domingo, 28 de enero de 2007

Sueños que son pesadillas


Se sacudió un par de migas que habían quedado perdidas entre la lana de la chaqueta. Cogió la manzana y empezó a masticarla, despacio pero con unos mordiscos golosos... notaba el zumillo entre los dientes y tuvo que contenerse un poco para evitar babarse. Estaba rica, pero tampoco era cuestión de montar un espectáculo en la vía pública.

Quizás por eso no notó que se acercaba y no lo vio hasta que estuvo a su lado. Era un anciano... ¿cuál sería el adjetivo? le vino a la cabeza una conversación con una compañera de piso, cuando estudiaba, en la que aquella utilizó el calificativo exportable: vamos que era atractivo, con un aire distinguido y, además, se mantenía bien. El tipo de señor al que no le gustaría ofrecer como primera imagen el de una pobre desgraciada con un hilillo de agüilla de la manzana saliendo por la comisura de la boca. Así que intentó recomponer la pobre imagen que debía estar dando y ofrecer su perfil más... ¿exportable? ¡Dios, ya estaba bien, dichoso calificativo!

No pudo evitar sonreir al notar que estaba haciendo el paripé mientras agradecía profundamente que los pensamientos fueran esas cosas que los demás no oyen mientras tú dices, "No, nada, estaba pensando en... nada, una tontería...". El caso es que el buen hombre tomó su sonrisa como un saludo al que respondió con otra sonrisa y un "Buenas tardes. Me pregunto si le importaría que le importunase un momento..."

-"¡Oh! Disculpe, me ha pillado mordiendo la manzana y me temo..."
-"No, no se disculpe usted... De hecho, me sabe mal molestarla mientras come; pero la veo en este mismo banquillo todos los días a esta hora, y... bueno, me resulta algo violento confesarlo, pero a menudo me quedo observándola. Espero que sepa disculparme. Al fin y al cabo, a mi edad, ya no tiene usted mucho que temer de este anciano."

Dudó un momento. No sabía si el abuelo le estaba echando los tejos o si... bueno, ¿qué más daría?. Tenía razón, si detrás de esa facha tan interesante se escondía un viejo verde, malo sería que no pudiera defenderse. O correr más rápido que él, en última instancia.

-"¡Vaya!." - sonrió - "Pues me temo que verme comer puede ser poco divertido. Mis modales delante de la comida son algo detestables. Más que comer, engullo..."
-"Bueno, no crea, es usted una persona muy discreta en sus hábitos alimentarios. No, verá, me fijé en usted por lo mucho que me recuerda a mi nieta; a mi nieta la mayor. Vive en Estados Unidos... y entre ella y su hermano están consiguiendo que me aficione al ordenador. Ya sabe, el correo electrónico y eso. Así me parece que la tengo más cerca."

Ella sonrió de nuevo, más abiertamente. La verdad es que siempre le había gustado que la gente mayor le contara sus historias, así que estaba empezando a caerle bien el abuelo este. Mira tú por donde estaba hecho todo un friki para poder mantenerse en contacto con su nieta... ¡ya podría aprender alguno!

-"¿Sonríe ante la idea de verme delante de un ordenador?" - como quiera que negó con la cabeza, el también sonrió y prosiguió - "No, no me importa, sé que resulta chocante pero, en fin, tampoco es eso lo que quería contarle. Verá, lo que vengo observando y me preocupa... Me preocupa usted."

Esperaba cualquier cosa de aquel anciano, menos eso. ¿Qué diablos...?

-"Es posible que se esté preguntando usted qué clase de metomentodo soy" - empezó a mirarla de una forma muy dulce - "pero no olvide que los ancianos apenas podemos hacer algo más que observar y, sobre todo, recordar. La miraba a usted porque me recordaba a mi nieta. Llegaba al parque y la veía ahí sentada, con su almuerzo. Al principio, comía usted con apetito, tenía los ojos brillantes y siempre estaba sonriendo. Pero de unos meses para aquí, lo hace todo con un aire rutinario... y su sonrisa se despista cada vez más a menudo y sus ojos se pierden detrás de las hojas..."

¡Maldita sea! ¿... qué pasaba? ¿era la mujer transparente y aquel hombre veía a través de ella o qué?

-"Discúlpeme si le estoy hablando muy directamente. Pero tuve suficiente con una vez... hace años, alguien a quien quería mucho pasó por lo mismo que usted está pasando, pero no pude, no supe o no quise darme cuenta. Cuando por fin lo hice fue demasiado tarde. Temo que la historia se repita."

Era de locos. Ese hombre no sabía de qué hablaba, no sabía nada de su vida, no sabía nada de su... y ella estaba allí escuchándole como si fuera su gurú espiritual porque... ¡maldición! porque tenía razón, pero ¿cómo...?

-"No se preocupe por cómo, ni tampoco por quién soy, pero conteste a esto: ¿sabe qué momento exactamente cambiaría? ¿quiere hacerlo? Yo puedo ayudarle a conseguirlo."

¿Qué momento cambiaría? ¡Dios! ¿Era un examen, un concurso? ¿Había premio? Aquel anciano se quedaba con ella, no sabía nada, no podía cambiar nada. Y ella allí, como una imbécil, atendiendo a sus palabras como si fueran a hacerse realidad. Como si todo pudiera depender de un momento concreto o como si una frase o una palabra o una mirada pudieran marcar el desarrollo de toda una relación, de toda una vida... Un único momento, le preguntaba qué momento cambiaría de su vida y ella le estaba haciendo caso, como si estuvieran hablando de uno de esos relatos de ciencia ficción sobre universos paralelos... ¿Había habido un único momento que hubiera provocado todo aquello...?

Ya no le parecía un anciano amable. Pero al mirarle no pudo evitar ceder y comenzó a evocar tantas cosas, tantos momentos, tantas conexiones entre dos hechos supuestamente aislados. Todo se desplegó muy rápido en su cabeza y un pensamiento arrolló a los otros. Lo que quedaba de la manzana cayó de su mano y rodó por debajo del banquillo, mientras un escalofrío le recorría la espalda. De verdad que esperaba que los pensamientos fueran esas cosas que los demás no pueden sino intuir, porque aquel le había sacudido.

Sí, no tenía que haber cogido aquel autobús. Pero no quería reconocerlo y menos así, allí y de aquella forma.

Por eso, despertó. Tenía miedo de que el viejo pudiera cumplir su promesa. Y aún no sabía si eso transformaría el sueño en una pesadilla. O la pesadilla en un sueño.

4 comentarios:

Mars Attacks dijo...

Que toda la vida es sueño, y los sueños...

El otro día soñaron con que yo hacía galletas. O tenía algo que ver con galletas. Yo he soñado con mi sobrinito, acostado a mi lado, a punto de tocar nuestras narices; él tan despierto y vivo, y yo un poco más vivo gracias a él. Supongo que es lo que se debe de sentir al tener un hijo. Era muy agradable.

Me ha gustado el relato, aunque lo de que sea un sueño está bastante trillado y es uno de los "desenlaces" a evitar ;) Pero bueno, como ya avisa el título...

javi dijo...

¿Pero la manzana no era Fuji?

Laura dijo...

O era golden? o era la de la bruja de blancanieves jeje :P

servidora dijo...

Starking. Lo que aún no sé es cómo diantres ha acabado de avatar en este blog...