Me rondan ideas sobre la muerte por la cabeza desde hace algún tiempo. Pongamos que desde que vi el vídeo del profesor Andy Pausch (... por no remontarme más atrás en el tiempo). Y, una de estas mañanas, al pasar el autobús frente al tanatorio, pensé en mi madre pagando a "El Ocaso", casi desde el día que nací, para asegurarme un buen entierro (es curioso, a mí ni se me ha pasado por la cabeza hacer eso con mi hija...). Y pensé que sería un gasto inútil si quiero que me incineren. Y pensé que esperaba que a María le devolvieran el dinero si llegaba el caso (a una amiga le pasó cuando murió su padre). Y pensé en qué diantres me gustaría que hicieran con mis cenizas. Lo del mar es muy típico, pero el pobre Mediterráneo está ya el pobre como para que le caigan más cosas encima. Y mi mar, mi Atlántico, pilla algo lejos desde aquí. Claro que tampoco sé dónde me voy a morir. Y tampoco sé si quiero que hagan algo con mis cenizas.
También me acordé de cuando fuimos a esparcir las cenizas de Pedro. Me costó vencer una cierta aprensión inicial y meter la mano en la urna. Era una sensación rara, había ceniza pero también arenilla (¿los huesos?). Sé que metí la mano, tiré cenizas y me quedó ceniza pegada a la piel y metida entre las uñas. Y parte de esa ceniza la respiré (hacía viento) y me cayó en los ojos, además de notarla en mis manos. Y me dio una sensación rara, mezcla de escalofríos, pero también una sensación plácida, por llevarle pegado y, de alguna manera, "llevármelo puesto", llevarlo conmigo.
Al margen de estas ideas de sueño mañanero y matutino en el autobús, está la sensación... no, la certeza, de lo mal que afrontamos lo más natural y lo más conocido de nuestra vida: que igual que empezó, acaba. Pero mientras nadie suele preocuparse por lo que pasaba antes, sí solemos hacerlo por lo que pasará después. Claro, somos taaan importantes. No puedo concebir la vida después de mi muerte, al mundo le faltará algo... mejor pensar que soy perdurable ¿no?
A mi pequeño ego le puede venir bien engañarse. Pero, seguramente, lo que pasará después es lo mismo que pasó antes: nada. El mundo funcionaba sin mí, y seguirá funcionando sin mí. Seré yo la que no funcione, no confundamos términos.
Cada cual es libre de consolarse como quiera (si es que lo necesita y cuando lo necesite), con religión, esoterismo, o lo que mejor le venga. Yo estoy convencida de que no vendrá nada. Antes me daba algo de vértigo, pero ya no. Pensaba en ello por culpa de una amigo. Ya me dirán ustedes que tiene de trascendente la película de "Speed Racer", más allá de mis recuerdos de infancia del bueno de Meteoro. Pues un poquito antes de empezar va este y me pregunta: "Si dentro de tres días un meteorito fuera a arrasar el planeta Tierra completamente, ¿qué harías?". Me quedé pensando y pregunté a mi vez: "¿Se supone que Bruce Willis no está disponible, verdad?". "No, está apagando incendios en el Sol..". Honradamente, en ese momento no le di muchas vueltas, que empezó la película y los títulos de créditos eran lo bastante psicodélicos como para marearme por sí solos.
Pero el tema quedó en mi cabeza, procesándose en background. Y, después de considerar muchas posibilidades más o menos noveleras, sólo quedó una cosa clara en mi cabeza: la diferencia entre que me quedaran tres días o tres veces tres mil... ahora mismo tampoco lo sé. Aclarado eso y dejando de lado en la influencia que podría tener en mi comportamiento el del resto de la población en una situación de pánico... y sabiendo que ni siquiera tendría que preocuparme por asegurar la situación de mi hija una vez yo hubiera desaparecido (porque ella vive en el mismo planeta que yo)... sentí una infinita paz, la inmensidad por delante, como el increíble hombre menguante en la escena final.... Vaya, esto no es mío, lo he cogido prestado de alguna canción. Pero es verídico: puede que últimamente vaya muy pillada de tiempo, pero en lo primero que pensé fue en tiempo libre para hablar con mis amigos, para leer, para estar en la playa mirando el mar sin sentimiento de culpa, sin estar postergando nada, porque no habría nada que hacer... salvo vivir esos tres días.
El caso es que la pregunta también me hizo recordar el día que María me dijo que le daba miedo la muerte. No sé si salió de su cabeza o es que ha prestado oídos a quien no debía. El caso es que me quedé mirando para ella y le dije "No tengas miedo a la muerte, que ahí ya no te puede pasar nada. Ten miedo a fastidiarla en la vida, que es dónde tú decides y dónde puedes desperdiciar tus oportunidades y perder la oportunidad de vivirla bien...". No sé si me entendió; tampoco sé si se lo dije a ella o me lo estaba diciendo a mí, porque eso fue poco después de irme de casa.
Sí, miedo a fastidiarla en vida... bueno, y miedo al dolor, eso sí tengo que reconocerlo. Espero que el meteorito ese tenga garantía de rapidez y eficacia. Es curioso, el pasado viernes asistí a una conferencia y, casi al final, el conferenciante comentaba el caso de uno de sus tíos, que era sacerdote y que, cuando tenía ochenta años, le había confesado que era ateo. Cuando este le preguntó escandalizado que cómo podía ser eso y cómo se entendía (teniendo en cuenta su condición de sacerdote) su tío le dijo "He pasado toda mi vida ayudando a la gente a consolarse y lo he hecho bien, estoy feliz. Sólo hay algo que me preocupa, que es el dolor ¿tú no dejarás que sufra, verdad?". Al margen de las reflexiones sobre noticias sociales que me puedan venir a la cabeza, me alegra saber que el buen hombre murió a los 82 años de un infarto y sin enterarse. Descanse en paz. Como algún día espero descansar yo.
No sé muy bien cómo acabar esta entrada; será porque tengo la sensación de que os he ido soltando ideas que me han ido asaltando estos últimos tiempos, sin hilvanarlas ni darle forma. Disculpad por la impudicia, más cuando es completamente gratuita. Y aceptad con las disculpas este vídeo que me pasó un amigo:
Echadle un ojo a la letra. Igual os ayuda, como a mí, a reír... pensando en que no es tan terrible, no soy tan importante, no soy imprescindible. Sólo hay que vivir y vivir plenamente. Y luego, descansar. Vaya, qué dos cosas... vivir bien, descansar mejor :-)



