle de conservatorio, eran las once y media y nos podíamos permitir empezar a andar algo más despacio, llegábamos de sobra al partido...





viernes, 21 de noviembre de 2008

"Es para los niños..."


No es que me haya dado por emular a mi tocaya, la poetisa, no.

Veréis: íbamos hacia el cole María y una servidora y va mi nimiyo y me farfulla no_sé_qué de Gor*ti (luego descifré que era Gormiti) y se me queda la neurona medio inquieta y le pido que me repita... "Que llevo un gormiti para Alex el hermano de Paula, que me lo encontré ayer y se lo voy a regalar..."

Yo seguía inquieta ante la posibilidad de haberme vuelto sorda o medio lela, porque no acababa de pillar ni lo del gor*i*i ni entendía nada, así que volví a pedir explicaciones. Y fue en estas cuando me enteré de que "Los gormiti es que son unos muñecos para niños y por eso se lo doy a Alex..." Cera en los oídos, tengo cera en los oídos y por eso no oigo bien ¿¿Para los niños?? "Sí, es que no son para las niñas... sólo son para los niños... o, al menos, yo no se lo he visto a ninguna niña... bueno, yo tengo uno pero porque me lo encontré..."

Ejem. Bueno, a esas alturas la curiosidad era más fuerte que yo y pedí ver al bicho. Y tras una paciente búsqueda en las profundidades de la mochila del cole, apareció:



Me enamoré de él. No sé si se aprecia en la foto, pero es un cruce casi perfecto entre el Dr. Octopus y La Cosa, tiene unos toques de Alien en la espina dorsal y en los morros, que me llegan al alma. Y es amarillo y gris, como Bumblebee...

Para los niños. Sólo para los niños. Pues lo siento, Alex. Te lo he robado :D

jueves, 20 de noviembre de 2008

Nothing but a fool's game






Sonó un trocito en la radio mientras volvíamos de la piscina, antes de comer... Era parte de un anuncio, Las canciones de nuestra vida o algo así.

Y me puse a pensar en la primera vez que la oí, ¿tenía doce, trece, catorce años? No lo recuerdo. Recuerdo lo mucho que me llamó la atención la voz de Bonnie Tyler. Nunca había oído a una mujer con la voz tan grave, tan ronca... tan rota que me hizo sentir pena, que hizo que me cayera simpática. Una voz para el desamor, triste, arrastrada, pero dulce... Dulce fue el adjetivo que asocié instintivamente a la canción y a la cantante, pero ¿cómo podía una voz así hacerme sentir que quien cantaba era, por fuerza, una mujer dulce que, además, pedía ayuda?

It's a heartache, nothing but a heartache
Hits you when it's too late, hits you when you're down.
It's a fool's game, nothing but a fool's game
Standing in the cold rain, feeling like a clown.


Puede que la letra sea algo tonta. O puede que sea yo la que anda algo tonta... quién sabe...

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Oye, Luen, que cuando...



Cuando vi por primera vez Fame, por supuesto que disfruté de los bailecitos de Leroy, de los sintonizadores de Martelli y de los chorretes de glamour que Coco soñaba con derramar al mundo entero; me pareció muy tierna la historia de Doris y rabié con la niña pija rubia que quería ser una estrella del ballet... pero lo que me dejó KO fue una escena en la que Doris y Ralph se van a un cine a ver una película un tanto especial; había "protocolo", era preciso llevar atrezzo y saber qué hacer con él y en qué momento. Bueno, Doris no sabía de qué iba, pero -canuto mediante- en un momento dado -este-





salió corriendo al escenario del cine con veinte personas más a bailar el "Time Warp!". Me dije: "¡¡Mola!! Yo quiero... incluso sin canuto..."

Vamos, que la primera vez que vi Fama, me enamoré de otra película, porque así conocí RHPS.

The Rocky Horror Picture Show: no sé cuántas veces la he visto, y aún no he conseguido montar un pase con coreografía y atrezzo, pero lo conseguiré...



Oye, Luen, que cuándo montamos un pase de RHPS como mandan los cánones. Que ya se ha pasado dos veces en la universidad y aún no hemos conseguido mover a la peña. Que ya toca ¿no? :-D

domingo, 16 de noviembre de 2008

Mi marciano favorito

Jopé, cómo está internet: ni un vídeo friki de Star Wars, ni un solo vídeo de Jenna Jameson... Te vas a tener que conformar con esto como regalo de cumpleaños,





Y, ánimo, que dentro de nada ya podrás volver a contarlos en hexadecimal, como una servidora ;-)


miércoles, 12 de noviembre de 2008

Yo no estudio para saber más, sino para ignorar menos



Desde que tengo uso de razón, mi afición por el aprendizaje ha sido tan fuerte y violenta que ni siquiera las recriminaciones de otras personas… ni mis propios reproches… me impidieron que siguiera esta inclinación natural que Dios me dio. Sólo Él cono­ce el porqué, y también sabe que le he implorado que me quite la luz del discernimiento, que me deje únicamente la necesaria como para cumplir con su mandato ya que, según algunos, todo lo demás es excesivo para una mujer. Otros afirman que hasta es pernicioso.


Juana Inés de la Cruz. Réplica al Obispo de Puebla (1691), que había criticado su trabajo erudito por ser inapropiado para su sexo.



A la hora de comer, me encontré con esta noticia en el periódico:

"Atacan con ácido a quince niñas en Kandahar por ir al instituto".


Me desanimé... ¿cuántos años nos va a tocar seguir peleando? Recordé una anécdota que he procurado tomarme a risa durante muchos años, pero que no puedo sacar de mi cabeza. Debía de tener yo unos treinta años, creo; el caso es que ya llevaba como cuatro dando clases en la universidad, cuando mi madre me contó una discusión que acababa de tener con el vecino del tercero. En pocas palabras, el hombre vino a decirle: "Señora, su hija le ha estado engañando todos estos años. No es posible que sea profesora de informática en la universidad, ni que haya estudiado esa carrera, que la estudia mi nieto y ¡es demasiado difícil para que la estudie una mujer!"

Algún día, Juana. Algún día, Shamisa. Algún día, Atefa. Algún día, María. Algún día, Gloria. Algún día...


Era una muchacha bonita, de pelo oscuro y estatura mediana. Llegó a su período de orientación con una gran avidez por aprender de todo. Se propuso ampliar su educación e inscribirse en todos los cursos posibles aparte de los que constituían su interés central: matemáticas, física e ingeniería. Sin embargo, se le planteó el problema de lo difícil que resultaba hablar de física -y, mucho menos, discutir del tema- con sus compañeros de clase, en su mayoría varones. Al principio reaccionaban ante sus comentarios con una suerte de desatención selectiva. Se producía una mínima pausa, tras lo cual proseguían hablando como si ella no hubiese abierto la boca. Ocasionalmente se daban por enterados de algún comentario suyo, o incluso lo elogiaban, para luego proseguir como si nada hubiera pasado. Ellie estaba segura de que sus opiniones no eran del todo tontas y no quería que le hicieran desaires o la trataran con aire de superioridad.


Carl Sagan, Contact.




lunes, 10 de noviembre de 2008

¿Lunática?


Hoy la Luna ha salido temprano. A eso de las cinco y media iba cruzando el ágora, hacia el Rectorado y ya estaba allí. Aún no está llena, pero ¡cómo brilla la condenada!. Además, estaba rodeada de nubes de atardecer, de nubes pintadas entre ese naranja y ese rosa que quisieras ser capaz de reproducir con palabras, cuando sabes que apenas sí podrías ser capaz de reproducirlo con colores... una Luna preciosa, brillante, casi llena, a punto de ser engullida en un océano de nubes de color de despedida del Sol... me quedé mirando, mucho rato... mucho, mucho...

María dice que estoy embobada con la Luna, que soy una lunática.

Y, al volver a casa, ya oscuro y con la Luna brillando mucho más, pensé en lo que me dice María, y me eché a reír... No, María, no... no soy lunática. Soy tan tremendamente terrícola que me sorprende que no esté sacando la cabeza por la ventana, aullando a esa Luna. Soy tan tremendamente terrícola que, a veces, hasta sueño que me atrevo a hacerlo y que la Luna me responde...

Soy tan tremendamente terrícola que puedo disfrutar sin tapujos de la Luna.

De esa enorme bola de luz robada que acompaña a mi hermosa roca azul... a mi hermoso y grande pequeño punto azul pálido...